VII ENCUENTRO DE REDES CRISTIANAS
23 y 24 de octubre de 2021

 

Protestante Digital

Si alguien ha sido continuamente denostado durante la V Conferencia General del Episcopado Latinoamericano y del Caribe han sido los evangélicos, las ´sectas´ que robarían fieles a la iglesia católica con toda clase de artimañas.

Ya se ha recordado alguna vez la injusticia de denominar a estos movimientos cristianos como ´sectas´, algo en lo que ha caído hasta el Papa y que tiene poco de caridad fraterna. Y también que culpar al prójimo de los males propios es una manera de esconder las responsabilidades.

El ´chaparrón´ de denostaciones ha sido soportado ´in situ´ por un grupo de observadores de ´la tradición evangélica´, cuatro representantes a saber: Ofelia Ortega, Juan Sepúlveda, Harold Segura, Néstor Míguez y Walter Altmann, en cuyo mensaje conjunto a la Conferencia no han dejado de pedir que ´para que esta presencia cristiana diversa no esté marcada por la confrontación y la competencia, nos parece necesario utilizar un lenguaje que permita mantener los canales de comunicación ya existentes, y que aun permita abrir nuevos puentes. Reconocernos mutuamente como Iglesias y Comunidades Cristianas, desterrar juntos cualquier práctica sectaria o beligerante, crecer en la unidad en la diversidad´.

En dicha carta expresan su gratitud por la invitación y lo ven como” un signo y anuncio de una mayor y mejor cooperación ecuménica en nuestro continente”.

Citan dos textos fundamentales, que “les ayudan a interpretar el sentido de nuestra presencia entre ustedes. Recordamos aquellas palabras de Jesús donde afirma que “quien no es conmigo, contra mí es” (Mt 12,30), que nos señalan que sólo en torno a Jesús, el Cristo, encontramos el centro de nuestra unidad. En un texto complementario, cuando, frente a uno que echaba fuera demonios en nombre de Jesús, y ante la pretensión de los discípulos de prohibirle que siguiera haciéndolo porque no era uno de ellos, Jesús le dice a Juan: “No se lo prohíban, porque no hay ninguno que haga milagros en mi nombre que luego pueda decir mal de mí. Porque el que no es contra nosotros, por nosotros es” (Mc 9, 39-40). A pesar de las diferencias históricas y doctrinales que nos impiden dolorosamente participar juntos en la Mesa de la Comunión, estos textos nos permiten afirmar que nos une a ustedes el llamado de Jesús a proclamar y celebrar la vida abundante que nuestros pueblos tanto necesitan”.

Expresan su reconocimiento al testimonio y la prominencia de la Iglesia Católica Romana en la evangelización de América, pero también el de las iglesias evangélicas, que “han colaborado, con la evangelización y la cultura en estas tierras, llegando en algunos casos hasta el derramamiento martirial de la propia sangre, en la defensa de la dignidad y la justicia para nuestros pueblos”.

Y terminan expresando la necesidad de modificar el lenguaje peyorativo por parte de la ICR hacia los evangélicos cuando se les llama secta: “Para que esta presencia cristiana diversa no esté marcada por la confrontación y la competencia, nos parece necesario utilizar un lenguaje que permita mantener los canales de comunicación ya existentes, y que aun permita abrir nuevos puentes. Reconocernos mutuamente como Iglesias y Comunidades Cristianas, es la forma de mantener abiertas las puertas para el diálogo, diálogo imprescindible para desterrar juntos cualquier práctica sectaria o beligerante que atente contra el verdadero espíritu misionero”.

   
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