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SOBRE EL DUENDE O DAIMON
“Lo Demónico. El duende y el daimon”. VVAA. Andrés Ortiz-Osés y Luis Garagalza (coordinadores).
Ed. Anthropos. Barcelona, 2019. 205 páginas
Quien abra cualquiera de los libros de Andrés Ortiz‑Osés (Tardienta, 1943), que ya vienen siendo muchos, no tardará en tropezarse con el concepto o la figura del “daimon”, y los adjetivos derivados: daimónico o demónico. Algo que se debe aprender a distinguir de lo demoniaco. No sorprenderá, por tanto, que, entre él y un puñado de afines hayan concluido por dedicar un libro al tema, un valioso conjunto de ensayos titulado “Lo Demónico”, trabajo colectivo publicado por Anthropos y coordinado por el propio filósofo monegrino y su discípulo Luis Garagalza.

Esta del “daimon” es una de las claves interpretativas que maneja con mayor insistencia Ortiz‑Osés y que, en cierto modo, es algo más que una clave entre otras claves, porque vendría a ser una imagen de su labor interpretativa, y si a este autor se le quiere definir de un modo simple (cosa complicada) el calificativo de hermeneuta puede ser el que mejor le conviene.

Como tal, será también un manejador del lenguaje, alguien que consigue de su español una autosuficiencia extraordinaria para crear sentidos, a diferencia de muchos otros filósofos que parecen estar traduciendo, con miedo a contaminar literariamente unos textos que difícilmente pueden crear sentido sin crear lenguaje. (Y cuelo aquí una pregunta para los próximos jurados del Premio Aragón de las Letras: ¿cómo es posible que no tengan este premio ni el poeta Fernando Ferreró ni el ensayista Ortiz‑Osés? Espero que no se les considere demasiado jóvenes.)

Debe decirse que la labor de Ortiz‑Osés en la Universidad de Deusto creó escuela. No sólo son las ideas las que transmitió, yo diría que su preocupación por el lenguaje la han heredado sus discípulos. Este nuevo libro se abre y cierra con textos del maestro, pero su núcleo duro es un ensayo firmado a dos manos por Luis Garagalza y Josetxo Beriain: “El daimon de la Hermenéutica y el reencantamiento del mundo”. Ellos nos advertirán sobre la ambivalencia de lo demónico, que bascula entre la noción daimónica socrática como instancia mediadora entre dioses y hombres, asimilable al “mana” de las culturas polinesias, o al wakan sioux, y la noción judeocristiana de lo diabólico, que tiene que ver con la reinterpretación de los viejos dioses como demonios, y con una reglamentación estricta de las relaciones con el Dios único (y de rebote, con el sentido).

Este excelente ensayo revisa, entre otras cosas, las teorías de Cornford sobre la evolución de la conciencia individual, desde un mundo “lleno de dioses”, o la reflexión de Heine sobre el exilio de estos dioses, para terminar atreviéndose a hablar de la filosofía y del deseo. “Eros es filósofo y la filosofía es erótica”, nos dicen. Es necesario convertir la labor filosófica en juego, en “fin en sí mismo”.

A este juego se incorporar los demás colaboradores del libro: Blanca Solares, Luz Aída Lozano Campos, Emmánuel Lizcano, Michael Marder, Héctor Fernández Medrano. También José Ángel Bergua, profesor de sociología en la Universidad de Zaragoza, quien dedica su ensayo a una crítica (felizmente polémica) de las sucesivas teorías lacanianas.

Resulta paradójico que el daimon, confundido con el demonio, se parezca un poco al ángel de la guarda. Pero es importante que este ángel nos invite, de vez en cuando, a hacer lo que no debemos, o lo que nadie ha hecho. Como apostilla al título (“Lo demónico”) se alude al “duende y el daimon”. Este asunto del duende tiene que ver con Lorca y el flamenco. En un coloquio, el filósofo italiano Gianni Vattimo tuvo que pedirle a su amigo Ortiz‑Osés que le aclarase esa idea del “duende”. “El duende –le explicó– se dice influjo o influencia, inspiración mítico‑mística, transracional”. Como es habitual en sus últimos tiempos, y animado por su duende, Ortiz‑Osés no se corta a la hora de incorporar tras sus ensayos, perfectamente urdidos, la metralla de sus aforismos, e incluso poemas. Es allí donde termina diciendo que “lo demónico es el ser que coyunda/ los contrarios reunidos en Hermes/ los opuestos reunidos en Abraxas/ la fratria del sentido y sinsentido”.

   
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