VII ENCUENTRO DE REDES CRISTIANAS
23 y 24 de octubre de 2021

 

Enviado a la página web de Redes Cristianas

María Fernanda, es hija de María Victoria Parra y Manuel Barrera, nacida en
Bucaramanga el 2 de mayo de 1946, son sus hermanos Jaime, Juan Manuel y Carlos. 
Su padre, un reconocido abogado y diplomático, quien representó nuestro país como
cónsul en Chile y magistrado de la Corte, murió muy joven, le tocó a su madre salir a
buscar empleo, para lo cual contó con el apoyo de las amistades de su marido, así pudo
trabajar como secretaria en los juzgados y sostener a su familia. 

Mafer, como cariñosamente le llamábamos, hizo sus estudios de filosofía en la
Universidad Javeriana, obteniendo el diploma que la acreditaba como tal. Fue religiosa de la congregación del Santo Ángel. Discípula del P. Alejandro Londoño S.J, participó en los Campamentos Juveniles que organizaba desde la Casa de la Juventud.

Maria Fernanda, siendo la única mujer, formó parte del grupo de formación socio-
teológica que se organizó con ayuda de los Jesuitas del Centro de Investigación y
Educación Popular CINEP y el liderazgo de los Padres Escolapios. Este grupo duró pocos
años, entre 1977 y 1979 cuando el Cardenal Aníbal Muñoz Duque, arzobispo de Bogotá,
no solo se negó a autorizar la ordenación sacerdotal de los jóvenes escolapios que la
solicitaron, sino que además ordenó cerrar la experiencia opuesto totalmente a su
orientación. 

Nos conocimos en Compensar (Caja de Compensación) dando talleres a los usuarios de
dicha institución. Estuvo vinculada a la Pastoral Juvenil compartiendo con el P. Mario
Peresson en el Colegio León XIII de los Salesianos. 
Juntas participamos un tiempo en el IMS (Instituto Misionero Secular). Trabajamos en el Servicio Colombiano de Comunicación Social -SCCS- dando talleres de análisis de la
realidad y lectura popular de la Biblia, lo que la dejó muy vinculada en su trabajo pastoral y comunitario con las nacientes Comunidades Eclesiales de Base, asesorando procesos como en el barrio Las Malvinas, (Barranquilla), impulsado por la organización de mujeres “Las Domitilas”. 

Trabajamos juntas en la formación de los seminaristas de los Padres Escolapios con el P. Bernal –formador de los novicios- tanto en varias navidades como en semanas santas, en la zona rural de San Francisco-Cundinamarca.
Acompañó con su trabajo misionero al lado de las Hermanas Lauritas en Popayán, en
Altaquer (Nariño), en el Caquetá. Con las religiosas de la Compañía de María las acompañó tanto en Salahonda como en Barbacoas (Nariño). 

Estuvo trabajando como asesora de procesos de base en la Corporación para la Proyección y el Desarrollo Comunitario CORPRODEC, desde donde apoyó y fortaleció proyectos presentados a la agencia de cooperación alemana “Pan para el mundo”. De ahí pasó a trabajar con PODION continuando la labor anterior que venía realizando. 

Mafer, no se quedó solamente en estos espacios, nunca dejó su contacto espiritual y
pastoral con las Madres Comunitarias, formó con ellas Fondos de Economía Solidaria,
como el de los barrios La Gaitana y Altos de Cazucá (Bogotá). 
Su vida espiritual fue compartida en su Comunidad Ecuménica. 
Cada mes nos acompañó e hizo presente de manera virtual en la Comunidad de Base
gestada con Las Sembradoras de Fe y Las Domitilas de Barranquilla. 

Complementa el caminar de Mafer en nuestras vidas el testimonio de Gloria Rojas: 
“Doy gracias a Dios por la vida de Mafer. Fue un ser especial que pasó por este mundo
dando amor y solidaridad. Fue mi hermana de la vida y mi amiga del alma. Compartimos
48 años de vida juntas. Nos acompañamos en las alegrías y tristezas. Siempre me escuchó, me acogió y me apoyó. Contaba con ella para compartir los pequeños detalles y sucesos de la vida y para ahondar en las profundidades del espíritu. Con ella era posible reflexionar sobre el sentido, sobre Dios y sobre el amor reflejado en la vida de cada ser humano.

Le dolía la injusticia, siempre quiso un mundo más humano donde predominaran la
igualdad y la fraternidad. Ella fue la encarnación del servicio a los otros, siempre podía unirse a distintos grupos de personas y generar con todos espacios llenos de luz y amistad.
Fue libre, profunda, amorosa, y generosa. Su casa era de puertas abiertas y estaba llena de detalles que daban paz. Fue una buscadora de distintos caminos para trascender y construir un mundo mejor.

Junto a Mafer me sentía interpelada y llamada a dar lo mejor de mí misma.
Fue una tía y tutora para mis hijos. Me acompañó a criarlos y educarlos. Ellos la amaron mucho. Estuvo siempre presente en sus momentos más importantes. Les enseñó la fe cristiana cuando eran pequeños, los preparó para la primera comunión, los acompañó en su crecimiento espiritual. Lloró y sufrió con ellos en los momentos difíciles. Fue parte esencial de nuestra familia.

¡Adiós mi Mafer! Sé que ahora estás feliz en la casa del buen padre Dios. Siento tu
compañía en mi alma. Estarás siempre conmigo. Gracias por tu amor y tu cariño hacia mí y los míos. ¡Gracias por tener un corazón tan grande!!”

También el testimonio de José Naranjo nos resalta otras facetas de su caminar:
“En los años 80 fui testigo del trabajo de formación y acompañamiento de mujeres de
jardines infantiles de la zona occidental de Suba, La Gaitana y otros barrios a donde María Fernanda acudía con frecuencia. En esa misma época, un grupo de amigos/as que
trabajábamos en la zona más popular de Suba (El Rincón, La Gaitana) nos reuníamos
periódicamente en el intento de vivir como pequeña comunidad eclesial de base. Allí
estaba Mafer. Y como apoyo a los esfuerzos de ahorro y solidaridad de habitantes de
sectores populares, ella con otros amigos/as de la zona animó durante bastantes años la cooperativa de ahorro "Solidaria". Además, venía trabajando desde años atrás en el campo de los proyectos de desarrollo junto a Roberto de Mendoza, Jaime Díaz y otras organizaciones que buscaban canalizar ayudas de las agencias de cooperación internacional principalmente a organizaciones indígenas y campesinas”.

Bebió de la experiencia espiritual de la SANACIÓN PRANICA y se hizo sanadora
compartiendo su aprendizaje con los más sencillos. Así nos lo comparte Roberto de
Mendoza:
“En el año 2001 tomó su primer curso de Sanación Pránica, junto con otros amigos y
amigas de Suba. Desde ese momento encontró que este espacio comunitario fortalecía y
empoderaba a las personas y comunidades para una mejor vida en todas las dimensiones,
incluidas la salud, el bienestar, las relaciones, la espiritualidad. Así que se formó como instructora y desde 2008 hasta cuando su cuerpo lo permitió, se desplazó a sectores marginados urbanos y rurales a compartir las prácticas de este sistema moderno de sanación energética, formando a mucha gente que hoy día lo practican en ellas mismas y en las personas que lo necesitan, contribuyendo a aliviar el sufrimiento y a elevar la conciencia de la humanidad. Fue la coordinadora del programa comunitario en Bogotá e hizo de su casa un lugar de acogida, reunión y formación para sanadores y sanadoras comunitarias.

También encontró en la Sanación Pránica una vivencia espiritual
complementaria de su experiencia de fe cristiana. En Sanación Pránica se reencontró y
compartió la misión con sacerdotes como Héctor Guzmán, Juan de Asís Duque y con varios
amigos y amigas de las comunidades eclesiales de base y líderes sociales con quienes
había compartido luchas y esperanzas entre los años 70 y 90. Damos gracias a Dios por
habernos regalado el amor, el servicio y el compromiso de Mafer. Realmente ejemplo
para todos nosotros de cómo vivir plenamente y además con felicidad”.
Nos contaba Mafer acerca de un niño que llevaban a la guardería “Los Timanquitos” en el barrio La Gaitana. El niño entraba llorando y le decía: ¿cierto, que esta no es mi cachita (casita), cierto que estos no son mis juguetes, cierto que usted no es mi mamá?” El niño se reafirmaba en su identidad. Mafer ha resucitado, se ha refirmado en su identidad como hija de la Divinidad, “esta si es mi casa, esta si es mi vida en plenitud”. 

Para ella su trabajo fue un proceso de resurrección en la vida de anunciar el Evangelio:
“He venido para que tengan vida, y la tengan en abundancia” Juan 10:10. 
Para mí ha sido un gusto compartir mi vida y amistad con Mafer en este caminar de
aprender a resucitar cada día hacia la plenitud de la vida.
 

   
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