VII ENCUENTRO DE REDES CRISTIANAS
23 y 24 de octubre de 2021

 

Enviado a la página web de Redes Cristianas

maria-magdalenaFiesta litúrgica 22 de Julio
María Magdalena es una de las figuras más difamada y pobremente entendida en la historia de la Cristiandad. Desde el siglo cuarto, la Magdalena ha sido entendida como una prostituta o una pecadora pública, que después de encontrar a Jesús, se arrepintió y dedicó el resto de su vida a la oración y la penitencia. Pero los textos bíblicos, estudiados sin prejuicios tendenciosos, presentan una personalidad muy diferente de María Magdalena; en estos pasajes se descubre una verdadera líder de las comunidades, muy cercana a la vida y a las enseñanzas de Jesús.

La Primera Testigo de la Resurrección:
Todos los Evangelios la muestran como la primera testigo del evento más importante de la fe cristiana, la Resurrecci6n de Jesús (Mateo 28,1-10; Marcos 16,1-14; Lucas 24,1-12; Juan 20,1-18); María Magdalena es la primera que VE a Jesús resucitado, es la primera que CREE EN EL y es la primera que ANUNCIA la resurrección a los otros Apóstoles. Además, María Magdalena andaba con Jesús y los doce y, junto con Juana y Susana, apoyaban la misión de Jesús con sus propios recursos financieros (Lucas 8:1-3; 23,47-49; Mateo 27, 54-56).

El nombre de María Magdalena aparece en los cuatro Evangelios como la primera que descubre la tumba vacía. El evangelio de Juan reporta que ella entonces corrió para llamar a Pedro y a los otros, quienes verificaron que en realidad la tumba estaba vacía y abandonada; sin embargo, es María Magdalena quien tiene la primera visión de Jesús resucitado. Por esto algunos estudiosos incluso creen que María Magdalena fue la única que presenció la aparición del Resucitado y que la presencia de Pedro y los otros es un añadido literario posterior.

Los evangelios fueron escritos a partir del año 50 y 60 después de la muerte de Jesús, para cuatro comunidades muy diferentes, y el hecho que María Magdalena aparezca en todos ellos como la primera testigo de la Resurrección, significa que eso era un hecho reconocido en todas las comunidades existentes. El Evangelio de Juan también dice que Jesús envió a María Magdalena a anunciar la Buena Noticia de su Resurrección a los otros discípulos; esto llevó a varios escritores antiguos de la Iglesia a llamarla “el apóstol de los apóstoles”. Por otra parte, antiguos escritos cristianos describen que había comunidades de creyentes que eran dirigidas por el ministerio de María Magdalena. Los estudiosos creen que esto indica que ella era una mujer muy conocida y valorada entre los seguidores de Jesús y las primeras comunidades Cristianas.

¿Qué pasó entonces?
¿Qué pasó entonces para que en 21 siglos de historia del cristianismo, nunca hubiéramos oído hablar del papel tan importante de María Magdalena durante la vida de Jesús, y de su destacado liderazgo en la Iglesia primitiva? Hay varias explicaciones posibles. Una de las explicaciones es la falsa lectura del Evangelio de Lucas que dice que “siete demonios fueron expulsados de ella”(Lucas 8:1-3).

Muchos predicadores hicieron entender esto como si ella hubiera sido una pecadora. Pero según el lenguaje religioso de los primeros siglos, los cristianos que oían esto entendían solamente que María había sido curada de una enfermedad muy seria, en ningún momento que ella fuera pecadora. Popularmente las enfermedades se atribuían a la influencia de espíritus malos, de modo que la presencia de una enfermedad no era asociada necesariamente con el pecado. El número siete simbolizaba solamente que su enfermedad, o había sido muy severa o que se había repetido varias veces.

Otra falsa interpretación muy común proviene de una confusión entre dos pasajes bíblicos que hablan de mujeres diferentes, pero que algunos predicadores trataron de mezclar, identificando a María Magdalena de Lucas 8, 1-3 con “la mujer pecadora” de Lucas 7:36-50. El relato de María Magdalena de Lucas 8:1-3 aparece inmediatamente después del relato de Jesús en la casa de Simón, por lo cual muchos predicadores asociaron equivocadamente a María Magdalena “de quien fueron expulsados siete demonios ” con la mujer arrepentida “que derramó el perfume sobre los pies de Jesús”. Sin embargo, los lugares y los temas de los dos relatos son tan diferentes que es imposible identificar a María Magdalena con la mujer del relato precedente en la casa de Simón.

Otra, aunque dolorosa explicación es que, a partir del cuarto siglo, los líderes hombres de la Iglesia trataron de minimizar la participación exitosa de las mujeres, ya que la aceptación del cristianismo como religión oficial del imperio Romano obligó a las comunidades a trasladar el culto de las casas, donde la dirección de mujeres era aceptada, a la celebración de un culto en templos públicos donde la dirección de las mujeres era considerado impropio y vergonzoso; por lo cual las comunidades que continuaban teniendo mujeres como dirigentes fueron ignoradas, e incluso varias fueron suprimidas, no porque sus enseñanzas fueran heréticas sino porque las mujeres estaban comprometidas en la dirección.

Precisamente a partir del siglo cuarto se refuerza la identificación de María Magdalena con la pecadora arrepentida, la cual se hizo oficial con las homilías del Papa Gregorio el Grande en los años 560 a 604. Las homilías del Papa llevaron a la imaginación popular a reconocer a María Magdalena como una mujer lasciva y pecadora necesitada de arrepentimiento y no como la fiel discípula de la resurrección y la líder más destacada de las primeras comunidades cristianas.
Afortunadamente los recientes estudios del siglo veinte nos están devolviendo una imagen más real de María Magdalena. Esperamos que dos mil años de falsas interpretaciones sean reversados para que esta líder de la Iglesia primitiva pueda convertirse de nuevo en el modelo inspirador para los nuevos discípulos de hoy, así como lo fue para aquellos que dieron testimonio de Jesús resucitado en los orígenes de la Cristiandad

   
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