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Comunidad de base3Seguimos compartiendo características fundamentales de las CEBs. Estas son a la vez grandes desafíos.
Al hablar de comunidades eclesiales de base Monseñor Romero1 hace referencia a que “los hombres se conozcan, se amen, vivan juntos concientizándose en esta energía divina.” Padre Pedro dice en su libro “La Fe de un pueblo”: “en nuestras reuniones, los lectores de la realidad de Dios consultaban y orientaban. ¿Qué decían de esta nueva realidad la propia conciencia, la comunidad, la Biblia, los pobres?”

Comunidades eclesiales de base son “Iglesia en oración”. Así dice uno de los 12 ejes que la CEB “Alfonso Acevedo” en San Ramón / Mejicanos definió como característica y desafío en el camino hacia su X aniversario. En palabras de Monseñor Romero orar es “concientizarse en la energía divina”. Para eso hay que ir a esa “pequeña celda íntima donde Dios baja a platicar a solas con el hombre; … la voz del Señor que nos habla en nuestra propia conciencia.2” Orar es escuchar a Dios y dejar que su Palabra penetre en nuestra vida diaria. Para poder escuchar esa voz de Dios en la conciencia, es decir, para poder llegar a la oración profunda debemos hacer cuatro esfuerzos:
Ser parte activa de la comunidad.

Dios nos habla a través de las y los hermanos de la comunidad. La vivencia de la fraternidad nos invita a escuchar a Dios a través de las palabras de las y los miembros de la comunidad. ¿qué opinan las y los demás? Es la responsabilidad comunitaria del discernimiento que nos hará vibrar la conciencia donde el Dios de Jesús quiere comunicarse.

Luego escuchar a Dios como nos habla desde la Biblia y especialmente a través del testimonio de los cuatro evangelios. En las CEBs nos ayudamos a estudiar la Biblia, a conocer esa historia de salvación a lo largo de muchos siglos, a conocer la experiencia de las primeras comunidades cristianas y sus escritos dando testimonio de Jesús. Conocer a Jesús es una condición para poder escuchar a “mi Padre y el Padre de ustedes”. Estudio bíblico comunitario, reflexión bíblica en la comunidad, meditación bíblica personal son esenciales.

El tercer esfuerzo es compartir muy en concreto la vida, el sufrimiento, la esperanza de las y los pobres en nuestro pueblo. Un hermano (Santiago) me enseñó el domingo de resurrección de 1977: “siempre hay familias más pobres que la nuestra”. Siempre podemos acercarnos a familias pobres, descubrir su empobrecimiento. En sus gritos escuchamos la voz de Dios: “he escuchado los gritos de mi pueblo”. Para esto hay que compartir la dura experiencia laboral, en el campo y la ciudad, en el mercado y en la fábrica, en el taller, en el trabajo doméstica, la experiencia en el centro de salud y la escuela,… también aquellas familias sin trabajo. En la CEB compartimos las experiencias propias y las de otras familias más pobres que las nuestras. Escuchamos….

El cuarto esfuerzo es ir conociendo mejor la experiencia de fe de nuestros mártires. Ellos/as siguen siendo voceros del Dios de los pobres, del Dios de Jesús. Ahí entra por supuesto en primer lugar el mensaje tan amplio de Monseñor Romero. Escuchar a Dios nos exige leer, releer, meditar, asumir el mensaje de Monseñor Romero. Tenemos sus homilías, sus escritos, su diario. Si “Dios pasó por El Salvador en Monseñor Romero” (P. Ellacuría), para escucharlo hoy tenemos la responsabilidad de estudiarlo, de conocerlo, de profundizar su mensaje y desde ahí: escuchar a Dios.

En la medida que avancemos en el camino de esos cuatro esfuerzos, nuestra conciencia va ir formándose mejor y la voz de Dios sonará con más claridad, con más exigencia, con más fortaleza. De ahí el ejemplo de Jesús que se retiraba de noche o de madrugada, al cerro, para orar, sigue desafiándonos. El mismo dijo que entráramos al cuarto, cerráramos la puerta y que en el silencio oráramos, iniciando con: “Señor enséñanos a orar”. Así también en la comunidad, con la sencillez de las palabras que pueden brotar del corazón, pidiendo su Luz para el camino.

De esta manera la oración se hace la fuente de nuestra misión comunitaria, evangelizadora, liberadora en la sociedad. No nos equivoquemos. No se trata de sesiones de gritos, de lágrimas, de caerse al suelo y de desmayos. Además, nuestra acción en la consolidación de la comunidad, en la proyección evangelizadora y la lucha por la transformación liberadora, será expresión de nuestra profunda espiritualidad. (4 de agosto de 201)

   
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