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Sobre este tema reflexiona hoy Pepe Mallo. Dada su vivencia anterior y presente, está dolorido por la falta de preocupación pastoral por los jóvenes en la mayoría del clero actual y principalmente por la expulsión de los grupos Junior y Jóvenes de su parroquia. Los nuevos curas no “se han acercado ni se han puesto a caminar con ellos” (Lc 24, 15), y centran su pastoral en la línea del Catecismo y del Derecho Canónico, es decir, de sacramentalización, confesiones, peregrinaciones, jubileos… Les dejaron solos y han terminado por impedirles que utilicen los locales parroquiales. Decisión triste, sólo clerical. La parroquia, al carecer de Consejo Pastoral, no tiene voz y menos voto. No parece importarles mucho a los “nuevos” curas: como el Consejo Pastoral es meramente consultivo, dicen, ya tienen otras personas a las que consultar cuando lo crean oportuno. Esta es la pastoral de los “nuevos” clérigos. Donde no existen Consejos Pastorales, se produce el dominio clerical absoluto, clericalismo puro, descarado. Como para hacer caso, como dice Pepe, al Papa Francisco: “Hagan lío y vayan contracorriente… Hagan sentir a todos el grito de ustedes, déjenlo resonar en las comunidades y háganlo llegar a los pastores”.

Escribe Pepe Mallo:
“JÓVENES, ¿LOS ETERNOS AUSENTES?
¡¡¿Dónde están los jóvenes?!! Resulta lamentable asistir a misa en la mayoría de las parroquias. En las misas para niños, abundan lógicamente los infantes, acompañados generalmente de sus padres y abuelos y algunos asistentes adultos. En el resto de las celebraciones, que denominaríamos “aptas para todos los públicos”, predominan los adultos, adultos, (no me gusta el término “tercera edad” ni misas para el “imserso”). En ninguna, salvo excepcionales excepciones, se ven jóvenes. Pero no solo en las misas, los jóvenes están totalmente ausentes de las parroquias. Ni están ni se les espera.

La Iglesia no les atrae ni les interesa
Nadie puede negar, por más que algunos intenten ignorarlo, que la religión heredada de nuestros mayores decae históricamente y que ya no juega un papel significativo en nuestro tiempo. Los cambios sociológicos e ideológicos han sido muy profundos; y la Iglesia de hoy ya no articula a esta sociedad del siglo XXI. La sociedad española, particularmente los jóvenes, es hoy irreligiosa o cuando menos arreligiosa. Para la mayoría de los jóvenes de hoy, la Iglesia y la religión tienen poca importancia en su vida diaria. Podemos hablar de indiferencia, es decir, total desinterés y desapego por Dios y por la dimensión religiosa. Se comienza por el abandono de la misa y resto de los sacramentos y se termina pensando que la cuestión de Dios es superflua. Lo que les importa son las perspectivas de su mundo, el oficio, la profesión, la preparación científica y técnica, la felicidad del confort y del dinero, el entretenimiento, los deportes, etc. También han tenido efectos negativos en la vida de fe de los jóvenes los cambios en el concepto de la sexualidad. La severa moral católica no encaja en la mentalidad actual. Al rechazar estas rígidas normas, rechazan también a la institución. La Iglesia no les atrae ni interesa. Las Jornadas Mundiales de la Juventud resultan una vehemente y súbita explosión de entusiasmo, pero sin posteriores repercusiones a niveles parroquiales.

Parece que el papa Francisco empieza a subir las persianas
Francisco quiere recuperar a los jóvenes, “futuro de la Iglesia”. En octubre del 2018 se celebrará el Sínodo de los Obispos sobre el tema “Los jóvenes, la fe y el discernimiento vocacional”. Objetivo: “Acompañar a los jóvenes a responder libremente a la llamada de Cristo”. Se trata de promover el diálogo con los jóvenes. Francisco ha entonado el mea culpa en nombre de la Iglesia por haber fallado a los jóvenes. Y desgrana, en sincero examen de conciencia, una serie de reconocimientos:
– Los jóvenes no se ponen en “contra”, están aprendiendo a vivir “sin” el Dios presentado por el Evangelio y “sin” la Iglesia, apoyándose en formas de religiosidad y espiritualidad alternativas y poco institucionalizadas o refugiándose en sectas o experiencias religiosas de fuerte identidad.
– Los jóvenes perciben la Iglesia como una institución poco atenta a los problemas sociales y poco cercana a la gente, y creen que se les debería dar más “espacio” en todos los ámbitos
– Los jóvenes sienten la necesidad de referentes cercanos, creíbles, coherentes y honestos.
– La comunidad cristiana debe sentirse responsable de educar a las nuevas generaciones.

En carta directa a los jóvenes:
“Hagan lío y vayan contracorriente.” “Hagan sentir a todos el grito de ustedes, déjenlo resonar en las comunidades y háganlo llegar a los pastores.”
(Se da una curiosa paradoja. Se les invita a ” armar lío “, pero si ese lío se arma en la Iglesia, se les margina o, muchísimo peor, se les expulsa que, por cierto, es lo que suele ocurrir.)

“Institución que les quiere a veces imponer las cosas”
También la Conferencia Episcopal Española, ante la celebración del II Encuentro de Equipos de Pastoral Juvenil que ha tenido lugar del 28 al 30 de abril en Granada, apuesta por “atraer a la Iglesia a los jóvenes alejados metiéndose en sus ambientes”. En cuanto a las críticas que hacen los jóvenes a la Iglesia, considera que lo que más les “echa para atrás” es que “no dejan de verla como una institución que les quiere a veces imponer las cosas”. “Los jóvenes no se están quedando en la puerta de la iglesia: ni vienen ya a la puerta de la Iglesia”. Rubrico esta última afirmación. Y la ratifico.

Un ejemplo reciente de jóvenes “desahuciados”
En mis “antaños” de ministerio, recibí la encomienda de dedicarme a la pastoral juvenil. ¡Cómo recuerdo aquellas intensas reuniones de jóvenes, aquellas convivencias, fiestas, celebraciones, acciones sociales, acampadas…! Pero… ¡ya solo son “aquellas”!. Pura añoranza nostálgica. Sin embargo, sí que lamento, sin nostalgia pero con amarga pesadumbre, el ominoso desenlace de la Asociación Juvenil de mi parroquia de “hoy día”, la de aquí y de ahora. Durante más de treinta años, en sus dos vertientes de “Junior” y “Jóvenes”, esta floreciente asociación “parroquial”, animada por los sacerdotes y por competentes y capacitados monitores seglares, ha desarrollado la pastoral de la parroquia desde la poscomunión hasta la confirmación. Los nuevos sacerdotes, en estos últimos tres años, la han venido marginando, más bien ninguneando, centrados especialmente en la sacramentalización de la infancia y de los adultos. No sé si por caridad cristiana o por pastoral evangélica, aún les venían “cediendo” generosamente las dependencias para sus reuniones. Pero hace poco más de un mes se ha producido el irrevocable desahucio de estos extraños “okupas”. Una asociación eficiente y eficaz agente pastoral de la Parroquia ha perdido su original impronta y lamentablemente ha dejado de ser una institución parroquial. Sin comentarios.

Jesús envió a evangelizar, no a cumplir los rituales del templo
Sin duda existe una laguna en la pastoral, por fin reconocida por los distintos estamentos de la Iglesia: “el mundo de los jóvenes”. La Iglesia se aferra a la idea de que la infancia es la etapa básica para el adoctrinamiento, y por eso se dedica con empeño a la pastoral de la sacramentalización. Evangelizar no es solo sacramentalizar. A lo largo de la historia, en muchas ocasiones, la Iglesia no sabido encontrar nuevas formas de evangelización. Hoy día mucha gente de Iglesia no se siente identificada con el Jesús del Evangelio ni con el Reino predicado por Jesús, sino más bien con el Catecismo y el Derecho Canónico. Debería redefinirse, modificar los procesos de catequesis en las parroquias. Priorizar la vivencia del Evangelio y después justipreciar la vida cultual y litúrgica. Las cosas lamentablemente se dan al revés. El “nuevo” clero quiere anunciar el Evangelio sólo por el mero hecho de ir a misa, frecuentar los sacramentos, asistir a procesiones. Jesús envió a evangelizar, no a cumplir los rituales del templo. Anunciar la “alegría del Evangelio” es la misión del Señor confiada a su Iglesia. La pastoral de las parroquias anuncia a menudo la “tristeza del Evangelio”.

El Papa Francisco propone un itinerario
“Primerear, involucrarse, acompañar, fructificar y festejar, haciendo camino juntos. La “salida” significa apertura, generosidad, encuentro con la realidad más allá de las cuatro paredes de la institución y las parroquias”. ¿Quedarán sólo ambiciosas pretensiones? Una parroquia sin jóvenes es una parroquia infantilizada y envejecida.

Pepe Mallo

   
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