VII ENCUENTRO DE REDES CRISTIANAS
23 y 24 de octubre de 2021

 

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ENSAYO. PLATÓN PEDÍA que se atase a los filósofos con cadenas para forzarlos a interesarse por el Estado. Más teoría antes de llegar a la acción. Vendría bien que los intelectuales modernos pensasen en cómo cambiar el mundo, y no tanto en preocuparse por cómo conservarlo. Más esperanza y menos apocalipsis. No se ha acabado el tiempo de la poesía.

Pese al diagnóstico de Adorno, ni Auschwitz ni las catástrofes que producen esas cosas tan ingenuamente llamadas “crisis” liberan al intelectual (menos, al político) de buscar otras maneras de construir una Humanidad verdaderamente humana.
Contra el Günter Anders de La obsolescencia del hombre, ofuscado contra el esperanzado Ernst Bloch, se alzan las ansias del hombre que apenas sabe dos cosas cuando entra en el uso de su razón: que ha de morir y que debe luchar por maneras mejores de vivir.

¿Utopías? Sí, utopías. En el reino de la mentira, hasta la propia palabra goza de mala salud. Molesta la verdad, prosperan las simulaciones.
Se arrebatan derechos a las personas, hasta matarlas de hambre, pero el Poder
dice actuar para mejorarles la vida. A Tácito ya le enfadaban tales eufemismos,
con la anécdota del comandante romano que acabó de forma brutal con una tribu
revoltosa e informó a Roma, eufórico, que lo que había hecho era llevar la paz a la región.

“Crean un páramo, y lo llaman paz”, reprochó Tácito. Corren malos tiempos para la
verdad, pero también para la utopía. Calificar a una persona de utópica es, muchas
veces, un insulto. La situación de destierro en que viven los proyectos utópicos es similar a la de los poetas en la República de Platón, expulsados de la ciudad ideal porque no alcanzan la verdad. Frente al inconformismo de l Mayo francés (¡Seamos realistas, pidamos lo imposible!), domina el resignado “seamos realistas, atengámonos a los hechos”.

Sobre esas premisas es sobre las que Tamayo construye este libro, a la manera
de una enciclopedia del pensamiento utópico, desde la Antigüedad griega a las utopías
revolucionarias de la Modernidad, también la feminista y la antiglobalizadora, las
más recientes. Como era de esperar de uno de los grandes teólogos contemporáneos, el
autor exhibe su espléndida madurez con un capítulo sobre la Biblia, gran enciclopedia
de utopías y contrautopías, además de modelo de conquistas y derrotas, de avances y
retrocesos, en fin, de amores y crueldades terribles. El título de la obra ya expresa el compromiso ético del autor. El objetivo es doble: rehabilitar la utopía con sentido crítico y dialéctico en medio de la oscuridad del presente, y, también, ponerla al servicio de la emancipación humana.

Tamayo completa así su trilogía sobre la utopía, cuyas dos entregas anteriores son: Religión, razón y esperanza. El pensamiento de Ernst Bloch (1992) y Para comprender la escatología cristiana (2008), uno de los mejores estudios sobre la esperanza cristiana. Juan G. Bedoya

   
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