VII ENCUENTRO DE REDES CRISTIANAS
23 y 24 de octubre de 2021

 

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TamayoReseña:
Tamayo, Juan José.
La compasión en un mundo injusto.
Barcelona: Fragmenta, 2021.
Yo quiero eso: demostrar que la cosa más normal en los seres humanos no es la violencia ni la avaricia, sino el amor y el cuidado.Sally Rooney.1
Políticamente hemos comprendido la compasión de manera paralizante. Se comprende como una actitud moral e individual, exclusivamente privada. Tenemos compasión por los desafortunados en ese pequeño instante en el que aparecen ante nosotros, para desaparecer nada más retornar la atención ante nuestros asuntos privados, sin duda más importantes que la desgracia ajena.

Juan José Tamayo da un giro copernicano a esta concepción privada de la compasión. El teólogo de la liberación, que recientemente ha celebrado su 75 aniversario, nos presenta su nueva obra La compasión en un mundo injusto en la cual hace un repaso a las concepciones alternativas de la compasión en el mundo intelectual, proponiendo, así, una nueva apropiación de este concepto para la emancipación y la liberación.

La división entre lo privado y lo público, lo interno y lo externo, reproduce la concepción de la compasión en la cual no podemos hacer nada con ella. La distinción burguesa público-privado impide que nuestros sentimientos sean efectivos. Lo privado debe permanecer en su esfera, sin afectar en absoluto a lo público, que presenta su esfera propia e independiente. Este esquema se repite sistemáticamente en las sociedades liberales. El caso evidente es el de la religión, que debe enclaustrarse en lo privado y en los lugares de culto sin intervenir en lo público ni participar de ello. Se trata del esquema de la secularidad, que divide artificialmente nuestra existencia en dos realidades excluyentes2.

«Pero la compasión no puede quedarse en la esfera privada o en las relaciones interpersonales» (p. 33) nos dice Juan José Tamayo. El autor nos propone desde el comienzo una nueva comprensión de la compasión que «requiere participar activamente en el sufrimiento ajeno» (p. 32). Compadecerse no va a significar para el autor una actitud puramente interiorista. La compasión debe ser activa, debe ir de la mano con la denuncia profética. Compadecerse implica crítica, autocrítica y acción.

Construir, frente a este mundo injusto, un mundo bello.
Casi a la par que Juan José Tamayo, la novelista irlandesa Sally Rooney presentaba su tercera novela Dónde estás, mundo bello, título extraído del poema de Friedrich Schiller Los dioses de Grecia. En la novela, la autora hace una reflexión que bien podría haber incluido Juan José Tamayo en su obra:

Nuestras complejas redes internacionales de producción y distribución ya han llegado a su fin otras veces, pero aquí estamos, tú y yo, y aquí está la humanidad. ¿Y si el sentido de la vida en la tierra no es un progreso eterno hacia algún objetivo indefinido: el diseño y la producción de tecnologías cada vez más poderosas, el desarrollo de formas culturales cada vez más complejas e ininteligibles? ¿Y si esas cosas no hacen más que emerger y retirarse de manera natural, como las mareas, pero el sentido de la vida sigue siendo siempre el mismo: vivir y estar con otras personas?3

Frente al mundo injusto, en crisis constante, en el que las leyes del capital diluyen todas las relaciones sociales en relaciones entre cosas, Rooney y Tamayo proponen la compasión, el cuidado y el amor.

A lo largo de las páginas asistimos a una reconstrucción de la compasión, a su acercamiento a la política emancipatoria. Juan José Tamayo nos presenta la compasión puesta por y para la liberación. Para el autor, sin compasión, no podremos construir ese mundo bello, ese mundo justo, de liberación.
Juan José Tamayo devuelve, con esta obra, la humanidad a la política. Mientras asistimos a los estragos políticos de la pandemia, en los que la ultraderecha populista se abre camino en todo el mundo y avanza posiciones, esta obra nos permite pararnos a pensar acerca de aquello que merece la pena, para descubrir por qué luchamos.

En la obra nos encontramos con un recorrido que hace el autor de la compasión en todas las realidades humanas. Repasa la compasión en las religiones, tratando de rescatar la positividad del termino y la potencialidad emancipatoria que se encuentra en ella y en las religiones, puestas por y para la humanidad. En la recuperación del término, Juan José Tamayo descubre su significación para la religiosidad. Asimismo, recupera una forma de religiosidad alejada de las estructuras de poder y el establecimiento del status quo.

La persona religiosa deberá compadecerse de quien sufre, adoptando una actitud crítica sobre ese mundo que permite el sufrimiento. En última instancia, la compasión es la toma en consideración de la posición religiosa en su radicalidad: un mundo injusto es una ofensa para la religiosidad. ¿Cómo construir el Reino de Dios, por ejemplo, en un mundo en el que impera el sufrimiento y el dolor? La compasión cristiana y religiosa obliga a actuar, a expulsar de este mundo el dolor y el terror, a construir, en definitiva, un mundo verdaderamente humano.

La compasión estará, por tanto, relacionada con la esperanza política. Juan José Tamayo acude en este momento a la teología política de Johan Baptist Metz. La recuperación política de la compasión que realiza el autor se encuentra dirigida hacia el futuro. Compadecerse precisa de una esperanza políticamente funcional, que denuncie la realidad del mundo en nombre de un futuro emancipado todavía no realizado.

Juan José Tamayo no reduce la compasión a la esfera de los sentimientos internos, sino que le otorga legitimidad y actualidad en la misma praxis política. La compasión será para el autor un tema práctico; no tendrá sentido la compasión fuera de la actuación política para la emancipación.

Nada resume mejor este libro que aquella cita que el filósofo alemán de la Escuela de Frankfurt Herbert Marcuse le dice a Jürgen Habermas con la que Juan José Tamayo abre el libro: «Ahora ya sé en qué se fundan nuestros juicios de valor más elementales: en la compasión, en nuestro sentimiento por el dolor de los otros».
Y es en el dolor de los otros donde debe situarse la compasión activa que nos propone el teólogo y filosofo Tamayo. Debemos ponernos en el lugar de las víctimas, ver la realidad con sus ojos, para descubrir la imperiosa necesidad de la acción política. La compasión no es ya un sentimentalismo vago, sino la razón de nuestra lucha por la justicia y de nuestra solidaridad con las personas en situación de vulnerabilidad extrema. Porque, ciertamente, no hay compasión sin justicia y solidaridad, como desarrolla en uno de los capítulos centrales del libro.

   
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