Religión Digital

Castillo, Masiá, Alcaina y Pikaza cuestionan la “razón teológica” del obispo
No se imagina el daño que le está haciendo a la causa de Dios y de la religión”
Palabras de José Ignacio Munilla sobre Haití Gemma Nierga con el obispo Munilla: Aborto RadioMaría y Haití Obispo de Donosti: La crisis espiritual en España es peor que el terremoto de Haiti Munilla ha matizado sus declaraciones. LA FALTA DE ESPIRITUALIDAD ES PEOR QUE LO DE HAITÍ Según Munilla, la laicidad de nuestros pueblos es más lamentable que la pérdida de esas vidas, y de la destrucción total de un país

Las “razones teológicas” apuntadas por monseñor Munilla para justificar sus polémicas declaraciones en la cadena Ser acerca de las víctimas del terremoto de Haití y de la existencia de “males mayores” en nuestra sociedad, marcada por el pecado, no han convencido a todos. Sobre todo a los teólogos, que acusan al obispo de San Sebastián de “valorar más la religión que la vida”. “Munilla cree en un Dios para el que es más importante la observancia religiosa que la vida. Con lo cual desembocamos inevitablemente en un Dios detestable, que resulta sencillamente insoportable”, se afirma.

El más contundente, sin duda, es José María Castillo. En su blog en RD, el teólogo estima que lo que ha dicho Munilla “es mucho más grave de lo que sin duda él se imagina”, y denuncia que el obispo “valora más la religión que la vida”.

“No se imagina Munilla el daño que le está haciendo a la causa de Dios y de la religión. Porque un Dios como el de este obispo, y una religión como la de este mitrado, todo eso es intolerable, da asco, resulta repugnante. Entiendo que las iglesias se queden vacías, que la gente hable mal de la Iglesia. que los curas vascos se resistan a recibir a un pastor que antepone la muerte de sus ovejas a la dignidad de su pastoreo”, subraya Castillo, quien habla así “porque la Iglesia me importa mucho. Me importan los misioneros y misioneras que estos días están sufriendo con el sufrido pueblo de Haití”, mientras que “son estos obispos los que están destrozando la dignidad de la Iglesia y el respeto que se merece la bondad de Dios”.

Ahondando en las razones teológicas, Celso Alcaina, quien durante años trabajara en la Congregación para la Doctrina de la Fe, sostiene en su blog en RD que Munilla ha justificado sus palabras “de manera intolerante”, recluyendo el debate a lo teológico. “Confieso que me siento aludido y algo ofendido. Porque alguien podría pensar que a los cultivadores de la Teología nos importa mucho más el sesgo político de un pueblo que la violenta pérdida de miles de vidas por causas naturales o provocadas. Según Munilla, la laicidad de nuestros pueblos es más lamentable que la pérdida de esas vidas, y de la destrucción total de un país”, critica Alcaina.

Para este teólogo, detrás de las palabras del obispo de San Sebastián se esconde un “rescoldo inquisitorial, dogmático, infalible”. “Creíamos, esperábamos, que los tiempos de la cruz y la espada habían pasado”, se lamenta.

Por su parte, Xabier Pikaza, reflexiona en su blog sobre el particular y, tras escuchar las justificaciones del obispo, añade que “nuestra pobreza espiritual (en occidente) no es rezar poco (¡que rezamos poco!), sino ser poco solidarios, montarnos sobre un mundo de injusticia, emocionándonos cuando pasa algo como esto y dando unos euros que nos sobras… para que después siga todo como estaba, mezclando las fotos de Haití con los espectáculos obscenos de nuestra búsqueda de pura comodidad”. ¿Qué hacer? “Yo no tengo la respuesta -incide Pikaza-, pero estoy convencido de que la de Munilla (con su rectificación posterior) no va del todo en la línea de Jesús de Nazaret, que dijo, ante un caso como éste: ¡Debemos convertirnos todos!…”.

Finalmente, Juan Masiá escribe en su blog que “el bollo fue peor que el coscorrón”, y critica las excusas del obispo. “Munilla dice “donde dije digo, digo Diego” y dice que estaba hablando desde un plano teológico; dice desde “su” teología: “el mal que sufren esos inocentes no tiene la última palabra, porque Dios les ha prometido la felicidad eterna”. Peligrosa afirmación que invita a consolar a las víctimas con una religión “opio del pueblo”, que daría la razón a Marx, Feuerbach o Nietzsche”.

   
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