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Memoria histórica – Que no vuelva a ocurrir jamás, 1
Según Josep Fontana: Por el bien del Imperio
En 1945, el fin de la segunda guerra mundial dejaba un mundo destrozado y hambriento. Alemania había perdido una gran parte de sus viviendas como consecuencia de los bombardeos, y en Japón se había destruido el 40 por ciento de las áreas urbanas. La Unión Soviética fue el país más gravemente afectado: perdió una cuarta parte de su riqueza nacional y tuvo unos 27 millones de muertos (…)

En la amplia franja de territorio que habían ocupado los alemanes apenas quedó intacta una sola fábrica. Se arrasaron 1.710 ciudades y unas 70.000 aldeas (…) A la destrucción se sumó de inmediato el hambre. La cantidad de alimentos disponibles por persona era en 1945 mucho menor que en 1939. El hambre se extendió no solo por Europa y por la Unión Soviética (…), sino también por Corea, China, India o Indonesia. (…)
Lo peor fue la expulsión, en el transcurso de los tres años siguientes [1946-48], (…) de otros 7 millones de alemanes de Polonia, Checoslovaquia, Rumania o Hungría.

Los polacos se dedicaron a perseguir y robar a los alemanes, sin importar cuál hubiera sido su comportamiento político, y a encerrarlos en guetos, o en los mismos campos de concentración que estos habían hecho construir. (…) Los judíos que habían sobrevivido al holocausto fueron objeto de persecuciones e incluso de matanzas. (…) Y la persecución y expulsión de miembros de la población de origen ucraniano, que ascendía a 5 millones en la Polonia anterior a la segunda guerra mundial, fue también sistemática y brutal.

La venganza de checos y eslovacos fue tal vez la más despiadada. (…) Se trató a los alemanes (que representaban el 22 por ciento de la población del país) como ellos habían tratado a los judíos: fueron encerrados en cárceles y campos de concentración, se les obligó a llevar un distintivo; tenían prohibido ir a los restaurantes o los cines y sentarse en los bancos de los parques (…) Fueron muchos miles los que murieron a manos de sus convecinos (…) Lo peor fue, sin embargo, la expulsión en masa de la población de origen alemán…

En Japón la ocupación norteamericana estuvo llena de abusos: el gobierno japonés organizó centros de recreo y diversión, con miles de mujeres destinadas a prostituirse a los soldados aliados (…) Los asaltos, robos y asesinatos fueron numerosos… (…) A ello hubo que sumar los sufrimientos causados por los grandes desplazamientos de población: hubo que organizar la repatriación de cerca de 7 millones de japoneses, tanto soldados como civiles, que se habían instalado en Corea, Manchuria y Taiwán. (…) La guerra había significado la pérdida de unos dos millones de hombres en las fuerzas armadas y de por lo menos 400.000 vidas como consecuencia de los ataques aéreos.

   
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