EL DIOS DE LA RELIGIÓN Y EL DIOS DE JESÚS DE NAZARET

A través de los siglos nos han llegado unas imágenes del Dios cristiano, tanto a católicos como a protestantes, que el hombre moderno  pone en interrogante o incluso rechaza. Son imágenes de un Dios antropomórfico, creado a semejanza del ser humano, pero más poderoso e inabarcable. Unas imágenes que resultan irracionales para la modernidad, y contradictorias  con los descubrimientos científicos. Esta imagen de Dios es incomprensible, si no es acudiendo al misterio como sinónimo de lo irracional y absurdo. Desde que el movimiento iniciado por Jesús  se fue convirtiendo en una religión, el cristianismo, se ha ido distanciando  de las señas de identidad  de la vida y el mensaje de Jesús de Nazaret. El cristianismo dejó de ser un movimiento y convertirse en una religión, semejante al resto de religiones monoteístas (judaísmo e islam).

A raíz de la celebración del Concilio Vaticano II,  y siguiendo sus recomendaciones, los cristianos hemos vuelto la mirada hacia los orígenes. Hemos leído y estudiado los escritos del Segundo Testamento.  Hemos ido descubriendo que el Dios de Jesús de Nazaret tiene poco que ver con el Dios trasmitido por la oficialidad  de la religión cristiana. Y se nos ha manifestado un Dios más comprensible para la modernidad y más cercano al Dios que Jesús de Nazaret nos ha querido transmitir a través de su mensaje y su vida.

En el presente escrito queremos señalar, por una parte, la figura del Dios cristiano transmitido por la tradición y vigente hoy en la teología oficial de las iglesias cristianas. Descubrir, en segundo lugar, al Dios que la experiencia de Jesús de Nazaret quiso compartir con sus seguidores. Y, finalmente, comparar ambas realidades que hoy subsisten mezcladas, la mayoría de las veces, y no siempre diferenciadas, en el interior de los que se proclaman creyentes en la Transcendencia.

  1. EL DIOS DE LA RELIGIÓN CRISTIANAEl movimiento iniciado por Jesús se fue convirtiendo poco a poco en religión hasta llegar al siglo IV en que Constantino la nombró religión oficial del imperio. A partir de este tiempo y hasta el momento actual el cristianismo ha ido asimilando los elementos comunes a la mayoría de las religiones, especialmente las monoteístas: Una institución poderosa, con un Estado, el Vaticano, unos ministerios, los diversos dicasterios, unos embajadores, los Nuncios, y unos gobernadores en las diversas provincias, las diócesis; con unos lugares donde celebrar los ritos religiosos, templos y catedrales, unos intermediarios entre Dios y los seres humanos, los sacerdotes, con unas verdades principales, los dogmas, y un código de funcionamiento, el Código de Derecho Canónico.Podemos describir la imagen del Dios del cristianismo, vigente durante muchos siglos hasta la actualidad en los siguientes términos: El Dios del cristianismo es un Ser Omnipotente. Creador del universo y del ser humano, de una vez por todas. Habita en los cielos, en las alturas, desde donde dirige el devenir del mundo y la vida de los seres humanos. Es un Dios Trino, Padre, Hijo y Espíritu Santo. Es un Juez que juzga con justicia la vida de las personas, siendo  premiador de buenos y castigador de malos. Habla a los seres humanos a través de la Biblia, que es Palabra de Dios, comunicando a los autores de los libros lo que tienen que decir. Se ha comunicado con la humanidad a través de Cristo, su Hijo, en el que se ha encarnado. Por el sacrificio redentor en la cruz de su Hijo  perdona el pecado original de los seres humanos y los salva. Es legislador de unos mandamientos que deben cumplir sus seguidores. Se hace presente de un modo especial en unos lugares  sagrados, los templos. Tiene una institución, la Iglesia, depositaria de su mensaje a la humanidad, expresado en los dogmas y con un código legislativo, el Código de Derecho Canónico. Interviene en el mundo a través de acontecimientos extraordinarios, los milagros. Por ello sus seguidores se dirigen a Él para que resuelva sus problemas, solucionando los males que aquejan a la humanidad. Goza de unos intermediarios, personas consagradas, sacerdotes, todos ellos hombres, para comunicarse con la tierra. Distribuye sus dones, la gracia divina, a través de los sacramentos, signos eficaces  de la gracia divina. Al cielo, lugar donde habita, desean llegar al final de la vida sus seguidores.

    Este Dios, fabricado por la persona humana, difícilmente puede ser aceptado por la modernidad, pues se opone a la misma entidad de Dios, el Totalmente Otro, el Infinito, y a los descubrimientos de la ciencia en la época moderna.

  2. EL DIOS DE JESÚS DE NAZARETDios se ha revelado en la historia a través de Jesús de Nazaret, quien por su vida y su mensaje, ha comunicado a la humanidad, quién es Dios  y cuál es su voluntad. Jesús no ha fundado ninguna religión, sino que inició un movimiento, formado por comunidades con sus seguidores, mujeres y hombres, hablando de  Dios y de su Reinado.El Dios de Jesús es un Dios que interviene en la historia humana (signos de los tiempos) con una finalidad salvadora, liberadora. Es el Dios de la historia. Es en la historia donde Dios sigue actuando y manifestándose. Es un Dios creador de modo permanente y continuo, siendo la Energía cósmica que impulsa la evolución del mundo y la humanización del ser humano, actuando  en el mundo a  través de la acción y las leyes de las creaturas.  Es el Fundamento del Ser, de la Vida y del Amor. Es sobre todo en Jesús de Nazaret, en su vida y en su mensaje, donde podemos conocer algo del Absoluto, del totalmente Otro. Jesús nos habla de Dios como Abba, Padre-Madre, misericordioso especialmente con el pobre, el enfermo, el marginado, la mujer, el desplazado de la sociedad (parábola del hijo pródigo, Lc 15,11-32). El Dios de Jesús es Amor. Es la única definición de Dios que aparece en el Segundo Testamento en boca de Juan (I Jn 4,8). Dios está allí donde se aman las personas, porque es la Fuente primordial del amor. Su mandamiento principal y único es el amor (Mt 22, 34-40). Dios se halla en la intimidad del ser humano, en nuestra propia inmanencia. A Dios lo encontramos en nosotros mismos. El Dios de Jesús es también el Dios de los pobres. Los pobres son los preferidos de Dios. Es además el Dios del Reino, cuyo anuncio es el mensaje central de la predicación de Jesús de Nazaret. Este Reino cuya ley fundamental son las bienaventuranzas (Mt 5, 1-10), es vida, bienestar, salud, paz, convivencia. Este Reino está dirigido principalmente a los pobres, pacíficos, limpios de corazón, los que sufren, los perseguidos por la justicia. Reino que consiste en conseguir una vida digna y justa para todos, combatiendo el hambre y la sed, acogiendo al inmigrante, vistiendo al desnudo, y visitando al enfermo y encarcelado (Mt. 25, 34-41). Al Dios de Jesús lo descubrimos en la comunidad reunida en su nombre para celebrar su presencia a través del Espíritu y descubrir sus manifestaciones en los acontecimientos de la historia (signos de los tiempos).

    Este Dios que nos da a conocer Jesús de Nazaret es más comprensible para la persona moderna, una vez superada la dualidad del cielo y la tierra, de arriba en las alturas y de abajo en la tierra, de los dos planos o pisos. No hay que buscarlo fuera de nuestro mundo, sino en la interioridad y profundidad del universo y del ser humano.  Se impone no confundir ambas imágenes y distinguirlas claramente. Las consecuencias en la praxis  son radicalmente  contrarias. Una es la imagen del Dios de la religión (cristiana) y otra bien diferente la del Dios de Jesús de Nazaret, un Dios sin religión.

    Jesús Gil García

    Comunidad Cristiana  Popular de Balsas

    Zaragoza, Enero 2014.

   
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