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Con el pasar de los meses nos damos cuenta de que el programa del gobierno es el del partido social cristiano, es decir, del neoliberalismo puro y duro. La consulta popular ha sido el gran engaño para hacernos creer que la corrupción en el gobierno de Rafael Correa fue generalizada y que la solución era un Consejo transitorio de Participación Ciudadana encargada de restablecer el orden y la transparencia, cuando es todo lo contrario.

El hecho de que no haya plan de gobierno significa que el más fuerte, o sea, el grupo de los empresarios-banqueros, liderado por el partido social cristiano, conduce en la sombra los destinos del país. El presidente del país no es más que el títere de ellos mismos. Por eso que Guillermo Lasso protesta contra el gobierno, porque no tiene los mayores beneficios cuando era él -o su partido- quien casi le gana las elecciones a Lenin Moreno.

El neoliberalismo comenzó con los diálogos presidenciales donde se entregó, por pedazos, el país a los ricachones de siempre: a los Bucaram las empresas eléctricas (recordemos que Lenin Moreno participó del gobierno de Abdalá), a la banca el dinero digital con las tarjetas (son centenares de millones que cada mes pasan por los cajeros automáticos), a los empresarios las condonación de sus deudas y multas (a la altura de ¡6’600 millones de dólares!), la reducción del gasto social, en particular de la promesa de construir durante 4 años 81,000 mil casas para los sectores populares, mientras casualmente en la provincia del Guayas se lanzan proyectos multimillonarios como son el tren playero y el viaducto más largo del país sobre el río Guayas cuyos costos sobrepasan los 1’000 millones de dólares cada uno, y la próxima venta de empresas estatales a las grandes multinacionales y sus socios ecuatorianos, sin hablar de la entrada del país en la Alianza del Pacífico con Chile, Perú, Colombia y México al servicio de los intereses de Estados Unidos, de la entrega del país -el Océano Pacífico y la frontera norte- al control presencial del ejército norteamericano, de la sumisión mediante significativas deudas, al FMI (Fondo Monetario internacional) y el Banco Mundial…

No hay duda de que estamos en una transición programada por Estados Unidos para toda América Latina hacia el neoliberalismo como nunca antes… Recordemos, si lo hemos olvidado, las condenas lapidarias -como ninguno- del papa Francisco contra el neoliberalismo en su carta encíclica sobre ‘La Alegría del Evangelio’: “¡No a una economía de la exclusión… porque se trata de una tiranía invisible! ¡No a la nueva idolatría del dinero… porque este es el estiércol del diablo! ¡No a un dinero que gobierna en vez de servir… porque nos encontramos ante el terrorismo de un sistema injusto en su raíz! ¡No a la inequidad que genera violencia… porque todo entra en el juego de la competitividad y de la ley del más fuerte, donde el poderoso se come al más débil! Esa economía mata.”

Al mismo tiempo nos indica el papa los caminos a recorrer para revertir el actual proceso de transición, reivindicando la organización popular, la lucha social, la militancia comprometida, el ejercicio de la política orientada hacia la justicia social. ¡Despertemos antes de que sea demasiado tarde!

   
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