VII ENCUENTRO DE REDES CRISTIANAS
23 y 24 de octubre de 2021

 

 

Una invitación a explicitar y sustituir los supuestos del Sínodo y del Magisterio eclesial que lo sustenta

 

 

“Pedro acepta comer junto con los paganos el alimento que siempre había considerado prohibido, reconociéndolo como instrumento de vida y de comunión con Dios y con los otros.”

Documento preparatorio, nº 23

 

 

INTRODUCCIÓN

 

El Documento preparatorio del Sínodo responde al Magisterio de la Iglesia elaborado desde los primeros testimonios sobre Jesús de Nazaret y reelaborado por los sucesivos concilios y documentos papales. Hoy esa doctrina magisterial se encuentra con graves dificultades para ser comprendida por la cultura moderna especialmente en aquellas personas que desean seguir con mayor fidelidad la inspiración evangélica.

 

El permanente recurso al origen y condición sobrenatural de sus contenidos, la marginación del saber científico, su distanciamiento de “la calle”, la contraposición a la ética cívica autónoma, su negativa al consenso democrático, la superioridad ante los derechos humanos y de la tierra, y especialmente el rechazo de la igualdad de género son hábitos y supuestos mentales muy resistentes a la conversión y provocan una desafección creciente.

 

La reflexión del Sínodo será tanto más sincera y productiva cuanto más se centre en reflexionar a este nivel desvelando estos supuestos tomados como axiomas incuestionables. El principal obstáculo para la reforma pretendida radica en la malentendida interpretación de la inspiración evangélica convertida en una Revelación de contenidos literales. Nacidos en épocas antiguas y pretendidamente infundidos por Dios directamente en el alma eclesial. En este articulito nombramos esos supuestos y ofrecemos algunas alternativas.

 

I. PRINCIPALES SUPUESTOS Y ALTERNATIVAS

 

  1. La incorrecta interpretación de una “REVELACIÓN”, particular y sobrenaturalista como fundamento de un mensaje universal para un mundo natural. Esta revelación es el origen de una verdad absoluta, y una autoridad suprema. Justifica el poder y la presumible realización de prodigios. Está confiada a una clase sacerdotal, jerarquizada de arriba a abajo y autorreferente. Sus contenidos son fijos o revisables únicamente por los detentadores de dicha revelación. Es la “Palabra de Dios”… de algunos.

 

Muy al contrario Jesús dio gracias por enseñar la verdad a los más pequeños. Y muy adversamente hoy no se acepta que la verdad provenga de revelaciones particulares consideradas absolutas por aquellos mismos que las reciben. Más bien se entiende que la verdad es una construcción social contrastada, refutable y provisional. Susceptible de ser completada por otros modos de sabiduría y actitudes ante el misterio del ser, de la vida y de la conciencia. Con relatos y esperanzas humildes para, si no resolver, al menos aminorar el irresoluble problema del mal y de la muerte que es en principio lo que siempre mueve a la conciencia humana a explorar su sentido y a crear religiones.

 

La renuncia a estas infiltraciones de otro mundo a través de mirillas privilegiadas y exclusivistas es el primer paso de una conversión profunda, de unas expresiones más significativas y cercanas al buen sentir universal sobre la bondad, la justicia y la felicidad. No por desechar las “revelaciones” se renuncia sin embargo a las múltiples inspiraciones de la sabiduría evangélica que animan y completan el conocimiento crítico.

 

 

De este primer supuesto matriz se derivan otros supuestos secundarios:

a) La concepción dogmática de la verdad, no fundada en el humilde ejercicio de la razón crítica compartida. Consecuentemente el mantenimiento de la medieval manera de entender las relaciones entre la fe y la razón basada en la supremacía de la fe y la marginación del conocimiento científico.

 

Ciencia y fe se complementan. Buscan un objetivo común y tienen lenguajes diferentes. Hemos de reconocer a las ciencias como punto de partida para sustentar la sabiduría de vida, la mística de compasión, el amor cívico y también la donación incondicional como enseña el Evangelio. La fe no tiene que estar al acecho del error de la ciencia sino al cohecho con ella en el largo y complejo camino a la sabiduría. La fe está en el proceso del científico, en su afán de verdad, en su curiosidad y sus propuestas de contrastación, en su crítica a la instrumentalización, al mercantilismo y al “principio tecnológico,”. Y la ciencia está para corregir la univocidad y el absolutismo de las expresiones de fe. No las pongamos en el mismo plano o ámbito pues allí se contradicen y provocan más abandono en el lado de la fe que en el de la ciencia.

 b)  La interpretación literal de los textos evangélicos y en general de toda la Biblia que resulta contraria a la exégesis más actual y obvia su naturaleza simbólica y provocadora.

 

Es una consecuencia del supuesto anterior y que se da en multitud de homilías, charlas y retiros sin rubor alguno. Con ingenuidad o para justificar una solemne institucionalización que compensa la falta de credibilidad y eclipsa su valor profético y evocador a la vez que favorece el ritualismo y un moralismo estrecho o desfasado.

 

La falta de esta comprensión metafórica o simbólica, las transcripciones ingenuas y absolutistas de la Biblia y de la tradición se convierten así en obstáculos para el discernimiento y la búsqueda humilde y sincera. Sus discursos se transforman en idolatrías. La formación en los seminarios desde este literalismo produce una reacción en cadena en las parroquias a través de los pocos seminaristas o religiosos que se atreven a entrar en ellos. Se nos pide un acercamiento al mensaje religioso de forma abierta y dialógica, desde un modelo no realista y de elevada libertad. En el “seguimiento” no cabe la obligación ni la obediencia ciega o la rigidez textual. Esta lectura flexible se extiende no solo a los detalles críticos de los libros sagrados sino a la concepción subyacente de la historia, de la razón, del tiempo y de las propiedades de lo real según el magisterio de la Iglesia. En ese terreno la buena y bella razón, la ciencia, el sentido común y la escucha humilde son los primeros intérpretes. La Biblia más que razón o verdad tiene alma, impulso de vida y de fraternidad.

c)  Una comprensión sobrenaturalista del ser humano y de la realidad que comporta un acentuado dualismo.

 

Hoy se concibe la realidad de forma unitaria, creadora y auto transcendente. La realidad es un todo complejo, un sistema abierto en el que emergen realidades nuevas. Materia, energía, vida y conciencia.  Ya no es aceptable el dualismo materia-espíritu que sitúa la trascendencia fuera. Dejemos de entender la materia como algo pasivo, bruto, en las antípodas del espíritu y el mundo sobrenatural como otra realidad pura por encima de ésta. El ámbito “sobre-natural” se abre no en el más allá sino “aquí” en la actitud de gratuidad. Se constituye en el vivir y el hacer para los demás y se reconoce en la “interioridad “o lo “profundo” de nuestra mente Allí donde se dan los «gemidos inenarrables del Espíritu» o el “libre pensamiento” de una rica conciencia humana, cordial, abierta y poética.

d) La superioridad de la ley divina y la estructura jerárquica en el gobierno de la Iglesia y en la relación con la sociedad civil y los estados hasta el punto de constituirse la Iglesia en otro estado. De donde se sigue en muchos casos la subordinación de los derechos humanos y la validez legal de las actuaciones eclesiales particulares. También conlleva la atribución de la máxima autoridad y capacidad de discernimiento en la Iglesia como se muestra en este Documento Preparatorio. Y por tanto la negativa frontal a la democracia.

 

Ni la actuación de Jesús ni la larga y difícil construcción de la gobernanza democrática son compatibles con esta pretensión de prevalencia. Democracia es igualdad y libertad, conciencia de la limitación de la razón y llamada profunda a una convivialidad fraterna. Especial atención a los últimos considerados como los primeros y no como subordinados. El bien común es incompatible con opiniones e intereses particulares impuestos o privilegiados.

e) La marginación de la mujer fruto del dominio masculino en la cultura antigua y que recogido en la “Sagrada Escritura” se convierte así en voluntad divina. Lo mismo ocurre con el sacerdocio, el celibato, la sexualidad y la solemnidad que fortalece la falsa autoridad.

 

Urge otra antropología y modelo eclesial que considere la mujer igual al varón, con las mismas funciones y respeto que una Iglesia nueva dará a ambos. Urge la integración de los cuerpos sacerdotales y religiosos en el corazón del pueblo de modo que no constituyan una casta aparte, o un grupo de dirigentes privilegiados.

 

 

  1. EL MISTERIO DE LA SALVACIÓN como núcleo central de la Revelación y del cristianismo que constituye nuestra matriz conceptual y moral al más alto nivel. Es un supuesto muy omnipresente, una grandiosa construcción de los primeros siglos tras la muerte de Jesús y reconstruida durante siglos de religiosidad, racionalización y utilización política. Un gran mito de inmenso poder significante y por eso muy pregnante.

 

Pero no es la única ni la más directa expresión de la fe en Jesús de Nazaret. Al lado del Jesús del madero redentor se abre paso el Jesús que anduvo la vida en el mar, con su proximidad, su pasión por la justicia y su muerte anunciada. Otro modelo de vida creyente muy reconocido y aceptado universalmente.

 

El paradigma de la Creación dese la ciencia y la contemplación va sustituyendo poco a poco al gran mito de la Redención. La teoría de La Gran Historia como base para la contemplación del misterio de la Realidad creadora, de la constitución y emergencia de los seres, de sus fracasos evolutivos y agraciadas singularidades puede reemplazar muy bien el modelo redentor.

 

  1. LA DIVINIDAD DE JESÚS entendida al pie de la letra que ha marcado decisivamente toda la interpretación de su mensaje.

 

La “divinidad de Jesús” no es un rasgo objetivo de su persona sino la incondicionalidad que le otorgamos cuando decidimos dejarnos afectar por su sabiduría. Lo decisivo no es tanto la atribución literal de divinidad, ni cómo existió Jesús, cuanto la elevación que despierta y la incondicionalidad que nos suscita, eso que ocurre en la memoria y el interior de quien acoge su relato como inspiración de su vida. La figura de Jesus, si se reduce a una recreación histórica o se amplía discursivamente en una teología dogmática pierde su sabiduría, pasa a ser doctrina y moral. O en el peor de los casos política, legitimación divina de una confesionalidad para el privilegio.

 

La figura de Jesús desprovista de su aureola de sacralidad aparece como la historia de un ser humano que vivió el drama de la vida y de la justicia en un grado de elevadísima moralidad, en actitudes como la preferencia por los débiles, el perdón, y el amor a los enemigos. Actitudes tan extraordinarias que fueron el origen de la exclamación “Hijo de Dios” frecuente para emperadores y grandes personajes.

 

  1. EL CRISTIANISMO COMO RELIGIÓN, respetuosa de las demás pero prevalente e institución paralela y de rango superior a las instituciones civiles

 

Pero el evangelio no constituye tanto una identidad religiosa superior cuanto una llamada a la radicalidad de los valores universales que la comunidad humana va dialogando y concertando desde su mejor sentir. El relato evangélico nos presenta a un Jesús que no vivió y murió por una identidad religiosa sino por amar hasta el límite. La experiencia religiosa “tremenda y fascinante” de otro tiempo, construida sobre las metáforas del desdoblamiento, y a la vez fuente de sentido y de elevada santidad, parece ceder el relevo a la propuesta más secular de un amor de gratuidad en un contexto de ciudadanía y construcción personal. El ágape visibilizado en Jesús es una expresión de la sobre-naturaleza que nos constituye.

 

 

  1. UNA DESCRIPCCIÓN CATEGÓRIAL DE DIOS Y CONSIGUINTE APROPIACIÓN por la mente humana con especiales atributos

 

EL primer nombre de Dios es “el innombrable” y el segundo principio bíblico después de amarnos es “no hacerse imagen alguna de Dios sino escuchar su voz” (Deuteronomio) Pero la Iglesia ha construido un gran sistema doctrinal para definirlo y concretarlo. Dios es un ente absoluto, todopoderoso, creador y redentor, trino, que interviene en la historia, que se encarnó en un ser mortal y nos lleva a una vida eterna.  Hoy estamos llamados a un silencio activo, a otra actitud y encuentro con lo sagrado y lo inviolable en cada instante, en cada presencia.

 

 

Estos y otros parecidos supuestos condicionan la respuesta sinodal y son los que realmente deberíamos dialogar. Afectan a lo esencial de la tradición cristiana establecida pero allí radica la sinceridad del diálogo solicitado.

 

II  QUÉ IMAGEN DE IGLESIA DIBUJAN ESTOS NUEVOS SUPUESTOS

 

Imagino la iglesia como una instancia de esperanza y justicia global donde se aglutinan religiones y humanismos varios con una institucionalización de baja intensidad. Muy distribuida en las diferentes ciudades, países y regiones, con plena autonomía y coordinación entre iguales. Donde el universal mensaje de Jesús de Nazaret y otros profetas o personas, es vivido de una manera plural y unitaria.  Donde todas las personas nos acogemos y donde trabajamos en igualdad un proyecto común de un mundo mejor y donde sobre todo los más vulnerables son acogidos preferencialmente. Un arco iris de personas y referencias como las irradiaciones de las moléculas de agua que el sol integra en un colorista arco iris.  .

 

No un organismo político internacional, ni una religión de religiones, ni un gran poder de pequeños poderes sagrados y locales sino, con una expresión muy gráfica, una Internacional de la esperanza. Es allí donde se sitúa la iglesia, las religiones, las utopías humanistas y todas aquellas actuaciones, símbolos y metáforas que pueden contribuir a elevar la búsqueda del conocimiento y del binomio justicia-felicidad. El encuentro con un gozoso sentido de la vida y el querido comportamiento honesto y elevado. Porque la esperanza es el ámbito propio de la trascendencia.

 

Santiago Villamayor pertenece a CCP de Zaragoza

 

   
© 2012 Redes Cristianas Suffusion theme by Sayontan Sinha