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Proyecto petrolero Chad-Camerún: El precio monstruoso de un simple sueño.
Varios años después del lanzamiento del proyecto petrolero Chad-Camerún, los observadores están de acuerdo en afirmar que este proyecto es, para la población civil, una simple fantasía.
Se decía que, ya se trate del Camerún o del Chad, el proyecto de construcción de un oleoducto de más de 1,070 Km. para transportar el petróleo en bruto sacado del subsuelo chadiano era, sin duda, mejor que la reducción de la deuda de esos países, un verdadero maná, un dinamizador para las economías de estos dos países.

Pero los beneficios previstos en términos de empleo, nuevas inversiones, infraestructuras sociales y liquidez de los Bancos para relanzar el sector privado, no han sido más que espejismos. El oleoducto Chad-Camerún no ha aportado nada bueno a la situación socio-económica de los dos países. Por el contrario, los efectos de la explotación del petróleo chadiano está siendo, cada vez más, una pesadilla para sus ciudadanos.
Hace un año ya, en la sede de la Fundación Friedrich EBERT en Yaundé (Camerún), se presentó un libro llamado “El petróleo del Chad: ¿sueño o pesadilla para el pueblo?” escrito por Martin Petra y Naygotimti Bambé.

Este trabajo ha revelado al público, la duplicidad que ha rodeado la firma de los principales contratos del proyecto petrolero Chad-Camerún. Según los autores de ese libro, el proyecto de oleoducto no ha resuelto ningún problema de subdesarrollo de la población chadiana y camerunesa. Por el contrario, sin que se haya derivado ni un solo beneficio en favor de la población local, la perforación de más de 300 pozos de petróleo y la construcción del oleoducto ha privado a centenares de miles de personas de sus tierras cultivables, gracias a cuya explotación podían vivir. Las instalaciones modernas, como la estación de servicio, pistas de aterrizaje, depósitos y talleres de reparación, han llevado consigo trastornos en su modo de vida, sin que hayan acarreado las adaptaciones necesarias a tales cambios. Hay menos empleo, no se han hecho más pistas transitables y la gente se ha visto desalojada de tierras cultivables, como consecuencia del oleoducto.

El atractivo de la «modernidad» ha suscitado el aumento de la criminalidad, la prostitución y un tipo nuevo de miseria para miles de personas privadas de tierras cultivables. De ahí que el desempleo haya aumentado, mientras que los jóvenes han vuelto al camino fácil de la delincuencia.

En efecto, asistimos a un fuerte aumento de la prostitución en las zonas limítrofes al oleoducto con todas sus consecuencias endémicas, como la sífilis o el sida. Han parecido nuevas maneras de vandalismo, como los llamados “cortadores de vías”, esas bandas organizadas que saquean a los viajeros en el Chad y el Norte del Camerún, cortando las sendas de tránsito. Esto se explica, en parte, por la mala gestión del proyecto petrolero.
Está claro que no se han protegido los intereses de la población ni por parte del Estado ni por las ONGs. Los Estados, víctimas de la corrupción, han hecho surgir de la nada a algunos millonarios entre los responsables de los expedientes, mientras que las ONGs, sin experiencia, se han dejado engañar por el consorcio de Compañías creadas para administrar el proyecto.

Los redactores del trabajo han puesto el acento en el hecho de que los Gobiernos han engañado a las ONGs en el momento de la firma de los acuerdos. Concretamente, los 15 millones de dólares prometidos como indemnización a los cameruneses desplazados por el oleoducto, ahora se ve que son insignificantes, si se tiene en cuenta los centenares de miles de personas a las que se ha privado de centenares de miles de hectáreas de tierras, destruyendo sus cultivos. En la actualidad, se cuentan más de 4.500 denuncias realizadas por la población afectada, que no ha encontrado beneficio alguno en la actividad petrolífera que, según algunos estudios realizados, destruye los campos, poniendo en peligro a más de 7.000 agricultores.

La realidad es que ha habido personas no afectadas a las que se ha indemnizado, mientras que otras, afectadas verdaderamente, no sabían siquiera que tenían posibilidad de obtener alguna indemnización. Ha habido también exclusión de determinados grupos sociales, los más patriotas y atentos a estas operaciones y se ha beneficiado a otras, dispuestas a inundar los “media” de un apoyo desleal a las acciones corruptas del consorcio de Sociedades del oleoducto.

Al final, el sueño de las poblaciones chadiana y camerunesa afectadas por el proyecto, no se ha convertido en realidad. El Camerún y el Chad, después de 5 años desde que comenzó el proyecto, siguen empobreciéndose, viviendo en la miseria y las turbulencias sociales. La cobertura social anunciada con gran pompa no se ha respetado durante la fase de construcción del oleoducto y el ecosistema ha sufrido efectos indebidos por la explotación del petróleo chadiano. Y continuará haciéndolo. Varios observadores, como Lang Firmin, piensa incluso que “el riesgo es grande de que aumenten los conflictos violentos alrededor del petróleo en el Chad y Camerún. La gente sufre y sufrirá aún más por este proyecto de oleoducto del Chad-Camerún”. La solución para vencer situaciones así, es que el pueblo se organice y se implique en la firma de los acuerdos que rigen los grandes proyectos.

Actualmente, no se puede decir que el proyecto petrolero Chad-Camerún sea un proyecto de desarrollo y que no tendrá consecuencias para las instituciones estatales afectadas y el pueblo que ha caído en una trampa que los Gobiernos no han podido atajar.

No podía ser de otra manera, desde el momento en que la mayoría de los poderes políticos no buscan la protección de los intereses de sus pueblos sino que los dirigentes se contentan con satisfacer sus intereses egoístas y salvaguardar su poder frente a los chantajes y presiones ejercidos por los grandes grupos económicos de sus antiguos Estados coloniales. Si no se hace nada para que los Estados del Sur recuperen su propia soberanía, es evidente que los grandes intereses (ecológicos y humanos)

   
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