VII ENCUENTRO DE REDES CRISTIANAS
23 y 24 de octubre de 2021

 

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«Ovejas sin pastor», así definía Jesús a la muchedumbre, vejada y abatida, por la que sentía compasión. Refiriéndose a los guías religiosos que esa muchedumbre tenía, los definía como «ciegos que conducen a otros ciegos». Estas reflexiones me vinieron a la memoria durante la misa a la que asistí en una parroquia de mi ciudad el pasado Domingo de Ramos. En el templo veo lo que se puede considerar una muchedumbre, en comparación con la escasa asistencia de otros domingos. Y hay una abundancia desacostumbrada de niños. Todos, niños y mayores portan ramos, se ven muchos ramos, y también palmas.

Es la festividad del día, pero me pregunto si más que vivirlo como una festividad que evoca un pasaje del Evangelio y la idea que transmite, la muchedumbre lo vive como un acto folclórico más, igual que los carnavales, la cabalgata de los Reyes Magos del 5 de enero… En otros lugares, en estos días de Semana Santa tienen lugar procesiones, -¿religiosas?- con cantos de saetas y cosas similares. Pero repito la pregunta, ¿se vive eso como un motivo de reflexión religiosa que aporta alguna idea o enseñanza, o por el contrario es un evento folclórico más, como las Fallas de Valencia, los Sanfermines y cosas así?

Si el celebrante de la misa a la que asisto fuese un verdadero pastor, en la línea de Jesús de Nazaret, explicaría a los asistentes al culto lo que ocurrió para que una ciudad que aclamaba a Jesús en su entrada triunfal, como relata el primer texto evangélico que se leyó en la misa, lo condenara a muerte unos días después, como relata la segunda lectura evangélica de la misma celebración. Tal predicador hubiese informado a sus oyentes que la muerte de Jesús fue un asesinato promovido por las autoridades civiles y religiosas por su compromiso con los pobres y marginados, por su proyecto de liberación de los oprimidos y la construcción de un mundo más justo y más humano, al que llamaba Reino de Dios.

En vez de impartir esa enseñanza, que hubiese constituido un llamamiento a seguir a Jesús en esa tarea de liberación social, una movilización para mejorar las cosas de este mundo que están marchando muy mal, nuestro predicador se limitó a decir que Jesús había muerto para salvarnos, dando por supuesto que se trata de una salvación post morten, y sin relacionarla para nada con tareas a realizar en este mundo. ¿Se puede creer en un dios que condena a penas eternas y exige muertes redentoras? Aquel, a quien Jesús llamaba Abba, Padre, evoca un Dios diferente.

El único llamamiento concreto que se hace en la mencionada homilía es a una devoción personal que ignora al prójimo. Se remata con la formulación textual: Jesús vino a salvarte, a ti, murió por ti, por tu salvación. Se pone énfasis en la relación personal, no comunitaria, con Jesús, con Dios. Es un intento deliberado de fomentar el invidualismo, en perjuicio del trabajo comunitario y la cooperación para mejorar las cosas del mundo.

Puesto que observo actitudes similares en otros templos de la ciudad, resulta difícil de creer que se trata de pastores de pocas luces, ciegos que conducen a otros ciegos. Más bien parece se trata de un intento deliberado de extraviar el rebaño, de promover actitudes religiosas descomprometidas, sin vocación de trabajar por el Reino que Jesús anunciaba. Su idea de un Dios Padre es revolucionaria porque nos hace a todos hermanos, y por lo tanto iguales. Contra esa igualdad se blindan los beneficiarios de este sistema injusto, los explotadores de todos los tiempos, secundados por los malos pastores.

   
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