VII ENCUENTRO DE REDES CRISTIANAS
23 y 24 de octubre de 2021

 

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La “confusión eclesiológica” está en la mente del cardenal Sarah
La reflexión sobre el “sacramento del Orden y Bautismo” (p. 111-116) arranca de la presencia del cardenal Sarah “en todos y cada uno de los debates” del sínodo sobre la Amazonía. Allí, dice, escuchó reiteradamente la “necesidad de pasar de una `pastoral de la visita´ a una `pastoral de la presencia´, y reclamar por ello la ordenación al presbiterado de los diáconos permanentes casados” (p. 111). El cardenal piensa que “las comunidades cristianas amazónicas tienen una necesidad urgente de un `diaconado de la fe´” (p. 112). Pero no de presbíteros. La Iglesia está presente, dirá, “donde hay un bautizado, y difunde el Evangelio donde hay un confirmado”.

No hay que “clericalizar” a catequistas y misioneros. “Ellos son los auténticos constructores de nuestras parroquias… Un cristiano bautizado y confirmado debe convertirse -en palabras del papa Francisco- en `discípulo misionero´. ¿Por qué queremos clericalizarlos a toda costa? ¿No confiamos acaso en la gracia de la Confirmación que nos hace testigos de Cristo? ¿El testimonio y el anuncio de Jesús le están reservados exclusivamente al clero?” (p.112).

Si se ordena de presbíteros a los “diáconos permanentes casados”, como propone el sínodo amazónico, “nos dirigimos a una confusión eclesiológica. El Vaticano II nos invitaba a reconocer el papel de los laicos en la misión de la Iglesia: `Los cristianos seglares obtienen el derecho y la obligación del apostolado por su unión con Cristo Cabeza. Ya que insertos en el bautismo en el cuerpo místico de Cristo, robustecidos por la Confirmación en la fortaleza del Espíritu Santo , son destinados al apostolado por el mismo Señor´ (AA 3). Si limitamos la presencia de la Iglesia a una presencia clerical, perdemos la aportación fundamental de la eclesiología conciliar. Allí donde está presente un bautizado hay una Iglesia viva. Allí donde un confirmado difunde el Evangelio, Cristo lo anuncia con él. ¿Nos atreveremos a despojarnos de nuestra mentalidad clerical? La historia de las misiones nos invita a ello” (p. 112-113).

Respuesta:

La “confusión eclesiológica” está en la mente del benemérito cardenal. Si la Iglesia es la comunidad cristiana, el Pueblo de Dios, los bautizados, “la congregación de todos los creyentes que miran a Jesús como autor de la salvación y principio de la unidad y de la paz” (LG 9)…, ¿cómo puede escribir que ordenar de presbíteros a unos “diáconos permanentes casados” es “limitar la presencia de la Iglesia a una presencia clerical”? Pero si él mismo dice que la Iglesia son los bautizados, ¿cómo es posible que diga a continuación que por el hecho de ordenar de presbíteros a algunos de éstos, si están casados, automáticamente la presencia de la Iglesia queda reducida al clero? Las iglesias orientales ¿no tienen laicos? Absurdo total.

Y sigue ahondando en su error al proponer ejemplos de la historia de las Misiones para demostrar que las iglesias pueden seguir en pie, aunque no tengan presbíteros. Con lo cual contradice la enseñanza conciliar sobre la necesidad de la Eucaristía: “fuente y cumbre de toda la vida cristiana… Los alimentados con el Cuerpo de Cristo manifiestan de modo concreto la unidad del Pueblo de Dios, que aptamente es significada y maravillosamente realizada por este augustísimo sacramento” (LG 11). “Por la Eucaristia continuamente vive y crece la Iglesia… Por ella queda unida toda la fraternidad” (LG 26). “En la santísima Eucaristía se contiene todo el bien espiritual de la Iglesia… La eucaristía aparece como la fuente y culminación de toda la predicación evangélica…” (PO 5); “Ninguna comunidad cristiana se edifica si no tiene su raíz y quicio en la celebración de la sacratísima Eucaristía” (PO 6)

Ejemplos para demostrar que la Iglesia puede vivir sin sacerdotes:

-Iglesia del Japón: “los cristianos pasaron dos siglos sin presencia sacerdotal. Aún así, continuaron transmitiendo la fe y el bautismo… Cada generación de cristianos japoneses enseñó la tres señales que permitirían reconoce el regreso de los sacerdotes: `serán célibes, habrá una imagen de María y obedecerán al Papa de Roma´. De forma intuitiva los fieles identificaban el celibato sacerdotal como una `característica´ que revela la naturaleza del sacerdocio y de la Iglesia” (p. 114).

– Iglesia de Corea: “La Iglesia se formó a partir de la evangelización de laicos bautizados como Pablo Chong Hasag…”.

– Uganda: “los mártires Carlos Lwanga y compañeros, todos cristiano jóvenes…”.

– Testimonio de un misionero en Angola: “Una vez finalizada la guerra civil de 2002, pude visitar comunidades cristianas que, durante treinta años, no habían celebrado la eucaristía, ni visto a un sacerdote, pero permanecían firmes en la fe y eran comunidades dinámicas, dirigidas por el catequista -un ministerio fundamental en África- y otros ministros: evangelizadores, animadores de la oración, trabajo pastoral con las mujeres, servicio a los más pobres” (p. 115).

“Estos ejemplos confirman que el celibato sacerdotal y el dinamismo bautismal se refuerzan mutuamente. La ordenación de hombres casados transmitiría una señal lamentable de clericalización del laicado; provocaría un debilitamiento del celo misionero de los fieles laicos al dar a entender que la misión está reservada al clero…; daría lugar a una verdadera confusión de los estados de vida; enturbiaría el significado del matrimonio y debilitaría el apostolado de los bautizados; impediría que la Iglesia se entienda a sí misma como la Esposa amada de Cristo y traería consigo la confusión respecto al verdadero lugar que ocupa la mujer en ella” (p. 115-116).

Respuesta:

– Estos ejemplos confirman que el “el sacerdocio ministerial (no el celibato) y el dinamismo bautismal” son necesarios para la vida eclesial plena. Si alguno de ellos no se realiza, la vida eclesial carece de una parte esencial.

– “Ordenar hombres casados” no significa nada de esto: “clericalización del laicado, que la misión esté reservada al clero, confusión de los estados de vida; enturbiamiento el significado del matrimonio, debilitamiento el apostolado de los bautizados…”.

– Lo grave es que no pueda haber ministerio sacerdotal y laical por culpa de la misma Iglesia, por su cobardía para cambiar sus normas humanas, que provocan tal situación y privan de derechos esenciales a las comunidades. Lo recuerda el Documento del Sínodo amazónico: “Existe un derecho de la comunidad a la celebración, que deriva de la esencia de la Eucaristía y de su lugar en la economía de la salvación…” (n. 110). “Muchas de las comunidades eclesiales del territorio amazónico tienen enormes dificultades para acceder a la Eucaristía. En ocasiones pasan no sólo meses sino varios años antes de que un sacerdote pueda regresar a una comunidad para la Eucaristía, el sacramento de la reconciliación o ungir a los enfermos de la comunidad…” (n. 111).

– Por ello dicen: “proponemos establecer criterios y disposiciones de parte de la autoridad competente, en el marco de la Lumen Gentium 26, de ordenar sacerdotes a hombres idóneos y reconocidos de la comunidad que tengan un diaconado permanente fecundo y reciban una formación adecuada para el presbiterado, pudiendo tener familia legítimamente constituida y estable, para sostener la vida de la comunidad cristiana por la predicación de la Palabra y la celebración de los Sacramentos en las zonas más remotas de la región amazónica…” (n. 111). Esto en absoluto es “señal de clericalización del laicado y reservar exclusivamente al clero el testimonio y el anuncio de Jesús”. Es querer realizar la Iglesia en su plenitud.

Leganés, 25 de marzo de 2021

   
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