VII ENCUENTRO DE REDES CRISTIANAS
23 y 24 de octubre de 2021

 

images3El sistema socio-económico dominante se distingue especialmente por su dinamismo. Ya no se le suele llamar “Occidental” pues ha devenido universal. Al proceso de esa transformación se le denominó “mundialización” y “globalización”. El hecho mismo de que se produjese esa evolución es una muestra del dinamismo que caracteriza a ese sistema. Pero la evolución del mismo, aparte de su expansión, tiene otras facetas que vamos a examinar. Se trata de la variación de sus formas. En este sentido, el sistema dominante se distingue radicalmente de las sociedades de castas.

Las sociedades de castas son estáticas por su propia naturaleza. En una sociedad de castas la situación de las personas es inamovible; una persona no puede pasar de una casta a otra. Y además el rol o función de cada casta en la sociedad está fijado con carácter definitivo.

Pues bien, el actual sistema dominante a escala mundial no es de castas sino de clases, en él las personas pueden pasar de una clase a otra, de forma legal o ilegal, honesta o deshonesta, pacífica o violenta… todo depende del dinero que consigan poseer y lo que decidan y puedan hacer con él para aumentarlo. La naturaleza de cada clase depende de la manera en la que interviene en el proceso productivo. Los procesos productivos cambian, evolucionan, a veces por influencia de las clases que los gestionan, y a su vez ellos influyen cambios en las propias clases. Y están, por último, los cambios o evolución que puede experimentar el sistema en su conjunto. En este sentido se distinguen etapas diferenciadas que constituyen la historia de la sociedad. Así, a grandes rasgos, se pasó de la sociedad esclavista a la feudal, después vino la sociedad burguesa capitalista cuya evolución no ha cesado durante los últimos siglos.

Precisamente del rumbo que está tomando la evolución de esta sociedad es a lo que queremos prestar atención ahora. Se dice que estamos caminando hacia un nuevo feudalismo. ¿Qué quiere decir esto? Para comprenderlo vamos a ver algunas características del sistema feudal histórico, el que existió de manera dominante en Europa, aproximadamente desde el siglo V al XVIII. La base del dominio de clase en esa sociedad feudal era la posesión de la tierra. El rango y el poder de los dominadores del sistema se medía por la cantidad de terreno que poseían, y la cantidad de siervos para cultivarla. Pero para comprender lo que tratamos de explicar es necesario distinguir dos etapas muy diferenciadas del período feudal: una primera etapa en la que los señores feudales tenían poder político y militar: participaban en la elección de los monarcas, a quienes podían decidir apoyar o no en las guerras que éstos hacían, a veces luchaban contra los propios reyes o intervenían en conjuras y conflictos entre dinastías, siempre en provecho propio. Como ilustración de esa situación podemos ver lo que fueron en nuestro país los reinados de Juan II y Enrique IV de Castilla, las humillaciones que esos monarcas debieron sufrir de los nobles que teóricamente eran sus vasallos pero que los manipulaban a su antojo. Esa situación cambió radicalmente en algunos países de Europa Occidental (Portugal, España, Francia, Inglaterra…) a partir del siglo XV. Desde entonces, aunque la aristocracia feudal siguió teniendo poder económico y dominio de clase sobre el campesinado, dejaron de ser un problema político para los reyes y se conviertieron en cortesanos de éstos como un ornato de la corona.

Cuando se dice que nuestra sociedad está derivando hacia un nuevo feudalismo se refiere al de la primera etapa antes descrita, cuando los grandes terratenientes eran un poder que los monarcas debían respetar y temer. Lógicamente ya no se trata de que vuelva la época en la que la posesión de la tierra y su cultivo sea el factor determinante de dominio económico-social. Después de esa etapa vino la industria, las tecnologías… El dinamismo de esta sociedad creó formas más complejas de gestionar y elaborar los recursos necesarios para la vida humana, lo que generó formas más sofisticadas de dominio económico. Lo que ocurre es que, en ese proceso, y sobre todo por la mundialización antes mencionada, los gestores de las nuevas formas de dominio van escapando cada vez más al control de la autoridad política, creando una situación similar a la del feudalismo inicial por la carencia o debilidad de una autoridad que represente a todos en beneficio de todos por igual. Estamos viendo que los estados nacionales e incluso entes multiestatales como la Unión Europea no son capaces de someter a su política a las grandes corporaciones industriales y financieras. Las industrias eléctricas, la petrolíferas, las farmacéuticas, los grandes bancos, y tantos otros entes económicos multinacionales se pueden pitorrear de los gobiernos de las naciones en materia de fijación de precios y evasión de impuestos de la misma manera que los señores feudales del Medievo despreciaban a sus reyes.

Pero es un proceso que está muy lejos de haber culminado. La cosa camina hacia peor en el sentido de que ese tipo de dominadores de la sociedad y de la economía mundial se van haciendo cada vez más desconocidos, más anónimos. Está pasando definitivamente a la historia la época en la que se podía hablar de “los Rothschild” o “el Club Bilderberg”. En lo sucesivo no habrá nombres de ese tipo para referirse a los dominadores del mundo. En Internet leemos noticias como esta: Ocho personas en el mundo poseen la misma riqueza que la mitad más pobre de la humanidad. Pero no hay manera de saber cómo se llaman esas ocho personas. En ese sentido el nuevo feudalismo es más potente y peligroso que el antiguo. Juan II de Castilla sabía dónde encontrar a Álvaro de Luna para hacerlo decapitar en Valladolid, y los jacobinos de la Convención conocían a los nobles a los que querían hacer pasar por la guillotina. Pero los nuevos señores feudales se van haciendo cada vez más desconocidos e invisibles. Sí, suenan algunos nombres como Bill Gates, el fundador de Microsoft, y Jeff Bezos, el dueño de Amazon, como los hombres más ricos del mundo, pero estos no son, todavía, los nuevos señores feudales. Su riqueza está ligada, todavía, a un sector del proceso productivo. A fin de cuentas, industrias tecnológicas como Microsoft y cadenas comerciales como Amazon son tan nacionalizables como el latifundio de un terrateniente si un gobierno se empeña en llevar a cabo esa operación. Pero la mercancía con la que trabajan los verdaderos nuevos señores feudales es el dinero mismo, algo inaprensible e ilocalizable. La nueva aristocracia del mundo son los gestores anónimos del sector financiero internacional que pueden mover capitales de forma opaca y alterar los asuntos del mundo a su favor.

La mundialización o globalización de la economía fue un paso decisivo para la formación de ese sector anónimo e invisible de nuevos señores feudales. Pero se está teniendo mucho cuidado de que esa mundialización no se realice también en el terreno político, es decir, se trata de evitar por todos los medios que llegue a constituirse un gobierno mundial. Sólo un ente de ese tipo podría combatir a los gestores de toda la riqueza mundial, anulando el valor de todo el dinero, el numerario y el convencional, y todas las deudas, y asumiendo el control de todo el aparato productivo a escala mundial para satisfacer las necesidades de todos los seres humanos por igual. En la estrategia para evitar que llegue a concretarse algo así juegan un papel muy importante todos los nacionalismos, cosas como el BREXIT y movimientos secesionistas en países ya constituidos. El estímulo que propicia ese tipo de actitudes en los colectivos humanos es el sentimiento elitista. Por lo visto no es difícil, cuando se dispone de los medios adecuados, crear de manera artificial ese sentimiento elitista en grupos étnicos que se creen superiores a los demás. También en esto el nuevo feudalismo se parece al antiguo, pues para la formación de las naciones que alcanzaron su unidad en el siglo XV y después fue un obstáculo muy grande la existencia de comunidades étnicas que gozaban de unos privilegios a los que daban el nombre de “fueros”. No es extraño que precisamente las regiones forales del Medievo sean aún hoy los focos de nacionalismos separatistas; en nuestro país tenemos algo de ese componente del nuevo feudalismo.

El mencionado dinamismo de este sistema sólo se habrá justificado ante la Historia si conduce a una culminación progresista favorable para todo el género humano, a la Libertad, Igualdad y Fraternidad, es decir, la desaparición de las clases sociales diferentes y del estímulo egoísta y mercantil que las generaron. La sociedad ha de seguir siendo dinámica y evolutiva, pero en sentido progresista, no generando competencia y agresividad entre los humanos sino fomentando la inventiva para progresar técnicamente en una Naturaleza que se debe conservar a favor de toda la humanidad.

   
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