VII ENCUENTRO DE REDES CRISTIANAS
23 y 24 de octubre de 2021

 

ONU

El horario de trabajo en el mundo industrializado es cada vez menos predecible, lo cual genera tensiones entre empleados y empleadores y pone en riesgo el equilibro “trabajo-vida”, de acuerdo con un nuevo estudio que presentará mañana en el marco de la Conferencia anual de la Organización Internacional del Trabajo (OIT).

En la actualidad, el número de horas de trabajo aumenta en algunos países industrializados pero desciende en otros, lo que demuestra la naturaleza “atípica e impredecible” de la jornada laboral, incluyendo la tendencia a trabajar en turnos nocturnos o de fin de semana, dice el estudio.

“La cada vez más frecuente tendencia a tener horarios de trabajo más atípicos e impredecibles tiene un efecto importante tanto sobre trabajadores como sobre empleadores”, dijo el investigador de la OIT Jon Messenger, coeditor de este informe.

“Esta situación genera crecientes tensiones que convierten el equilibrio trabajo-vida en un tema importante que deberá ser abordado con nuevas políticas laborales”, agregó.

El documento señala que las presiones para mantener la competitividad en una economía que funciona 24 horas al día, siete días a la semana, está provocando que haya horarios de trabajo adaptados a esta realidad de mercado. Esto, a su vez, ha generado una mayor variedad en el tipo de jornadas de trabajo.

La OIT también se refiere al impacto sobre la seguridad y la salud cuando hay un horario atípico e impredecible y advierte que la situación de la jornada laboral flexible es un tema relevante para trabajadores con responsabilidades familiares, en especial las mujeres.

Al observar estas tendencias, así como un aumento de relaciones de trabajo basadas en resultados, el estudio dice que estamos frente a un fenómeno de “diversificación, descentralización e individualización” de la jornada laboral.

Asimismo, en el estudio se revisa la normativa internacional sobre este tema, junto al análisis de las tendencias en el mundo industrializado, y se propone que un “horario de trabajo decente” debe favorecer arreglos que sean saludables, que beneficien a las familias, que promuevan la igualdad de género, que favorezcan la competitividad empresarial, y que faciliten la influencia de los trabajadores en la determinación de sus jornadas.

   
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