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Inmigrantes11Diario La Opinión de Murcia, sábado 6 julio 2019
Dos noticias han dado la vuelta al mundo en días pasados. Una, la de la niña Valeria de apenas dos años, ahogada abrazada a su padre también ahogado, cuando intentaban cruzar el río Bravo para llegar a Estados Unidos. Nos trajo a la memoria la imagen del niño sirio Aylan Kurdi tendido sobre la arena. La otra noticia es la de Carola Rackete, de nacionalidad alemana, valiente capitana del barco Sea Watch que fue arrestada en la isla italiana de Lampedusa después de que rescatara a 42 refugiados en el mar Mediterráneo. Carola priorizó el rescate frente a la normativa gubernamental.

La oleada de personas que huyen del hambre y la violencia es imparable y va creciendo. Unos salen huyendo de Centroamérica hacia Estados Unidos. Otros caminan hacia Europa desde Oriente Medio, particularmente de Siria, Irak y Afganistán y del África subsahariana (Somalia, Eritrea, Sudán del Sur, Mali, Chad, Nigeria, Camerún…). No hay mar, ni río, ni desierto, ni muros, ni vallas que frenen la oleada de personas que huyen del hambre y de la violencia.

Ante el flujo migratorio Europa cierra fronteras. Visualiza a los inmigrantes como invasores y como un peligro. Cierra sus puertas a los que salen huyendo de sus países a causa del hambre y las guerras. Son hombres, mujeres y niños que tratan de buscar un lugar seguro donde vivir dignamente. Europa no reconoce que, en gran medida, la inmigración es consecuencia de la explotación y saqueo que hacen las transnacionales del norte global de los recursos naturales del sur. Tampoco reconoce que los inmigrantes son fuente de riqueza para los países receptores donde realizan los trabajos más duros que los europeos no quieren hacer.

Soplan ideologías de muerte, cargadas de intolerancia, odio, miedo, racismo, xenofobia, homofobia, aporofobia y fundamentalismos políticos y religiosos. Aparecen partidos de extrema derecha. En España ha habido en las últimas elecciones un considerable auge de esta ideología de muerte, marcadamente racista y antiinmigratoria.

La Europa solidaria y defensora de los Derechos Humanos ha claudicado. Se le ha ahogado la humanidad en el Mediterráneo. Hay países que se niegan rotundamente a acoger refugiados con el pretexto de conservar sus raíces “cristianas” frente a la invasión, según ellos, de otras culturas.

Europa se blinda en una fortaleza. Se han endurecido las políticas de asilo para que cada vez sea más difícil acceder al derecho de protección internacional y ha llegado a acuerdos con terceros países que no garantizan los derechos humanos, como Turquía y Marruecos, para que sean estos los que contengan a los migrantes. A través del proyecto FRONTEX ha entregado millones de euros a estos países, para que no dejen embarcar a ningún migrante o refugiado. Es por eso que se dirigen a Libia, que es un estado fallido, sin ley, desde la caída de Gadafi, pero en este país son sometidos por las mafias a trabajos forzados y esclavitud.

Al no existir vías legales y seguras los migrantes se ven obligados a acudir a las mafias para echarse al mar en rústicas barcazas. La Unión Europea gasta más recursos en defender sus fronteras, que en salvar vidas y abordar las causas de los desplazamientos humanos.

Muchos refugiados, huyendo del infierno del hambre y la violencia, se encuentran con la muerte en el camino, ahogados en el Mediterráneo. En los últimos diez años, más de 35.000 personas han muerto ahogadas en su intento de llegar a Europa. El Mediterráneo se ha convertido en la fosa de cadáveres más grande del planeta. El número de fallecimientos sobrepasa el 50% de los refugiados muertos en el mundo en los últimos cinco años. El Mare Nostrum es ahora el Mare Mortuum.

La política de la Unión Europea sobre migración y refugiados es discriminatoria y represiva, señala Amnistía Internacional. Persisten las devoluciones en caliente, violando los artículos 13 y 14 de la Declaración Universal de DDHH. Europa, como también Estados Unidos, construye muros y vallas cada vez más altas con cuchillas, para defenderse de los pobres. Ahí están las de Ceuta y Melilla. Parecería que ha cedido al chantaje de los grupos políticos xenófobos y fascistas que crecen en varios países de la Unión.

Europa considera a los migrantes como un deshecho humano, gente sobrante. Esta realidad es un indicador de que vivimos una profunda crisis de humanidad, crisis de civilización, crisis ética y espiritual. Es la mayor crisis que estamos viviendo hoy en Europa y concretamente en España.

En medio de este oscuro panorama es esperanzadora la actitud de diversas ONGs como el Aquarius, Open Arms de Proactiva, el buque Aita Mari de Salvamento Marítimo, que han retomado los rescates de inmigrantes en el Mediterráneo central, contraviniendo órdenes del gobierno español. Todas ellas tienen prohibido por la Unión Europea realizar labores de rescate.

Estos días ha sobresalido la actitud de Carola Rakecte, capitana del barco Sea Watch, quien ha sido acusada por el ministro del interior italiano, Matteo Salvini, de “comportamiento criminal” y de favorecer la inmigración ilegal. Su único delito es haber sido una mujer valiente, profundamente humana y solidaria. Ha salvado decenas de personas de morir ahogadas en el Mediterráneo, cumpliendo con un principio fundamental del derecho marítimo: el deber de salvar vidas. Por eso la Justicia italiana la dejó en libertad.

Si el mundo avanza es gracias a personas como Carola, Helena Maleno y multitud de mujeres y hombres solidarios. Unos se dedican al rescate marítimo, otros al acompañamiento de refugiados en los campos de Grecia, otros colaborando en Casas de Acogida o en plataformas de migración, otros denunciando y concienciando, otros organizando Círculos de Silencio… Son signos de esperanza de un mundo alternativo, más humano.

   
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