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papa Francisco342. EL PAPA INVITA A DAR EL PRIMER PASO. Editorial de El Colombiano, Medellín
El líder de la Iglesia Católica escucha, desde la vida sencilla y sin títulos, las preocupaciones del individuo contemporáneo, los retos que lo inquietan. Guía e inspira desde su fe y su sabiduría.
Se podría pensar que el nombre Jorge Bergoglio es una identidad del pasado en la vida del Papa Francisco. Sin embargo, es evidente en sus discursos que el líder de la Iglesia Católica escucha, desde la vida sencilla y sin títulos, las preocupaciones del individuo contemporáneo, los retos que lo inquietan de su realidad concreta y las preguntas sobre su ser libre y trascendental. De igual manera, es evidente que el Sumo Pontífice responde, guía e inspira desde su fe, su sabiduría, su amor y su compromiso, la responsabilidad superior que le fue otorgada aquel día en que humo blanco con su nombre salió de la Capilla Sixtina.

El Santo Padre ha sido fiel a sus pensamientos y valiente en la implementación de los mismos, posición que, como es de esperar que le suceda a cualquier reformador, ha tenido adeptos y detractores, pero ante todo, ha exigido de él coherencia, sindéresis y estoicismo. En palabras del padre jesuita, invitado en nuestra edición especial de hoy, Vicente Durán Casas: “Las reformas de Francisco consisten en el abandono de prácticas, símbolos, doctrinas y gestos que se introdujeron en la Iglesia procedentes de otros vientos, de otros espíritus, para volver a reencontrar la frescura de los vientos más suyos. Es como devolverse hasta encontrar las fuentes mismas de la Iglesia, esas en las que se hace visible y creíble la imagen de un Dios que es, por encima de todo, misericordia y compasión. Solo se trata de eso”.

Este pastor ha venido a Colombia como “peregrino de amor y esperanza” para entregar un mensaje certero que expresa, desde un rostro sonriente y unas manos que acogen y abrazan. Ha elegido cuatro ciudades para reflexionar temas fundamentales del país: Bogotá: vida; Villavicencio: reconciliación; Medellín: vocación, y Cartagena: derechos humanos.
A los jóvenes les ha pedido que no le teman al futuro ni a soñar en grande, que ayuden a los mayores a entender que “más allá de nuestras diferencias somos parte de algo grande”, que se cuiden de los ambientes de desazón e incredulidad porque dañan la esperanza que se necesita para avanzar en los sueños y las utopías saludables.
A los colombianos nos ha recordado con afecto los riesgos que tenemos como sociedad: la injusticia, la inequidad social, la corrupción, el irrespeto por la vida humana, la presencia de venganza y odio, la insensibilidad al dolor ajeno… pero, ante todo, nos ha invitado con ímpetu a comprometernos como seres libres con una “sociedad, justa y fecunda”.

Francisco ha volcado su mirada en un país de posibilidades e invitó a cardenales y obispos a comprometerse con ese proyecto: “Colombia tiene necesidad de ustedes para reconocer su verdadero rostro cargado de esperanza a pesar de sus imperfecciones, para perdonarse recíprocamente no obstante las heridas no del todo cicatrizadas, para creer que se puede hacer otro camino aun cuando la inercia empuja a repetir los mismos errores, para tener el coraje de superar cuanto la puede volver miserable a pesar de sus tesoros”.
A los fieles los invita a hacer su vida en Dios porque convierte corazones y proyectos: “Mientras camina, encuentra; cuando encuentra, se acerca; cuando se acerca, habla; cuando habla, toca con su poder; cuando toca, cura y salva”, dijo al comité directivo del Celam. “¿De qué sirve ganar el mundo entero si queda el vacío en el alma?”, expresó en el Palacio Cardenalicio.
A todos como individuos ha recibido e invitado: “no estás solo”. A todos como sociedad ha invitado a un diálogo franco y fraterno para encontrarnos en aquello que nos une así sea una tarea ardua. A todos ha pedido desde su humildad donde se siente vulnerable pero comprometido: “Recen por mí”.

Este hombre de blanco ha honrado indiscutiblemente a Colombia con este viaje cuyo lema ha sido “dar el primer paso”. Ha dejado con su carisma una huella relevante en su mensaje más allá de las bellas anécdotas de su visita, porque ha trascendido. Los laicos han sido testigos de la visita de un indiscutible líder espiritual e intelectual contemporáneo seguido por una multitud que asombra y sobrecoge. Los creyentes han tenido el mensaje fervoroso de un peregrino alegre, centrado y transformador que muestra la vigencia de la Iglesia.

3. Gracias, Francisco. Editoprial de El País, Cali

Cuando esta tarde termine la visita de su santidad Francisco, Colombia deberá empezar una reflexión profunda sobre el legado que le dejó. Además de su mensaje como Pastor de la Iglesia Católica, el Papa tocó los temas que son necesarios para mejorar la vida de nuestra Nación. 

Durante seis días, los colombianos presenciaron la peregrinación de quien es el símbolo de la Iglesia con más seguidores en el país. Fue un periplo lleno de sencillez, de cercanía, de afecto y calidez, donde los protagonistas fueron las millones de personas que salieron a recibir a Francisco y la sinceridad con la cual el Pastor recibió a su rebaño.

Pero fue su mensaje franco y abierto el que prevaleció en toda la correría. Un mensaje sin juicios, cargado de valores y de esperanza, donde fue frecuente la invocación al compromiso para poder superar los desafíos que le han planteado a Colombia la violencia crónica, las desigualdades sociales y la crisis de valores que afecta la vida social y política. 

“No pierdan la alegría” fue el primer mensaje de Francisco. Con él reconoció una de nuestras características, con las cuales debemos enfrentar los retos que nos plantea la necesidad de reconciliación. Es según el Pontífice el requisito fundamental para dejar atrás una historia marcada por la violencia y la confrontación. 

También tuvo palabras para las víctimas de los múltiples conflictos que hemos debido enfrentar a través de nuestra historia. Son esos millones de seres humanos que han sido golpeados por la crueldad de las guerras que se han desatado por razones lejanas al bien común y que se expresaron a través de la imagen del cristo mutilado de la iglesia de Bojayá, o de los conmovedores testimonios que se escucharon en Villavicencio. 

En estos seis días, la juventud y la niñez tuvieron un espacio preferencial en las palabras y los encuentros del papa Francisco con Colombia. Fue su manera de destacar la esperanza en el futuro de un país al que le reconoce las mayores riquezas naturales y espirituales, a la vez que le señala las contradicciones que debe superar para alcanzar la paz que tanto anhela. Y necesita. 

Y en todo el mensaje del Papa en Colombia estuvieron presentes las invocaciones a la moral y la ética que se requiere para ser justos, para tener presente la necesidad de romper la inequidad y de ofrecer oportunidades para todos, requisitos indispensables en pro de una sociedad mejor. Esos valores que parecen extraviarse y cuya ausencia ha sumido en un desconcierto creciente la credibilidad de las instituciones públicas, restándole el respaldo de los colombianos. 

Faltando unas horas para culminar la visita a Colombia del Sumo Pontífice, puede decirse ya que nuestra Nación tuvo una oportunidad única para escuchar un mensaje claro, lleno de esperanza y a la vez de advertencias sobre lo que debemos hacer para tener un mejor futuro. Fue la oportunidad para mirarnos como colombianos y cristianos, y escuchar la voz de la sabiduría que nos dice cómo podemos superar lo que nos separa para alcanzar lo que nos debe unir. 

   
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