VII ENCUENTRO DE REDES CRISTIANAS
23 y 24 de octubre de 2021

 

Enviado a la página web de Redes Cristianas

UcraniaEl mundo en que vivimos
PREGUNTAS SOBRE UCRANIA
“La guerra nunca es el camino”. “En ella no hay vencedores, sólo víctimas”.
“Malditas sean las guerras y los canallas que las hacen”, “¡No a la guerra!”… El odio
y el rechazo, afortunadamente generalizados, hacia la guerra, hacen circular en
estos días esas frases en las que se expresa la frustración y el convencimiento de
que la guerra es un sinsentido y un fracaso de los seres humanos y de la
humanidad. Duele comprobar que seguimos en la ley de la selva. Comparto todas
esas reflexiones y convicciones.

Sin embargo, las emociones no deben obnubilarnos a la hora de intentar analizar lo
que pasa. El odio y el rechazo a la guerra no puede hacernos olvidar los hechos y
sus causas. Finalmente, la historia es una amalgama de causas y efectos, y
difícilmente entenderemos el presente si no hurgamos en el pasado, el lejano y el
reciente… En este marco, la actual guerra tiene sentido, mal que nos pese, y
tenemos derecho a hacernos y hacerles muchas preguntas…

1.
En los 90, en plena desintegración del llamado “comunismo real” en Europa, el
presidente ruso Mijaíl Gorbachov accedió a la reunificación de Alemania a condición
de que la OTAN (el bloque militar dominado por Estados Unidos), no se expandiera
“ni una pulgada" hacia el este de Europa. Pero desde entonces han ingresado en
esa Alianza la República Checa, Polonia, Hungría, Bulgaria, Estonia, Letonia,
Lituania, Rumanía, Eslovaquia, Eslovenia, Albania y Croacia. La OTAN colocó
misiles nucleares tácticos a 10-15 minutos de Moscú, dejando a Rusia en una
situación de inferioridad estratégica e inseguridad permanentes.

Quienes hoy se llenan la boca con altisonantes palabras condenatorias a Rusia,
¿dónde estaban durante esos 30 años en que Rusia fue humillada y cercada
militarmente? ¿No pensaron que a lo mejor un día reaccionaría frente a esa
expansión de la OTAN hacia su territorio? ¿Podría permanecer indiferente ante la
posibilidad de que se instalaran misiles de la OTAN en Ucrania, a escasos ocho
minutos de Moscú? ¿Es legítimo acusar a Rusia de no cumplir su palabra de no
invadir Ucrania, cuando Estados Unidos y la OTAN la han incumplido durante 30
años? ¿Se habría producido la invasión a Ucrania si la OTAN hubiera cumplido su
palabra de no expandirse hacia las fronteras rusas?

2.
Estados Unidos, la OTAN y la Unión Europea defienden el derecho de la OTAN a
expandirse y rechazan que Rusia vete la entrada de Ucrania y Georgia en la Alianza.
¿Aceptarían que México se uniera a una alianza militar impulsada por Moscú o que
Rusia desplegase en Canadá o Cuba un sistema antimisiles como el que ellos han
desplegado en Rumanía y Polonia?
3.

Luego del golpe de estado contra el gobierno prorruso de Ucrania en 2014 y de las
revueltas de varias regiones contra el nuevo gobierno prooccidental, en 2015 se
firmaron los acuerdos de Minsk, para pacificar la región de Donbass, al este de
Ucrania, donde se encuentran las repúblicas populares rebeldes de Donetsk y
Luhansk. El acuerdo, firmado por Ucrania, Rusia, Alemania y Francia, contemplaba
un alto al fuego entre los rebeldes y el gobierno ucraniano, la retirada de armas
pesadas de la zona, la realización de elecciones y estatuto de autonomía para
Donetsk y Lugansk, una amnistía general…

¿Por qué Occidente ha permitido que Ucrania haya ignorado ese acuerdo durante
ocho años? ¿Por qué aceptó los sucesivos incumplimientos del alto al fuego de
Ucrania, certificados por la Organización para la Seguridad y la Cooperación en
Europa? ¿Por qué aceptó que el conflicto se enquistara sin mover un dedo para
solucionarlo? ¿Por qué Europa, después de haber troceado Yugoeslavia, se ha
olvidado del derecho de autodeterminación de los pueblos?
4.
El presidente ucraniano Zelenscki prometido “conquistar” las provincias rebeldes
antes de la primavera de 2022, y a finales de 2021 inició los preparativos. Ahora
sabemos que el ejército ucraniano desplegó hasta 120.000 soldados en la línea de
separación del frente bélico con Donetsk y Lugansk, con intención de invadirlas. Al
parecer, la acumulación de tropas rusas en regiones “próximas” a su frontera con
Ucrania (hasta 300 kilómetros) respondía a esa acumulación ucraniana. De eso
nadie nos dijo nada.

Además de ese despliegue militar, Rusia hizo en diciembre una propuesta a Estados
Unidos y a la OTAN para firmar un acuerdo en el que se comprometieran a que la
OTAN no se ampliara ni desplegara armamento ofensivo hacia sus fronteras…
Contestaron con evasivas y aumentaron el envío a armamento a Ucrania. ¿Por qué
no tomaron en serio la amenaza? ¿Por qué no se avinieron a negociar sobre una
propuesta más que razonable?
5.
Curiosamente, en esta ocasión los estadounidenses no han hablado de defender la
democracia en Ucrania. Y es por algo. Los gobiernos prooccidentales ucranianos,
desde 2014, han incluido ministros abiertamente nazis, han aprobado leyes lesivas
para los rusoparlantes, han abandonado el precepto constitucional de neutralidad,
han prohibido el Partido Comunista y otros partidos de izquierda, han incorporado a
su policía y ejército elementos de las milicias pronazis. Hemos leído noticias sobre
milicias que persiguen a homosexuales, judíos, ancianos de etnia rusa y otros
ciudadanos ‘impuros’, junto con las marchas de antorchas que recuerdan demasiado
otras épocas del fascismo… Todo ello sin que las autoridades ucranianas hagan
nada y mientras los dirigentes occidentales miran hacia otro lado. ¿Por qué? ¿Por
qué, en diciembre pasado, cuando la ONU resolvió que era urgente “combatir la
glorificación del nazismo y del neo-nazismo”, los únicos países que se opusieron
fueron Estados Unidos y Ucrania?
6.
¿Por qué tenemos que ser los europeos enemigos de Rusia? Son capitalistas, igual
que nosotros. Realizan elecciones, más o menos amañadas, como nosotros. Son
autoritarios y corruptos, más o menos como nosotros. Sus políticos mienten y se
insultan, más o menos como los nuestros. Sus empresarios se han hecho riquísimos
con los servicios públicos, como los nuestros… Tenemos relaciones económicas
muy importantes con Rusia, y un comercio intenso y mutuamente ventajoso. ¿Por
qué tenemos que ser enemigos? ¿Tendrá algo que ver en ello la necesidad del
complejo industrial-militar de Estados Unidos, que está detrás del presidente Joe
Biden, de crear conflictos para vender aviones, tanques, misiles, submarinos,
portaaviones…, y de esa manera aliviar su creciente déficit comercial?
Hace unos años, la OTAN estaba en horas bajas. Incluso se hablada de su
desmantelamiento.

Ya no era necesaria, al haber desaparecido el comunismo. Pero
eso no podía consentirlo ese complejo industrial-militar, que vive de la guerra y de la amenaza de guerra. Encontraron oxígeno en la expansión hacia el Este, con la
consiguiente inundación de armamento moderno en los nuevos países absorbidos,
incrementado en años recientes con la creación del “enemigo ruso” ante el que hay
que armarse más y más.

¿Por qué Europa se deja manejar por Estados Unidos, interesados en que no
comerciemos con Rusia ni con China, que nos ofrecen mejores oportunidades
comerciales y de inversión que las que ofrecen ellos?
7.
Los dirigentes occidentales se rasgan las vestiduras y, a coro, hablan y hablan de
una violación "flagrante" del derecho internacional, de que Rusia ha destrozado los
pilares del orden global y que debe rendir cuentas por ello…
¿Alguien ha pedido cuentas a los responsables de los millones de muertos en las
guerras de agresión contra Irak, Libia, Afganistán, Siria, Yemen…? ¿Ha pagado
alguien por esos crímenes de guerra? ¿Alguien ha propuesto castigos para quienes
pretendieron engañarnos con el pretexto de las “armas de destrucción masiva” y la
minimización de los “efectos colaterales”? ¿Es preciso recordar que hoy mismo
Arabia Saudí y Qatar (con apoyo occidental) están bombardeando Yemen, lo mismo
que hace Israel en Siria o Turquía en el Kurdistán? ¿Qué legitimidad tenemos para
erigirnos en jueces de nadie?
8.
Se dice que el objetivo de la invasión de Ucrania es provocar la caída del gobierno
de Zelenski y su sustitución por un “gobierno amigo”. Probablemente sea cierto.
Pero, ¿nos hemos olvidado de que en los últimos 200 años los países de Occidente
nos hemos dedicado a bombardear, invadir países y cambiar regímenes? ¿Acaso la
historia de Estados Unidos no es la historia de masivas invasiones y anexiones? ¿Es
necesario recordar que actualmente Estados Unidos tiene en el extranjero 750
bases militares, terrestres, marítimas y aéreas?
9.
En los primeros cinco días de guerra, 368.000 ucranianos, en su mayoría de clase
media, han salido hacia Europa (156.300 están en Polonia), según el Alto
Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados. La Unión Europea
anuncia una política de brazos abiertos hacia ellos; entiende que estos refugiados
son “de los suyos”, no como quienes vienen de Siria, Irak y otros países de Oriente
Medio, víctimas de las guerras llevadas allá por Estados Unidos y la OTAN…
¿Podemos no avergonzarnos de este cinismo?
10.

Ucrania y Rusia han esbozado intenciones de negociar, pero Occidente parece
interesado en cegar esa vía de salida y tensar más el conflicto. La OTAN activa sus
fuerzas de despliegue rápido y envía decenas de miles de efectivos a países
próximos a Rusia. Renuncia, por el momento, a mandar soldados a Ucrania, pero la
está inundando de armas. Estados Unidos, Alemania, Francia, Reino Unido,
Holanda, Italia… han anunciado el envío masivo de equipo militar, lo que evidencia
que este conflicto armado, como todos, sólo beneficiará a los vendedores de armas.
11
Es de destacar la virulencia y parcialidad con que los grandes medios están tratando
a Rusia, unciéndose de forma absolutamente sumisa a la guerra psicológica de
Estados Unidos y la OTAN, aceptando la mentira como arma de destrucción masiva,
asumiendo los prejuicios rusofóbicos y el burdo binomio de “los buenos” y “los
malos”, adjudicando a Rusia (de manera especial a su presidente Putin) todo lo malo
y a Ucrania (y a su presidente Zelenski) todo lo bueno… hasta agotarnos a los
receptores de esos mensajes.

Ya solo nos faltaba oír a la presidenta de la Comisión Europea que censurarán en
Occidente a los medios de difusión rusos, para que no nos llegue “desinformación
tóxica”… Ahora resulta que nuestros dirigentes tienen derecho a decirnos qué
información podemos recibir y cuál no. ¿Es esa su democracia?

   
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