VII ENCUENTRO DE REDES CRISTIANAS
23 y 24 de octubre de 2021

 

BBC Mundo

Maria Griselda Delgado es la primera mujer en dirigir a nivel nacional la Iglesia Episcopal de Cuba. Debate de género y la vida en la isla en este diálogo que mantuvo con BBC Mundo. La obispa diocesana de la Iglesia Episcopal de Cuba, María Griselda Delgado, es la primera mujer que dirige una comunidad religiosa a nivel nacional. Nacida en Bolivia, tiene 3 hijos y vive en la isla desde los años 80, “más de la mitad de mi vida”.

Sustituye al obispo de Uruguay que, paradójicamente, es un cubano. Para ella nada de esto parece extraño. “Es una muestra de lo universal que es nuestra Iglesia”, nos dice y agrega como José Martí que somos una sola raza y ante todo humanidad.

Cuenta que el debate mayor es de género y que la oposición al sacerdocio femenino es tan grande que en el Reino Unido varias dignidades anglicanas se fueron a la Iglesia Católica, donde las mujeres aún continúan siendo vetadas.

¿A qué se debe que haya tan pocas mujeres al frente de una Iglesia?

Tiene que ver con el machismo y con el patriarcado que se extiende a través de los siglos en el mundo entero y por lo tanto también en la vida religiosa.
En la Iglesia Anglicana en los años 70 hemos vivido un cambio, autorizando a que las mujeres ejerzan el sacerdocio y eso implicaba que podríamos también llegar a ser obispos.

Fue trascendental. Hay que tener en cuenta que desde la época de los apóstoles, la línea de sucesión de los obispos fue de hombres a hombres; cambiar esa tradición implicó luchas mentales.
Este movimiento llegó también aquí y en el año 86 yo fui ordenada junto a otras dos hermanas. Fue la primera ordenación de mujeres en Cuba, pero no fue un cambio duro porque ya las mujeres habían dado pasos importantes a nivel profesional y social.

¿Qué problemas enfrenta en lo cotidiano una mujer sacerdote?

El primero es el tiempo que uno debe dividir entre la familia, atender los niños, ver al esposo y la atención de la Iglesia. Los varones tienen el apoyo de una mujer que atiende el hogar y así pueden dedicarse más a la Iglesia.
Tenemos 3 hijos, la mayor vive en Bolivia, el varón es profesional y la más chiquita está en la universidad. Mi esposo me ha respaldado mucho en el terreno familiar y yo creo que lo ha hecho con entereza y alegría.

¿Cómo llegó a Cuba desde Bolivia?

He vivido la mitad de mi vida en Cuba; llegue en los años 80. El Consejo Mundial de Iglesias me dio una beca para venir a estudiar al seminario teológico aquí en la isla. En esa época era un país que muchos latinoamericanos queríamos conocer.

Resulta curioso que alguien venga a estudiar teología al único país socialista de la región.

Recuerde que por aquellos años la vida en América Latina era bien dura, con regímenes militares, y los jóvenes queríamos conocer otras realidades; por ejemplo, los cambios que se estaban haciendo en Cuba.

Parece una contradicción pero no es así, es mirar desde otra óptica. La Revolución ha logrado cambiar mentalidades individualistas hacia algo más comunitario. Eso me recuerda lo que Jesús hubiera querido que pasara en el mundo, sobre todo poner lo individual en función de lo comunitario.

¿Cómo fueron sus relaciones con las autoridades cubanas antes y después de la apertura religiosa?

Al principio fue un desafío, compartir el evangelio con una sociedad que no lo conocía pero no hubo dos momentos, fue más bien un proceso. Y el momento en el cual los líderes ecuménicos se reunieron con Fidel, fue el momento de Dios.

El encuentro proporcionó la posibilidad de que las autoridades conocieran que había un grupo de iglesias que podían coadyuvar con esta sociedad. Con el transcurso de los años ha habido más diálogo y apertura. Se avanzó.

Mucha gente se acercó a las iglesias durante el Período Especial (crisis económica de los 90) buscando algo que les diera una esperanza y así en una sociedad muy secular las iglesias nos hicimos visibles y vivimos una etapa de crecimiento.

¿Qué cantidad de fieles y qué influencia social tiene el cristianismo en Cuba?

No sabría decirle el número de fieles. No podríamos decir que es una influencia grande porque la sociedad es muy secular y de educación atea. No obstante, crece el número de personas que acuden a las iglesias, sobre todo los jóvenes. Ellos en sus escuelas, universidades, centros de trabajo van dejando que la gente conozca más la vida de los cristianos.

Lo importante no es tanto dar a conocer a la Iglesia sino mostrarles que hay otra vida, una vida espiritual. Nuestra propuesta es acompañar al pueblo calzándolo en cuanto a los valores éticos. Ese es nuestro principal aporte en la vida diaria.

¿Qué ventajas y qué desventajas tiene predicar en un país como Cuba?

Una ventaja es que cuando uno evangeliza aquí y la gente lo interioriza, lo reciben como algo muy fresco en sus vidas porque no tenían dentro otras tradiciones. En otros países hay demasiadas distracciones y algunas personas van a la iglesia solo por seguir una costumbre.
La desventaja es que se ponen algunas barreras a la posibilidad de que las iglesias puedan ofrecer el evangelio vivo de Jesucristo. A nivel cultural general debiera enseñarse que existe una iglesia y que tiene su historia.

¿Le gustaría continuar su vida en Cuba?

Una piensa que es Dios quien la guía a este lugar. Él, al hacerme obispa, de alguna manera me está diciendo: “tu vida tienes que hacerla aquí y dar lo mejor de tu corazón a esta diócesis”.

   
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