images (1)El resultado de las recientes elecciones en Andalucía ha desconcertado a una amplia mayoría de ciudadanos. Pero también ha robado la palabra a la mayoría de los políticos. Solo una “nueva minoría” se ha alzado con una pírrica victoria, que ellos, evidentemente, engrandecen contra todos con furia más que con entusiasmo. Reclamándose de la “Voz”, han dejado a todos sin palabras. ¿Qué es lo que aquí ha pasado?
Hace ya tiempo que muchos nos veníamos preguntando: “Pero, ¿qué está pasando” en este país?, ¿Qué nos está pasando? Voces de otros tiempos inundaban cada día con mayor intensidad nuestras calles, nuestras asambleas y manifestaciones, nuestra atmósfera ya por sí cargada de polución…

Voces bien conocidas, que resonaban amenazantes sobre las palabras serenas de la ciudadanía, sobre la inteligencia y la cordura, fracturando la convivencia social: “¡A por ellos”!
Extrañamente, a España no la había alcanzado, sin embargo, la fiebre que se cernía ya como una epidemia por el universo mundo: EEUU con Trump, Hungría con Orbán, Francia con Le Pen, Italia con Salvini, Brasil con Bolsonaro… ¿No nos había alcanzado… o no la percibíamos de tan cerca que la teníamos…?
Parecía de nuevo que “España es diferente”, o que hasta a la desgracia llegábamos con retraso… Pero, de pronto, nos hemos topado con ella y nos ha sacudido directamente en el rostro en estas elecciones. Es la ola amenazadora de la ideología autoritaria, de corte totalitario, en nuestro suelo con la marca particular del franquismo, que creíamos definitivamente vencida y disuelta tras la experiencia terrible de la guerra y la herida profunda del Holocausto en Europa, y entre nosotros tras la difícil pero al final lograda transición a la democracia, pero que se alza de nuevo cargada de furia y resentimiento… Se acabó la “diferencia española”: ¡ya tenemos extrema derecha!
Todo esto pasaba mientras las mayorías pobres y marginadas eran prácticamente abandonadas a su suerte durante la feroz crisis económica, causada por aquellos que vivieron infinitamente por encima de las posibilidades de ellas y por aquellos que pervirtieron la política con la corrupción hasta reducirla al grado 0 o dejarla irreconocible.
Con razón interpretan muchos la llamativa abstención en las pasadas elecciones, precisamente en las zonas de pobreza y marginación, como una denuncia callada a las fuerzas políticas que dejaron en la estacada a sus habitantes. Pero esa denuncia de los humildes nada tiene que ver con la Voz de aquellos que han saltado a la escena pretendiendo confundir la verdadera política con la negación de la democracia, las libertades, la solidaridad y la memoria de las víctimas. Y todo ello rociado con agua bendita…
Y eso es “lo que nos pasa”….

 
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