VII ENCUENTRO DE REDES CRISTIANAS
23 y 24 de octubre de 2021

 

Moceop

Teología marginada
“Hay mucho miedo en la Iglesia; concretamente en la española. Miedo para pensar, para hablar, para escribir…. La consecuencia es el bloqueo de la teología que ha pasado a ser un pensamiento marginal…, un pensamiento cautivo…, una instancia extra-científica…

No es exagerado decir que la libertad en la Iglesia y el diálogo de la Iglesia con la sociedad se ven hoy seriamente amenazados, sobre todo en España, donde el control sobre el pensamiento teológico es, seguramente, más fuerte que en otros países. De ahí se ha seguido el creciente empobrecimiento de la teología católica en las últimas décadas. Pasó la gran generación de teólogos que hicieron el Concilio Vaticano II y no ha habido el necesario relevo. Nos hemos quedado sólo con una cosa: con el miedo”

Con estas duras y claras palabras abría el último Congreso de Teología de la Asociación de Teólogos y Teólogas Juan XXIII sobre Cristianismo y Bioética el teólogo José María Castillo, cuyo último libro Espiritualidad para insatisfechos ha sido prohibido por la Conferencia Episcopal Española. Y es que llueve sobre mojado. La Jerarquía española sigue instalada “en el paradigma de las prohibiciones, de las obligaciones, de la represión, con ausencia total de misericordia”, según J.J. Tamayo. Parece ser que no se han enterado de lo dicho, este verano, por el Papa: “creo que se debería corregir la imagen que sembramos en torno a nuestros rígidos NO”.

Según el Papa, hay que volver a “opciones positivas” Y parece que los jerarcas tampoco quieren recordar esas palabras firmes del Vaticano II: “ Los que se dedican a las ciencias teológicas, para que puedan llevar a buen término su tarea, se les debe reconocer la justa libertad de investigación, la libertad de pensar y de expresar humilde y valerosamente su manera de ver aquellas materias en las que son expertos” (GS. nº 62).

COLECTIVOS EN EL MARGEN

La jerarquía católica sigue oponiéndose a las revoluciones científicas, filosóficas y sociales y mira con recelo cualquier avance en la investigación o cualquier manifestación o vivencia actuales que no concuerden con los parámetros de la más rancia tradición. Por ello castiga con el ostracismo, o el anatema, a los teólogos o investigadores que llegan más allá de lo dicho en los documentos eclesiásticos oficiales.

Pero también es verdad, que cada día se les da menos importancia a estos castigos entre los cristianos que buscan vivir su fe desde la fidelidad y desde la libertad. Hasta parece que esta postura produce el efecto contrario: auparlos y gozar de mayor atractivo. Hay muchos grupos, comunidades, colectivos cristianos de base que también son marginados dentro de la Iglesia institucional por sus prácticas alternativas. A veces, esto se traduce en la negación de poder usar locales de instituciones religiosas. MOCEOP sabe de esto, porque desde 1.993, a raíz de la celebración de un Congreso Internacional de Curas Casados, realizado en los PP. Dominicos de Alcobendas, está en la lista negra que circula por las Congregaciones religiosas, prohibiéndole reunirse en sus dependencias.

Aún así, a los cristianos de base nuestra coherencia evangélica y la radicalidad de nuestra fe, nos exige ir más allá de los límites acotados por la jerarquía. Ella nos sitúa al margen, fuera de las fronteras trazadas, en el arrabal eclesial. Pero es una opción que muchos de los colectivos y grupos cristianos, que apoyamos y gestionamos los Congresos de Teología, aceptamos como forma de nuestra pertenencia eclesial. MOCEOP es uno de los colectivos que apoya desde el principio estos congresos, porque entiende que es un “espacio verde” que da frescura a nuestro caminar cristiano, sin dejarse atrapar en un debate ideológico.

Y van, veintiséis años de Congresos de Teología, los mismos que lleva nuestro movimiento de andadura. Un andadura que se caracteriza por “haber optado y decidido vivir en una cierta marginalidad institucional, lo que facilita el acercamiento e integración con los creyentes sencillos”. Así nos expresábamos hace ya bastante tiempo, remarcando que “la ilegalidad de prácticas alternativas no es, por principio, un problema de comunión”.

EL MARGEN BIOÉTICO

Desde la posición marginal institucional en que la jerarquía lo tiene colocado, el Congreso de Teología de este año intentaba “reconstruir los puentes de diálogo y comunicación entre bioética y cristianismo, que esta jerarquía ha destruido durante los últimos años”, en palabras de J.J. Tamayo, secretario del Congreso.

La bioética es un tema interesante, actual, pero denso, complejo y con muchas implicaciones vitales que no se pueden despachar ignorándolas. No vale la postura que hace unos días reflejaba el humorista EL ROTO al presentar a un matrimonio tomando café en su casa y hablando del mundo. Uno decía : El mundo está muy mal. Y el otro contestaba: Es verdad, echa las cortinas. Hay que abordar estos temas de frente, sin enquistarse en la postura “de confesionalidad beligerante de la jerarquía ni en la de laicidad aconfesional, a veces, antirreligiosa”, como decía Juan Masíá. La mayoría de los ponentes condenaron la postura jerárquica del NO: no a los métodos anticonceptivos, a la masturbación, a las prácticas homosexuales, al matrimonio homosexual, al divorcio, a la interrupción voluntaria del embarazo, a la eutanasia, a la reproducción asistida, a la investigación con células madre con fines terapéuticos.

Sin embargo, cada uno de los ponentes insistió en un aspecto concreto o lo trató desde su especialidad o desde la realidad en que viven. Así Mayor Zaragoza y el investigador Fernando Andrés abundaron en datos técnicos, que es lo que ellos están trabajando, porque, como reconocía Bandrés, hay que conocer el proceso de la investigación, “ya que no se da información suficiente para hacer una reflexión razonable y rigurosa”, pero hay que evitar también “imponer la ciencia como la creencia del milenio”.

Elfried Harth, del colectivo de Mujeres por el Derecho a decidir se centró en los derechos reproductivos de las mujeres, defendiendo “su soberanía moral en lo que respecta a su propio cuerpo, su sexualidad y su capacidad de reproducción”; aspecto que la Iglesia quiere controlar, “porque aquí se encuentra el fundamento de la estructura de poder patriarcal en la Iglesia” “Desde África vemos la bioética como la ética de la vida. Por eso, miraremos, no sólo, a la ética de los avances biotecnológicos, sino a otros aspectos que amenazan la vida humana en África”, dijo Begoña Iñarra, religiosa en el Congo. Marcelo Barros, monje benedictino, dijo que lo que es propio de América Latina es “insistir en la relación intrínseca entre ciencia y ética” Hay que dar prioridad a una bioética que sirve a la vida y a la justicia, si no la bioética puede quedar como una especie de maquillaje de la vida real”

CUARTA VÍA

Marciano Vidal y Juan Masiá, moralista e investigador respectivamente, pusieron el acento en que hay que “apoyar la investigación científica para curar, mejorar y proteger la calidad del vivir…que ha de extenderse al conjunto de los vivientes y ecosistemas”, como se recoge en el Manifiesto final del Congreso. Juan Masíá , último ponente y experto bioético, expulsado recientemente de su cátedra de Bioética de la Universidad Pontificia de Comillas y asesor cualificado del Conferencia Episcopal del Japón, concretó el estado de los debates bioéticos en estas cuatro posturas: la confesional, que se opone a los avances bioéticos; la laica, que idealiza los logros científicos; la consensuada, que intenta armonizar las dos anteriores, pero huyendo de los conflictos y los problemas, fomentando acuerdos superficiales, y la cuarta vía, que es la posición que él defiende, consistente en “aunar ciencia, pensamiento y conciencia sin caer en la clasificación de confesional, anticonfesional o consensuada, sino sumando al diálogo interdisciplinar de la bioética la búsqueda de valores, aunque sin arrogarse el derecho de intromisión para dictar normas de moralidad a la sociedad”

¡VIVA LA VIDA!

El Congreso terminó, como siempre, con la celebración eucarística, ideada, preparada y coordinada en su realización por MOCEOP. Nos pareció oportuno, dado el tema el congreso, celebrar la vida, como un canto, una acción de gracias. Por eso, le pusimos por título: VIVA LA VIDA. Fue una auténtica concelebración, participada al máximo, como suele ser nuestro estilo.

Sin presbiterio, sólo una mesa de comensales doméstica y adornada; sin presbiteros-celebrantes-presidentes que “dicen la misa”, pues toda la comunidad es celebrante y sacerdotal. Con una simbología creativa. luminosa, penetrante, envuelta en música impactante, original de cantautores moceoperos e interpretada por ellos mismos. Hay decir que, como es lógico, en estas celebraciones siempre se le da importancia a lo esencial: el gesto y el mandato de Jesús: haced esto en memoria mía. Hicimos lo que El hizo: repetir, no un rito, sino un proyecto y un estilo de vida.

   
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