VII ENCUENTRO DE REDES CRISTIANAS
23 y 24 de octubre de 2021

 

Enviado a la página web de Redes Cristianas

¿“La Palabra de Dios” es un derecho o un privilegio del clero?
El mes de julio trajo una espectacular noticia televisiva. “Pasapalabra” daba un premio de más de 1.800.000 €. Uno de los concursos más seguidos de la historia de la televisión. Durante lustros divierte cada tarde a miles de personas. Me sugestiona y seduce fundamentalmente el “rosco”. El acervo lingüístico, la agilidad de respuesta, la preparación y la cultura general de los concursantes me impactan y asombran.

Hoy, en mi reflexión, me he propuesto hablar de palabras, no de palabrerías. “Las palabras nos hacen y nos deshacen. Tienen un significado dentro de ti y otro fuera”, sentencia el periodista y escritor J. J. Millás. Y es que, a menudo, surgen conflictos y enfrentamientos por las palabras. Ellas, candorosas e inofensivas, descansan apaciblemente en el diccionario, mientras los inteligentes humanos competimos y porfiamos en triviales peleas incitados por los “valores significativos” que les adjudicamos. Hay palabras cuyo significante suscitará discordia para decidir qué significado deben registrar los diccionarios, ajustado a los criterios léxicos y hermenéuticos de ciertas agrupaciones políticas o comunidades sociales y religiosas.

Pienso en las engorrosas y resbaladizas inexactitudes del vocabulario eclesial. Por ejemplo, cuando se habla de “Palabra de Dios”, existe cierta discrepancia entre lo que proclama la Institución y lo que intentamos comprender los creyentes. Jesús es la “La Palabra”. Los escritos del Nuevo Testamento la reflejan como “Voluntad” de Dios. Según “doctrina eclesial”, la originaria “Palabra de Dios” baja en cascada sobre el “Vicario” de Cristo, empapa a obispos, recala en presbíteros… Ahí se estanca. Sólo ellos tienen “palabra” determinante, convincente, indiscutible.

¿“La Palabra” es un derecho o un privilegio del clero? La imagen de la Iglesia “parlante” del mester de clerecía es para taparse los oídos, si bien ellos intentan tapar la boca. Normas anacrónicas, que llaman “sagrada Tradición”, o interpretaciones ambiguas de la Biblia, las imponen como infalible “Palabra de Dios”. Se desvían de su genuino significado evangélico, incorporando normas y preceptos decretados en el CDC y explicados en el Catecismo. Se da más autenticidad y solidez a su Derecho y Catecismo que al Evangelio. La ley sustituye a Jesús. Sutil manipulación. La Iglesia jerárquica practica asiduamente un atávico mutismo. “Pasan palabra” para no mirar la discriminación en la Iglesia de homosexuales, de las mujeres, de divorciados casados en segundas nupcias, de sacerdotes casados… Y en otras innumerables coyunturas.

Personalmente me apasiona “conjugar” (jugar-con) las palabras, reminiscencia tal vez de mis años de profesor de Lengua. Al hilo de estas disquisiciones, “concurso” hoy con la Iglesia, no haciendo la rosca, sino lidiando el “rosco”, como “Pasapalabra”. Elegimos términos de muestreo. Me autodesigno presentador. Vamos allá. ¡¡Tiempo!!

-Empieza por C: “Intervención excesiva del clero en la vida de la Iglesia. Ambición de poder, de privilegio y de preeminencia clerical que impide el ejercicio de los derechos bautismales a los demás miembros del Pueblo de Dios.”

– ¡Consagración! – ¡¡Noooo!! – Intervención excesiva del clero: “Clericalismo”. “Consagración” se refiere a la persona o cosa que ha sido establecida como sagrada. Aplicada al clero, se trata de una arraigada creencia eclesial (aunque no evangélica), pero no corresponde a lo que pedimos.

-Empieza por E: “Escritos neotestamentarios escamoteados por el Derecho Canónico y el Catecismo y adulterados asiduamente por la interpretación sesgada de sus textos.” – ¡Pasa palabra! – Según la definición dada, se trata de “Evangelios”. Cada uno de los cuatro libros que contienen el relato de la vida, mensaje y doctrina de Jesús.

-Empieza por F: Nombre del actual Sumo Pontífice, obispo de Roma, comprometido firme y tenazmente en la necesaria reforma de la Iglesia, intentando impregnarla del Espíritu evangélico y cuya desaparición inminente, por renuncia o muerte súbita, predicen algunos agoreros ultramontanos a través de la “bulopatíapuntocom.”

– ¡Francisco! – Correcto.

-Empieza por H: “Rechazo y discriminación de la Iglesia hacia el colectivo LGTBI y contra sus miembros, considerados, por su orientación sexual, hombres y mujeres de “segunda categoría” y enfermos.”

– ¡Pasa palabra! – Homofobia: Rechazo a la homosexualidad y a los homosexuales Se trata de un colectivo discriminado por su condición y excluido de los ministerios eclesiales, blanco de actitudes hostiles e insultantes, incluso de agresiones mortales.

-Empieza por M: “Aversión y menosprecio hacia las mujeres. Restricción en la Iglesia de la igualdad de la mujer para ocupar puestos de decisión y ministerios, contra la enseñanza evangélica que garantiza la igualdad entre la mujer y el hombre”.

– ¡Pasa palabra! – La palabra que buscamos es Misoginia, esa “hostilidad y animosidad ancestral hacia el sexo femenino”.

– Empieza por O: Se dice del celibato de los sacerdotes por ley eclesial, contrario al estado natural de la persona, prohibiendo el matrimonio a los clérigos de la Iglesia”.

– ¡Oblación! – ¡¡Nooo!! Hablamos del celibato impuesto: “Obligatorio”. “Oblación” es “ofrenda y sacrificio que se hace voluntariamente a Dios”, no obligatoria.

-Empieza por R: Desmesurada ostentación en ritos y ceremonias litúrgicas, con ornamentos, ropajes, atavíos y aderezos suntuosos, báculos, mitras e ínfulas; actitud manifiestamente antagónica a la sencillez y sobriedad de la última Cena de Jesús.”

– ¡Reverencia! -¡¡Nooo!! Desmesurada ostentación en ritos: Ritualismo. “Reverencia” hace alusión al respeto y veneración, no a los ritos.

-Empieza por S: Actitud que Francisco reclama como descentralización de la Iglesia y caminar juntos clérigos y seglares, compartiendo tareas y responsabilidades entre unos y otros sin discriminaciones, preeminencias o privilegios.

– ¡Sacerdocio! – ¡Nooo! La respuesta correcta es Sinodalidad, concepto tan querido por el papa Francisco.

-¡¡¡Tiempo!!! Sondeo concluido. Que cada cual recuente y saque conclusiones.

Las palabras, y menos “La Palabra de Dios”, no están en nuestras manos para manipularlas. Las palabras nos sugestionan y pueden desconcertarnos. Los hechos atestiguan y denuncian la inadmisible manipulación.

“Paso la palabra” al escritor francés Jean Onimus que interpela ingenuamente a “La Palabra”: “¿Por qué vas a ser tú propiedad privada de predicadores, doctores y de algunos eruditos, tú que has dicho cosas tan sencillas, tan directas; palabras que siguen siendo palabras de vida para todos los hombres?”.

   
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