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Desde la mitad más reciente de la Guerra Fría hasta nuestros días el continente latinoamericano vivió, por así decirlo, tres ciclos.
Primero las dictaduras militares que fueron una respuesta al embate de la Lucha de Clases y al intervencionismo provocado por la geopolítica de aquel entonces. Estas instauraron a la fuerza la injusticia, pero solo en Chile construyeron un sistema neoliberal efectivo y extremadamente radical, que a pesar de muchas reformas se mantiene.

Por otro lado ese sistema se instaló en democracia a través de los líderes mesiánicos de finales de los 80 y principio de los 90, dando lugar al segundo ciclo, entre aquellos personajes se encuentra Collor, Menem o Caldera, todos cayeron, pues como señalo Orlando Letelier aquel sistema neoliberal era imposible implantar sin el autoritarismo (siguiendo una línea histórica, tampoco el capitalismo va de la mano a la democracia, eso es una falacia de occidente). Estos gobiernos llevaron al pueblo por inercia a los denominados “gobiernos democráticos-populares”, el tercer ciclo que finalizo tras la caída en general de la izquierda en América Latina.

Y la razón de esa caída pasa por dos temas centrales. El primero de ellos es la forma de construir una democracia participativa, pues la caída del Socialismo Real nos mostró como la política de vanguardia y el ideario centralizador del estalinismo es nefasto, tuvimos que volver a tomar a Marx, a Rosa Luxemburgo, Gramsci, a los Fabianos, Deleonistas, etc. Y llegamos acertadamente a la idea de la participación política; la Voluntad Colectivo Nacional, se construye en Intelectual Colectivo, en cambiar la Superestructura cultural y jurídica rompiendo las líneas tradicionales de la democracia burguesa y la jerarquización centralizada de la discusión patriarcal. Pero aquella solución lo hicimos a medias, pues de tras de la mala praxis alrededor de nuestra primera respuesta acertada como izquierda estaba el segundo tema central, la izquierda no se ha dado el tiempo si quiera de organizar y politizar al pueblo mismo.

Es por ese error que ese pueblo criado bajo el miedo, sin acceso a un sinfín de servicios, criado en el consumo y clientelismo, ese ciudadano creditcard como señaló Moulian, atiende a su estómago normalmente sin responder a su conciencia pues esta está dominada por la Hegemonía existente, no somos capaces de enfrentarla. Los éxitos de la izquierda latinoamericana, con el respeto que se merecen, fueron por la precarización de la vida con la derecha y el clientelismo del mismo votante, la ruta política e ideológica que rescata de nuestra experiencia Laclau; el Populismo, fue la misma razón del porque que perdimos. Hicimos bienestar social (con muy mala economía política muchas veces, y muchas otras con mucho miedo a los Golpes de Estado sufridos antes) y una democracia participativa, pero bajo lógicas neoliberales, no creamos Poder Popular, no hubo autogestión, la Sociedad Civil participo en tramos determinados por intereses particulares con propaganda vacía, que en el mejor de los casos disputo el nacionalismo a la derecha pero más allá de eso no disputo la Hegemonía.

La Izquierda Cristiana de Chile se planteó en su fundación y ratificó este año –en medio de nuestro proceso de reorganización- la idea de que no existe Izquierda Política sin Izquierda Social, pues la política nace y se desarrolla en torno de lo cotidiano en el territorio o entorno. Queda que con los aprendizajes de nuestra derrota empezar ese trabajo micro político del que tanto escribo y realizamos como jóvenes de la IC en Chile, pues desde la política directa y popular se cambian conciencias, se mejora la vida ahora ya y se crea organización de la clase trabajadora.

Alonso Ignacio Salinas García.
Coordinador Juventudes Izquierda Cristiana de Chile.
Columnista “Reflexión y Liberación” y “Redes Cristianas”.
Estudiante de Derecho Pontificia Universidad Católica de Chile.

   
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