Foro Gaspar García Laviana

 

Llevamos ya mucho tiempo viviendo en pena diaria, debido al sufrimiento de tanta gente que enferma o muere a causa de la COVID-19. Son muchas las familias que sufrieron el desgarro de no poder estar cerca de ellos durante su enfermedad ni a la hora de morir. Hay que añadir otras penas menores, como no poder tener, como de costumbre, las relaciones familiares y de amistad que caldean nuestro espíritu y estimulan nuestros sentimientos. Hemos tomado conciencia de nuestra fragilidad, tanto individual como colectiva.

Vivimos profundamente preocupados. La pandemia nos ha convertido a todos en víctimas y verdugos: cada persona con la que nos encontramos puede ser nuestra víctima si la contagiamos o nuestro verdugo si nos contagia, y además sin saberlo.

Vivimos airados, recriminando a cuantos a nuestro juicio son responsables de la situación. Culpamos a nuestros políticos, por no haber sabido valorar este problema, ni haber acertado en las soluciones; por no haber tratado bien, tanto antes como durante la pandemia, ni a la sanidad ni a los sanitarios, por no haber invertido más en ciencia, por haber dejado que desapareciesen importantes empresas relacionadas con los insumos sanitarios. Los culpamos de no habernos dado directrices claras y contundentes, sospechamos que por miedo a sufrir castigo electoral o pérdida de las ayudas que reciben de los empresarios que los apoyan.

Culpamos a los negacionistas de la pandemia, debido a lo absurdo de sus afirmaciones y al desconcierto que pueden producir. Culpamos a los irresponsables que no ponen mascarilla o no guardan la distancia debida. Hemos visto imágenes ciertamente escandalosas.

Culpamos al sistema educativo que no ha sabido enseñarnos a ser ciudadanos responsables. Creemos que no ha sido bien educado quien piensa que su “yo” está por encima de todo y de todos, quien cree que el objetivo fundamental de su vida es el disfrute sin más límites que los que él se imponga. Muchos desconocen el valor que tiene lo que llamamos “el bien común” y lo que nos aporta la sociedad.

También culpamos a los dirigentes políticos de la UE y de la OMS pues nos parece que no han sabido estar a la altura del problema pandémico. Hay que decirles que no ha sido correcto haber asumido el criterio de “sálvese quien pueda”, siguiendo el sistema egoísta e insolidario en el que se basa nuestra civilización. Una situación como esta no se puede solucionar de forma aislada, sino con cooperación mundial, solidaridad y equidad. Estamos inmersos en un problema humanitario.

Quizás estemos equivocados en algunos de nuestros juicios, pero ello podría ser consecuencia de la falta de transparencia habida en la información sobre la situación y las decisiones que se tomaron. Hay quien piensa, con razón, que es lamentable que no dispongamos de cifras fiables actualizadas de todos los fallecidos y en especial que no podamos saber los sanitarios que murieron por atender a los enfermos.

Hay responsabilidades inmediatas, pero hay otras que vienen de atrás. Los recortes económicos que sufrió la sanidad pública y la privatización de parte de sus servicios son importantes causas de su deterioro. Tampoco fueron bien tratados nuestros científicos. Hemos tomado conciencia de la importancia de lo público y pedimos que este sector tenga siempre una atención prioritaria. No haber cuidado la Naturaleza también puede tener mucho que ver con el origen de muchas enfermedades infecciosas y con su transmisión.

Creemos que hay responsabilidades institucionales, pero también individuales. Determinadas reuniones, encuentros, fiestas, etc. han sido especialmente escandalosas. También hubo encuentros familiares innecesarios, se vio a mucha gente en terrazas de los bares sin la correspondiente mascarilla. No podemos entender eso de salvar el Verano, luego la Navidad, la Semana Santa y de nuevo el Verano. Lo que había que haber salvado es la vida de los que murieron.

Nos unimos a quienes dicen que es falso el dilema entre salud y economía. Si no logramos un determinado nivel de salud, no se podrá reactivar la economía.

Somos incapaces de comprender algunas decisiones políticas que van en contra del sentir mayoritario de los mismos políticos y de la mayoría de los epidemiólogos. Lo que resulta evidente es la desorientación que nos producen a los ciudadanos.

Las residencias de ancianos deben ser objeto de una atención especial. Todas deben ser protegidas y controladas con nuevas leyes, pero sobre todo las privadas, que nunca pueden ser utilizadas como si fueran un negocio más, cuyo objetivo fundamental sea la obtención del máximo beneficio a costa de lo que fuere.

Hemos de fijarnos de manera especial en aquellos sobre los que más duramente recaen las consecuencias de los estragos sociales que está causando la COVID-19. La crisis económica ha conducido a que aumentase el número de los empobrecidos, sin embargo, los muy ricos han recuperado ya las pérdidas ocasionadas por la pandemia. Hay que reconocer que los ERTE han salvado a cientos de miles de personas de la pobreza y la desesperación.

El Estado está obligado a atender especialmente a los más débiles, pero todos debemos ser solidarios en estos momentos abriendo bien nuestros ojos y nuestro corazón para detectar las necesidades de quienes nos rodean y colaborar cuanto nos sea posible con las instituciones que los ayudan.

Merecen una crítica severa quienes se han vacunado sin corresponderles. Es escandaloso que entre ellos haya líderes políticos y religiosos. También hay que mostrar nuestro rechazo a quienes con actitud servil han colaborado a que fuera posible este comportamiento tan inhumano. Hay que exigir también que lleguen lo antes posible las vacunas a los países más pobres. Consideramos aberrante que en las ofertas turísticas más exclusivas vaya incluida la vacunación contra el coronavirus.

Es de esperar que los recursos que lleguen de la UE sean bien administrados tanto a nivel estatal como autonómico. Les exigimos también a los políticos diálogo y colaboración leal entre ellos. Estamos ante una situación grave de emergencia nunca vista por nosotros. Todos debemos implicarnos en lograr una pronta solución. No hacerlo sería imperdonable.

 

16 de marzo 2021

FORO GASPAR GARCÍA LAVIANA

   
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