VII ENCUENTRO DE REDES CRISTIANAS
23 y 24 de octubre de 2021

 

imagesF41ELGY3La reciente tragedia de París debería llevarnos, no solo por vecindad y experiencia en propia piel de este tipo de salvajadas, sino también como parte de la única humanidad que somos —y que comparte dignidad y sueños comunes con todos los mortales—, al menos a estas dos cosas:

De una parte, al acercamiento a las víctimas de esta violencia y de todas las otras víctimas sobre las que se está ejerciendo una violencia similar en todo el mundo. Porque las víctimas son, en último instancia, la razón ética que justifica nuestra repulsa y condena de todos los victimarios. Es verdad que la cercanía de París nos emparenta más inmediatamente con ese inmenso dolor. Y tanto más cuanto a algún compatriota nuestro se le ha arrebatado la vida en estos hechos sangrientos.

Pero este gesto de piedad inmediata no debería llevarnos a silenciar conscientemente el clamor de aquellas otras sangres, también inocentes y violentamente derramadas, que nos llegan desde tantos otros lugares del planeta: hace tan solo unos días, ISIS asesinó a 37 civiles en Beirut en una zona habitada en su mayoría por chiíes y nadie puso en circulación hashtags o campañas de homenaje; en las guerras de Irak —con la complicidad de uno de nuestros presidentes— y Siria decenas o centenares de miles de musulmanes han muerto o se están desplazando para huir de la muerte. Y nuestra respuesta no va más allá de la caridad individual y del silencio social ante los muros que levantan nuestros políticos en las fronteras y de las humillantes subvenciones que otorgan a gobiernos mercenarios para contenerlos.

Por otra parte, estamos necesitando una profunda reflexión social para tomar conciencia de lo que está pasando. No podemos quedarnos en la superficialidad de los hechos, considerando lo ocurrido ahora en París —repetición de otros horrores del tenor del Charlie Ebdó, el 11M o el 11S— como consecuencia de un juego irresponsable, de la locura de unas personas chaladas o del iluminado fanatismo de unos yihadistas sin que haya detrás un porqué. Es cierto que el que mata es el último responsable de lo que hace, pero en Occidente nos estaríamos poniendo una venda en los ojos si no abordáramos social y críticamente los grandes errores que la OTAN, como brazo armado del imperio, está causando en zonas muy calientes del mundo actual. Deberíamos preguntarnos responsablemente por el resultado de gestos como la invasión de Afganistán e Irak, sobre los drones lanzados sobre Pakistán, Yemen o Somalia, sobre la guerra de Libia que, más allá del derrocamiento de Gadafi, llevó al destrozo del país y a inundar de armas el Norte de África y de Oriente Medio; sobre el apoyo que la misma Francia ha estado dando a la insurgencia contra la tiranía de Asad, armando a tirios y a troyanos de forma indiscriminada; sobre los bombardeos que se están llevando contra ISIS donde Rusia ha decidido intervenir en rescate de un gobierno genocida, indudablemente por intereses geoestratégicos y no tanto para liberar a un pueblo doblemente asediado por el terror, —demostrando con esta intervención militar que todas las acciones anteriores, protagonizadas por la OTAN y Estados Unidos, habían sido otra farsa gigantesca—. 

Antes de conceder gratuitamente que el mundo árabe y musulmán ha decidido acabar con la democracia francesa o poner fin a la civilización Occidental —dando razón a las ideologizadas tesis de Huntington— deberíamos oír con mucha atención lo que hay detrás de la frase “Os vamos a hacer lo que vosotros hacéis en Siria”, pronunciada inmediatamente antes del comienzo de los disparos en París.
En Redes Cristianas somos conscientes de que el “realismo político” actual, impuesto por el liberalismo más incivil, considera ingenua y utópica toda propuesta que no sea la de la fuerza o la del “ojo por ojo”. No obstante, queremos decir con claridad que toda respuesta que signifique aumentar el horror sobre el horror, que lleve al fanatismo y al odio contra los diferentes, que suponga doble rasero en el trato a las víctimas está condenada al fracaso. Estamos convencidos de que el yihadismo fanático no representa al Islam como tampoco el catolicismo intransigente coincide con el cristianismo nacido del Evangelio. Ni el Islam ni el Cristianismo auténticos confían a las armas la solución de los conflictos. La verdadera solución viene por las vías del encuentro, del diálogo y del mestizaje. Desde aquí estamos seguros de que tanto el yihadismo fanático como los gobiernos que apoyan al Pentágono son los verdaderos responsables de las barbaries que están ocurriendo hoy en el mundo.

   
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