VII ENCUENTRO DE REDES CRISTIANAS
23 y 24 de octubre de 2021

 

Enviado a la página web de Redes Cristianas

“La verdad del sacerdocio católico” no incluye el celibato
“Conclusión: a la sombra de la cruz” (p. 167-173). Poco más de seis páginas, sesgadas de supremacismo clerical. Se inician con una hipótesis falsa: “muchos sacerdotes son tentados por la idea de renunciar y de abandonar todo”. Son los sacerdotes “heridos por la revelación de tantos escándalos” y los “desconcertados por los incesantes cuestionamientos de su celibato consagrado” (p. 167).

Respuesta:

– No conozco ningún caso de semejante tentación. La “revelación de tantos escándalos” del clero no hiere a un cristiano adulto. Más bien, sabiendo la verdad, puede hacer un buen diagnóstico y ponerle remedio. El seguidor de Jesús “goza con la verdad” (1Cor 13,6b).

– Los genuinos tentadores de “renuncia y abandono” son los abusadores y quienes les han ocultado. Ellos han empujado a la renuncia y abandono del Evangelio a sus víctimas.

– Nadie cuestiona su “celibato consagrado”. Se cuestiona su vinculación obligatoria con el ministerio. Vinculación que ha expulsado del ministerio a miles de sacerdotes, dejando sin guía pastoral infinidad de comunidades. Esas vidas rotas no parece que les preocupen mucho a los amigos de la ley. A pesar de que saben que dicha vinculación no es voluntad del Espíritu de Jesús. Más bien es “luchar contra Dios” (He 5,39), “entristecer al Espíritu” (Ef 4, 30) o “apagarlo” (1Tes 5,19), al no dejarles ejercer uno de sus dones más específico, como es la vocación ministerial.

Como si el celibato fuera la fe cristiana o la Eucaristía, pregunta a los sacerdotes como Jesús a los Doce: “¿También vosotros queréis marcharos?” (Jn 6,67). Identificándose con Pedro (supongo que sabe que estaba casado) y su sucesor, escribe una oración iniciada con las palabras evangélicas: “Señor, ¿a quién iremos? Tú tienes palabras de vida eterna…” (Jn 6,68-69). Veamos algunos párrafos:

– “Tu `sí´ al Padre es incondicional… Nosotros, los sacerdotes, queremos seguirte hasta ese `sí´ perfecto… Tú eres nuestro único bien, nuestra única heredad.

– Junto con John Henry Newman, te suplicamos:

Penetra y posee todo mi ser… Brilla a través de mí, y mora en mí…

Haz que me miren y ya no me vean a mí, sino solamente a ti, oh Señor…

Haz que predique sin predicar, no con palabras, sino con mi ejemplo…

– Jesús crucificado, mira a tu Iglesia como miraste a María desde lo alto de la cruz. Tú se la diste por madre a Juan, el apóstol sacerdote y casto. Tú se la confiaste para que fuera `todo su bien´ (Jn 19,27). Ten piedad de tu Iglesia… Ten piedad de tus sacerdotes. Concédeles también a ellos recibir a María. Recuérdales que no tengan otro bien que tu Iglesia…

Respuesta:

– Esa oración puede hacerla suya cualquier cristiano convencido. El verdadero cristiano desea seguir a Jesús de forma incondicional. Basta leer las condiciones para ser discípulo: posponer a padre y madre, a mujer e hijos, a hermanos y hermanas, e incluso a sí mismo, cargar con la cruz del amor gratuito… “Todo aquel de entre vosotros que no renuncia a todos sus bienes no puede ser discípulo mío” (Lc 14,25-33).

– El desprendimiento radical -“pobres de espíritu”- no impide el amor a la familia, poseer lo necesario, ejercer los derechos humanos como el formar una familia, etc.

– En el apóstol Juan, Jesús dio su madre a todos los discípulos, incluidos los sacerdotes.

“Necesidad de confesar nuestro amor a la Iglesia… Hemos querido entregarle nuestra vida como Cristo la suya. No la abandonaremos jamás…”. Agradece “ese don inmerecido de servir y amar a la Iglesia”. El ministerio es “misterio”. “Ante ese misterio, exclamamos con san Agustín : `¡Oh misterio de bondad, oh signo de unidad, oh vínculo de caridad! El que quiere vivir tiene dónde y de dónde vivir. Que se acerque, que crea, que se incorpore para ser vivificado. Que no renuncie a la cohesión de los miembros, que no sea un miembro podrido digno de ser cortado, ni un miembro deforme de modo que se tenga que avergonzar´ -In Johanis Evangelium, 26, 13-” (p. 170).

Respuesta:

– El sacerdocio ministerial [“don inmerecido de servir y amar a la Iglesia”] lo califica de “misterio”, y le aplica un texto de san Agustín sobre el misterio de la Eucaristía, sin decir que dicho texto se refiere a la Eucaristía. Exaltación supremacista del ministerio clerical.

– Puede tener un sentido piadoso, pero no es aplicable unívocamente al ministerio clerical. Su aplicación piadosa podría hacerse a cualquier otro ministerio, incluso a la vida de todo cristiano. Todos estamos llamados a ser “sacramento del piedad” del amor divino, “signo de unidad” en el Espíritu de Jesús, “vínculo de caridad”. En el cristiano hay “dónde vivir, y de qué vivir… Acérquese, crea, incorpórese para ser vivificado. No sienta repugnancia de la trabazón de los miembros, no sea un miembro podrido que merezca ser amputado, no sea deforme que deba ruborizarse de ello…” (Tratado 26, 13; comentario a Juan 6, 41-59).

“Era nuestro deber sagrado recordar la verdad del sacerdocio católico… Sirviéndose de él, se ha cuestionado toda la belleza de la Iglesia. La Iglesia es un misterio. Es la Esposa mística de Cristo. Eso es lo que nuestro celibato sacerdotal recuerda constantemente… Es urgente, es preciso que nadie… se deje impresionar por argumentos equivocados, puestas en escena teatrales, mentiras diabólicas y errores de moda que quieren desvalorizar el celibato sacerdotal…” (p. 171).

Respuesta:

– “La verdad del sacerdocio católico” no incluye el celibato. “Sirviéndose de él” nadie puede “cuestionarse toda la belleza de la Iglesia”. No sólo “el celibato sacerdotal recuerda constantemente al mundo el misterio de la Iglesia, ni el hecho de ser “la Esposa mística de Cristo”, ni “el celibato sacerdotal protege su misterio”. La belleza de la Iglesia está en vivir el amor de Jesús. El ministerio sacerdotal “encuentra el vínculo de la perfección sacerdotal en el ejercicio de la caridad pastoral” (PO 14). Ejercicio común de casados y célibes, como sucede en la Iglesia Oriental donde hay presbíteros casados muy meritorios” (PO 16).

– Nadie quiere “desvalorizar el celibato sacerdotal” por “celibato”, sino por ser exigido obligatoriamente para el ministerio. Celibato y ministerio son dones concedidos libremente por el Espíritu. La Iglesia abusa de su poder al exigirlos en la misma persona. Escandaliza que siga manteniendo una ley no evangélica, por huir de problemas humanos necesarios. Impedir este derecho humano está condenado en el Nuevo Testamento (1Tim 4,3).

– “La mirada de fe sobre la Iglesia y sobre el celibato” no incluye la vinculación necesaria entre ministerio y celibato. Respetar esta verdad es “el mejor baluarte” contra la tesis del cardenal Sarah, que quiere convencernos de lo contrario.

“¿Qué debemos hacer? En primer lugar, volver a escuchar la llamada de Dios: `sed santos, porque Yo, el Señor, vuestro Dio soy santo´(Lv 19,2). La ordenación sacerdotal lleva a la identificación con Cristo… `¡Ay de mí, si no evangelizara!´” (p. 172-173).

Respuesta:

– “Sed santos” es también llamada de Jesús a todos: “sed misericordiosos como vuestro Padre es misericordioso” (Lc 6,36). Santidad que Jesús manifestó de forma perfecta y a la que invita a todo cristiano, célibe o casado. La santidad es vida en el Amor.

– No es “la ordenación sacerdotal” lo que “lleva a la identificación con Cristo”, sino el bautismo. Célibes y casados podemos identificarnos con Cristo. La ordenación sacerdotal nos consagra para servir cuidando el evangelio, los sacramento y el amor comunitario. Célibes y casados pueden prestar muy bien este servicio si han recibido vocación para ello.

Leganés (Madrid), 21 de mayo de 2021

   
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