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Comunidad de base3Aun seminarista, Octavio Ortiz Luna, llegó a la casa de los sacerdotes en la parroquia Cristo Salvador en Zacamil. Tocó la puerta. Padre Pedro (Declercq) abrió. “Padre, soy seminarista, y quisiera conocer más sobre comunidades eclesiales de base. ¿Ud. puede hacer un tiempo para explicarme qué son, para que sirven en la Iglesia?” Pedro, aún en la puerta le preguntó: “de verdad quiere conocer la experiencia de las CEBs? Contestó Octavio: “¡Claro que sí, para eso he venido!”. Bueno, dijo Pedro, vamos entonces. Invitó a Octavio a subir al carro que estaba en frente. Fueron hasta una zona marginal cercana a la Zacamil, conocida como “Zona Sur”.

Bajaron del carro y entraron en el sector (llamado en salvadoreño: comunidad). Bueno, dijo Pedro, siguiendo la plática: “Aquí estamos. Su tarea aquí es visitar las familias, tomar contacto, e ir ofreciendo amistad iniciando con los hombres. Tome su tiempo (porque no sé cuánto tiempo le darán en el seminario). Cuando tenga 12 hombres que sean amigos suyos y que estén dispuestos a juntarse para compartir y reflexionar sobre la vida, puede avisarme y llegaré para compartir el segundo paso. Ahora lo dejo aquí en este sector. Ya puede empezar a visitar. Yo ya regreso. Le deseo mucho ánimo, porque este trabajo es muy esperanzador.” Pedro salió con su carro. Octavio se quedó ahí, un tanto asustado sobre el contenido de la primera lección acerca de lo que son comunidades eclesiales de base.

Octavio, de una familia campesina de Cacaopera, era humilde y un poco tímido. Pero dijo: ¡lo hago! Empezó a caminar por la zona. Otro día regresó y descubrió que una puerta de entrada a las familias eran los niños que estaban jugando en esas callecitas en medio de las champitas de “lata y cartón”. Les tiraba la pelota o se fijaba en su juego. Otro día regresó, los niños lo reconocieron y le preguntaron como se llamaba porque les había caído bien. Otro día, y otro día,…. Los niños comentaron a su madre o padre. De repente se hicieron un tanto curioso para saber quién era ese joven que andaba en su comunidad. Invitaron a Octavio a entrar. Nunca había entrado a una casita en una zona marginal. Sabía de pobreza rural, por no de la miseria en una zona marginal, con todas las contradicciones y problemas.

Y otro día, otro día…. Octavio no se desanimó, al contrario, cada vez más se motivaba porque iba encontrando acogida, simpatía. Empezó a escuchar las experiencias de vida y del mal llamado trabajo de las familias, de donde venían, qué hacían, sobre los problemas con los vecinos, sobre las aguas negras en el barranco, ….. Y después de un tiempo (no supe cuanto tiempo había tardado) volvió donde el Padre Pedro y con una sonrisa dijo: “Padre, tengo 12 hombres, amigos, en la zona sur donde Ud me había dejado. Estoy listo para recibir la segunda lección sobre qué son y como se forma comunidades eclesiales de base”.

Y realmente esta experiencia de Octavio es el primer paso en la metodología de formar CEBs como se ha vivido y trabajado a partir de la experiencia pastoral de la Zacamil que nació hace 50 años. Padre Pedro escribe en su libro “La Fe de un pueblo”: Cuando los primeros discípulos de Jesús lo conocen en las orillas del Jordán no entienden totalmente ni quién es él, ni a donde van, pero, convocados por Jesús, se quedan con Jesús aquella tarde. Casi inmediatamente se hicieron testigos de lo que “vieron” en Jesús, de la vida nueva que adivinaron en su compañía.

Y empezaron a convocar a sus amigos y a familiares. (Jn 1,43-46). …. Las comunidades empezaron así: convocando a la gente a congregarse, invitándola a unirse. Los convocados se multiplicaron y se hicieron porteros. Andrés llamó a Pedro, Felipe llamó a Natanael.. . Igual sucedió en nuestras comunidades.” De ese paso, como lo hicieron los sacerdotes Pedro, Rogelio, Guillermo, las jóvenes hermanas de la pequeña comunidad y tantos hombres y mujeres “convocados”, Monseñor Romero dice en su discurso en Lovaina: “Este encuentro con los pobres nos ha hecho recobrar la verdad central del Evangelio con que la Palabra de Dios nos urge a conversión”.

Estos días, en reunión ordinaria de una pequeña comunidad eclesial de base integrada con personas de edad que han vivido esta experiencia de muchos años en ese caminar de ir al encuentro con las y los pobres, esa experiencia de ir a toca puertas, recordaban que, al visitar, en muchas familias no les hacían caso, pero seguían tocando puertas. No se desanimaron y poco a poco encontraron acogida y algo del Espíritu brincó entre los que visitaron y los visitados. Andrés llamó a Pedro. “Teníamos que visitar a muchas familias, llegar a muchas casas, para que – después de un tiempo – naciera con algunas una verdadera amistad”. Era la semilla de una nueva CEB.

Personalmente recuerdo como en el año 1978, Tililita de la Comunidad El Paraíso (cerca de Ricaldone), se ofreció para acompañarme (recién llegado al país) y a enseñarme a visitar familias en el sector de San Ramón. Tilita no puede leer ni escribir. Trabajaba lavando ajeno o vendiendo algo por el mercado. Acaba de cumplir 81 años y aún sigue dando testimonio en su CEB, hoy llamada “CEB Padre Pedro” en El Paraíso. Tilita sabe que visitar es el secreto constante de la vida, la convivencia, la fraternidad de una CEB. (2 de julio de 2019).

   
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