VII ENCUENTRO DE REDES CRISTIANAS
23 y 24 de octubre de 2021

 

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Las religiones son expresiones que han surgido entre los humanos en busca de respuestas a interrogantes existenciales. Responden al hambre y sed de trascendencia del ser humano.
La pluralidad religiosa no es una amenaza a nuestras convicciones, valores culturales y creencias sino un elemento que enriquece y fortalece la propia identidad cultural y religiosa. Algunos, como Samuel Huntington, señala que las religiones son elementos de choque de civilizaciones. No creo que pueda aceptarse esta teoría que convertiría el mundo en un caos. El choque de civilizaciones responde a una construcción ideológica por intereses económico-financieros y geopolíticos, sobre todo de Occidente, para mantener su poder sobre el mundo. Ciertamente, a lo largo de la historia, las religiones han sido fuente de violencia en las distintas sociedades.

Recordemos las atrocidades de la inquisición y las guerras religiosas entre católicos y protestantes que regaron de sangre Europa, y más recientemente, los atentados terroristas de grupos islamistas como al Qaeda, el llamado estado islámico (ISIS) y Boko Haram, entre otros. Pero también es cierto que las religiones poseen un potencial de paz y fraternidad universal. No es este el momento de describir el bien que las religiones, en concreto cristianas, han hecho y siguen haciendo en el mundo, sobre todo al servicio a los más desfavorecidos.

Hoy, después de 20 años de la cruel invasión a Afganistán por parte de Estados Unidos, apoyada por la OTAN, los talibanes, sector musulmán ultraconservador y rigorista, han tomado de nuevo el poder, al mismo tiempo que al Qaeda y el ISIS se han reorganizado y empezado a cometer horrorosas masacres. El fundamentalismo religioso islámico ha llevado a estos movimientos a la intolerancia e incluso a la persecución y muerte de adversarios.

Sin embargo, el islam es religión de paz, como todas las religiones, y se complementan unas con otras como las notas de una divina sinfonía. Cada una representa un papel importante en el gran drama de la evolución humana y su marcha hacia un destino común de convivencia, armonía universal y desarrollo espiritual de los pueblos, como señala el Papa Francisco en la Fratelli Tutti.

Nos quejamos del rigorismo religioso de los talibanes, sobre todo en relación con las mujeres, pero no nos damos cuenta de que en Arabia Saudí acontece algo semejante. El wahabismo saudí, interpretación ultraconservadora del islam, ha estado apoyando a los talibanes, favoreciendo el nacimiento de al Qaeda y después del estado islámico. Recordemos que los autores de los atentados del 11 septiembre de 2001 en Estados Unidos fueron saudíes, destacándose como autor intelectual Osama Bin Laden, quien anteriormente había colaborado con Estados Unidos en el derrocamiento del Partido Democrático Popular de Afganistán, socialista, apoyado por la URSS. Es por eso que, entonces, Estados Unidos armó a los talibanes e incluso, favoreció la creación de al Qaeda para evitar la expansión soviética por Asia.

En definitiva, los móviles de fondo del conflicto afgano, como lo fue también la invasión de Irak, Libia y la guerra de Siria, responden a intereses económicos y geopolíticos. Para ello utilizan la religión, llevando al extremo el fundamentalismo islámico, que sirve como cortina de humo para ocultar los verdaderos intereses. Hoy, la religión en Afganistán se ha convertido en opio político para los señores de la guerra y para las potencias interesadas, sobre todo Estados Unidos, China, Rusia, Reino Unido, Arabia Saudí, países del Golfo…

Nunca la guerra es la solución a los conflictos. La violencia engendra violencia. La invasión de 2011 no ha favorecido al pueblo afgano, más bien, lo ha empobrecido aún más, ha generado una espiral de violencia y ha engordado la corrupción de una minoría.

El único camino es el diálogo, basado en el respeto mutuo, en la transparencia y búsqueda del bien común de los pueblos. De ahí que el criterio fundamental desde el cual se debe confrontar todas las expresiones religiosas es la defensa de la vida, el respeto a los derechos humanos, la opción por los pobres, el alivio del sufrimiento humano, la equidad de género y la humanización de este mundo.
Concluyo con unas palabras de Hans Küng: “No habrá paz entre las naciones sin paz entre las religiones. No habrá paz entre las religiones sin diálogo entre ellas”.

   
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