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Comunidad de base3En nuestro esfuerzo por describir las características de CEBs (que son a la vez sus desafíos), ya hemos mencionado: (1) el respeto por la diversidad de expresiones y vivencias de CEBs, (2) una vida real de comunidad, de fraternidad, (3) con una clara misión evangelizadora así como la realizó Jesús, (4) la tarea de ser promotora de desarrollo, motor de transformación liberadora, (5) lo que entendemos por “la comunión con el obispo”, (6) ser Iglesia en oración. En esta reflexión nos referimos a otro de los 12 ejes que la CEB Alfonso Acevedo en San Ramón / Mejicanos definió en su camino hacia su X aniversario. La CEB es Iglesia que celebra, también la Eucaristía.
La fraternidad vivida lleva también a ser una comunidad festiva, una comunidad que celebra los acontecimientos de la vida de sus miembros, de su comunidad, de otras comunidades, y en nuestro pueblo. Las celebraciones de la memoria de las y los mártires de la Iglesia y del pueblo reciben un lugar preferencial en la dimensión celebrativa.

Es bueno recordar como Monseñor Romero nos aclaró que son verdaderos mártires (en el sentido popular). Y por supuesto la celebración de la memoria de Jesús de Nazareth, su entrega fiel y su resurrección están en el centro de la vida de la CEB.
La variedad y diversidad de las CEBs se muestran también en sus maneras de celebrar esa memoria. En comunidades (más inspiradas en el carismatismo y/o el neocatecumenalismo), integradas en las parroquias, celebran la eucaristía de una manera particular presidida por el sacerdote, o éste va a celebrar la misa a ciertos tiempos en la casa de alguien de la comunidad. Ahí la memoria de los mártires es mucho más débil y frecuentemente ausente. Otras CEBs son como un movimiento más en la misma parroquia y participan de la misa dominical.

Las comunidades que fueron expulsadas de parroquias, que decidieron salir o que nacieron fuera del contexto institucional, han ido desarrollando sus propias maneras, espacios y tiempos de celebrar la memoria de Jesús. Muy pocas veces cuentan con un sacerdote y hermanos/as animadores/as de la misma CEB han sido llamados a presidir la celebración de la memoria de Jesús. Recordemos aquí el abandono real e histórico de parte de obispos y sacerdotes. Recordemos que, aún ahora, en la formación de futuros sacerdotes, la rica experiencia eclesial de las CEBs ni es mencionada. Y Por supuesto es en primer lugar la misma comunidad eclesial que vive, celebra, reflexiona, renueva su compromiso en sus celebraciones de la memoria de Jesús.

En las CEBs se ha redescubierto que habrá que retornar a “la mesa” como punto central, y menos “el altar”. Es decir, la experiencia de las comidas de Jesús con la gente y con sus discípulos tenían un profundo sentido de pertenencia, de ser reconocido y valorado, de estar incluido, de poder participar de ese “camino”. El traslado de la eucaristía de la “mesa” al “altar” ha significado una ritualización de la memoria de Jesús, donde la dimensión de mesa comunitaria se ha perdido. El lugar sagrado, el ministro sagrado, el sacrificio sagrado, el santo oficio, la santa misa y la santa comunión, el cumplimiento estricto con el ritual escrito y definido, la salvación personal por la comunión, …. han minimizado la profunda dimensión comunitaria, constructora de vida y entrega. En las CEBs se ha redescubierto esta dimensión de la eucaristía.

Se hace una celebración muy participativa, tanto en la preparación como en la misma celebración. Los símbolos de la vida y del compromiso creyente son parte de los compromisos eucarísticos. Es una celebración inclusiva, que no excluye a nadie cuando hay disposición de caminar con Jesús. En varias CEBs nacieron cantos nuevos, cantando a la Vida, al Dios de los pobres en realidades diferentes. En su celebración se hace presente ese sueño del Padre Rutilo Grande acerca de la mesa común con manteles largos, taburete para cada uno/a, tortillas y conqué para todos/as.

Celebrando así la eucaristía las y los miembros de las CEBs se alimentan y se fortalecen para la “cristificación” en la vida diaria, la vida familiar, la vida laboral, las organizaciones del movimiento social, entre los vecinos, ….
Nos dice Monseñor Romero: “Misa no solo se celebra el domingo en catedral, misa es la del hombre que hace de su vida un culto al Señor. Nunca de sus labios una mentira, nunca en su conciencia un resentimiento, un odio; en su profesión más humilde que sea, a la gloria de Dios. Y así está celebrando misa el hojalatero, el carpintero, el barrendero, la señora del mercado, el estudiante, el profesional. … Todos ustedes son sacerdotes que celebran su misa en su propia profesión, en su propia vida” (Hom 23-4-78) (5 de agosto de 2019)

   
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