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San Pablo, Madrid 2017
Decir haciendo es una recopilación de artículos y posts que su autora, Pepa Torres, ha seleccionado entre los publicados en la revista Alandar y en los blogs de EntreParéntesis y Cristianisme y Justícia, en torno a sus varios compromisos.
Pepa Torres Pérez es religiosa apostólica del Corazón de Jesús y vive en el barrio de Lavapiés. Es teóloga feminista, educadora social, pero sobre todo se siente militante de muchas de las causas vinculadas a las luchas por la dignidad y la igualdad de las mujeres, las personas migrantes y los movimientos sociales, entre los que se mueve como pez en el agua.

La dedicatoria ya nos muestra de dónde proviene su compromiso vital y cuál es el espíritu que la mantiene y la mueve: “A mis abuelas Araminta y Saturnina, mujeres de periferia y resistencia, y por cuyos sueños de libertad y emancipación hoy soy, en parte, lo que soy”.
Sí, porque todo lo que ha dejado tan bien escrito en este libro, no solo tiene el sustrato de una historia que la ha vivificado y concedido unas profundas raíces vitales, y de una formación teológica, social, política y humana profunda y sólida, sino que todo lo expuesto ha pasado por el crisol de la experiencia, del día a día, de las luchas, las alegrías, las lágrimas, las derrotas, las luchas y las esperanzas de todas las mujeres y los hombres con quienes convive y a quienes acompaña.

Son muchas las asociaciones que aparecen en estas páginas, a las que Pepa apoya. Pero sobre todo presenta personas, muchas de ellas de religión musulmana y que viven en Lavapiés.
Sí, en especial musulmanes, con quienes reza semanalmente en su casa. Una casa abierta a quien la necesite y que comparte con dos mujeres más, Mayte y Carre, con quienes ha formado una comunidad intercongregacional que provoca la admiración de toda la gente que pasa por su hogar, abierto a quien desee compartir con ellas sus vidas.

La oración que empezó un día de forma aislada, se ha convertido desde hace años en un encuentro que convoca a personas cristianas, musulmanas, de otras religiones o sin adscripción religiosa alguna. Y lo que se celebra en ella es la vida concreta, con sus problemas, su sufrimiento, sus gozos, la amistad y el anhelo por una sociedad más justa y fraterna. El agradecimiento al Dios de Jesús y a Alá, por todo lo que se vive en el día a día. Y lo cierto es que quien asiste, repite. Por algo será… Lo dice el autor de esta presentación por experiencia personal.

Decía que en el texto se hacen presentes, con la mayor naturalidad del mundo, las luchas de las trabajadoras del hogar de Territorio doméstico, la librería y el Centro social Traficantes de sueños, los inmigrantes que acaban de saltar la valla de Melilla, la vecina musulmana que les trae un plato cocinado por ella, los militantes que apoyan a los refugiados o por una Sanidad universal, los grupos de mujeres feministas… Porque Pepa sabe que no puede hablar de un Dios bueno, Padre y Madre, misericordioso, sin nombrar a las víctimas del sistema que sufren y que, sin embargo no deben ser objeto de asistencia, sino sujetos dignos de su propia vida e historia, junto a quienes se comprometen de igual a igual con su suerte y su liberación.

Nos dice:
“Desde mi doble condición de teóloga y activista reclamo la teología del grito. Porque los excluidos y excluidas no son mudos. Tienen voz. Gritan con sus bocas, en diversidad de acentos y lenguas, y cuando estas son acalladas siguen haciéndolo con la palabra de sus cuerpos”.
Resuenan en estas palabras las de Monseñor Romero, a quien admira profundamente, y de quien ha aprendido que nadie se puede comprometer a fondo, con los marginados de nuestra sociedad y del mundo, sin una espiritualidad y una mística de vida que te sostenga, anime y vivifique. Y este es otro de sus rasgos más característicos: en todo lo que vive, en lo que se compromete, en lo que comparte, se aprecia una profunda mística, que transparenta y atrae. Sus palabras, sus abrazos, su compromiso, su fuerza vital nacen de algo que la nutre interiormente, desde el seguimiento de Jesús por la plena humanización de las mujeres y los hombres, con quienes comparte su existencia.

No oculta nada, denuncia las injusticias con pelos y señales, nombra a los culpables del daño que provocan a los más débiles, tanto en la sociedad como en la Iglesia, pero detrás de todo ello hay un proyecto de amor, de esperanza, de gozo fraterno, de utopía y esperanza labradas en los acontecimientos diarios. Y los grandes proyectos no difuminan las pequeñas alegrías, los mínimos detalles que dan otro sabor a la cotidianidad: la flor del balcón, las confidencia de la amiga, el diálogo sereno tomando un café, el abrazo matutino al árbol en el parque…
Todo la nutre, en todo contempla ese algo más que queda balbuciendo, desde la más absoluta normalidad. Y todo condimentado con el sabor inconfundible de su atención, su ternura y su amistad.

   
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