Adital

1. Antecedentes.Desde que Laurent Desiré Kabila, el padre del actual Presidente de la República Democrática del Congo (RDC) rescató el primitivo nombre del país con su llegada al poder, quedaba completar el reto de dar plenitud a ese nombre en lo que al aspecto democrático se refiere. De eso hace ya casi diez años, y muchas cosas han pasado en todo este tiempo…

Adoptar de nuevo el nombre de República Democrática del Congo (así fue como se llamó el país por primera vez tras su independencia) suponía no sólo enterrar el mobutismo (aunque Mobutu siguiera vivo en el exilio), sino acabar con la idea del Zaire como propiedad privada de las elites que se movían en torno a un dirigente de infausto recuerdo para su pueblo. Cuatro décadas de opresión y férrea dictadura representadas en símbolos y valores que, con buena intención quisieron borrar del imaginario colectivo aquellos liberadores, encabezados por Kabila cuando el diecisiete de mayo de 1.997 consiguieron tomar el poder de Kinshasa en medio del fervor popular.

En aquellos primeros momentos Kabila padre hizo interesantes reformas a la vez que peligrosas amistades que llenaron de dudas tanto a los analistas financieros como a los políticos de la comunidad internacional; es obvio que cualquier decisión política o económica de cierta relevancia en ese tiempo mantenía en tensión a todos aquellos que tenían grandes expectativas de negocio en un país que constituía el principal nutriente de materias primas de occidente. A todo ello se debe añadir las tensiones internas que fueron surgiendo como consecuencia de supuestos pactos incumplidos con aliados de los países vecinos que reclamaban su botín en la ayuda prestada para derrocar al Mobutu.

No sabremos si las promesas que hizo Kabila de elecciones hubieran llegado a cumplirse o simplemente eran fuego de artificio entre tanta expectación; la rebelión que se produjo en el este del país en el año 1.998 radicalizó las posturas y propiciaron justificaciones de toda clase para paralizar cualquier tipo de proceso democratizador en el país. Desde entonces, sólo ha habido guerra, sufrimiento, violencia y más pobreza. Y las víctimas de todo esto, claro está, la población civil, la que justamente debería ostentar la soberanía verdadera, la llamada popular, fundamento de cualquier democracia por imperfecta que sea.

Estas elecciones no son ni más ni menos que un paso más dentro de un proceso difícil y doloroso, de reencuentro y reconciliación entre muchos sectores de la población. Las elecciones no son el punto de llegada de este largo proceso de transición que ha experimentado la RDC que comenzó en el 2003 con los acuerdos de Lusaka. Es un punto, digamos, de referencia. Queda mucho por hacer, pero eso si, ya no hay vuelta atrás. El pueblo ha podido cumplir el viejo sueño de acudir a las urnas y pasar de ser espectador a protagonista de su propia historia.

2. Las elecciones

Vaya por delante decir que no es fácil, como se puede imaginar, organizar unas elecciones en un país-continente, como allí llaman al Congo; con un territorio equivalente a cinco veces la superficie de España (casi todo Europa occidental) y sin infraestructuras viarias y logísticas, organizar unas elecciones de tal magnitud era un reto más propio de la ciencia ficción que de la realidad. No se debe olvidar que la complejidad del proceso afecta, no sólo, a todo lo relacionado con el acto electoral en sí mismo, sino también lo relativo a la creación de listas de electores, formación de agentes electorales para presidir los más de 50.000 colegios que hubo que desplegar, etc.; en esas dificultades muchos amparaban sus predicciones catastrofistas sobre el desarrollo y el resultado del proceso.

Pero no contaban con un pilar fundamental de este proceso de transición, al que creemos que no se le ha reconocido suficientemente su trabajo: La Comisión Electoral Independiente, presidida por Malu-Malu, una de las instituciones creadas como consecuencia de los acuerdos de paz, que ha conseguido llevar a buen puerto este proceso y superar momentos delicadísimos que no en pocas ocasiones han estado a punto de dar al traste con el proceso de paz.
Esa Comisión, la CEI, ha debido jugar incluso el papel de diana de todos aquellos que no sabían a quienes hacer culpables de sus propios fracasos y actitudes hostiles. Pese a todo, se ha constituido en un organismo que a pesar de las dificultades y la falta de medios en muchos casos, e incluso los errores que haya podido cometer, ha garantizado la transparencia y la credibilidad del proceso. En este sentido cabe destacar que la organización de las elecciones ha resultado modélica. Como en todo, con sus errores, que en ningún caso pueden ni deben ser utilizados para deslegitimar los resultados si alguien pretende hacerlo.

El equipo de observadores de los Comités de Solidaridad con el África Negra, hemos coincidido en nuestras conclusiones en resaltar el clima de seriedad y asepsia en que se ha desarrollado el proceso.

3. La misión de observación de los Comités

Uno de los principales interrogantes que nos hemos planteado en los Comités es qué observar, y para qué. Un debate difícil de resolver en unas elecciones en torno a las cuales había demasiadas organizaciones cuya función no quedaba demasiado clara, más aún sopesando las dudas que ofrecía tanta presencia internacional de la que la población muchas veces sospechaba que venían a allanar el camino de sus candidatos preferidos. A la MONUC (Misión de las Naciones Unidas para el Congo), el CIAT (una serie de países que forman un comité de apoyo a la transición), y otros organismos financiadores de este proceso, se añadieron organizaciones de todo tipo para ‘observar’, hasta superar la cincuentena.

Por tanto, entre tanta observación, debíamos definir la estrategia a seguir; y como no podía ser de otra manera, los Comités hemos querido estar al lado de la sociedad civil, que a veces se olvida, y que debe ser no sólo observadora, sino garante y certificadora. Para ello, en la RDC se creó un Cuadro de concertación de la sociedad civil para las elecciones, una plataforma integrada por el más amplio abanico de movimientos sociales y civiles, así como de la práctica totalidad de las confesiones religiosas, en un ejemplo de consenso sin protagonismos por el futuro del país. Para realizar su trabajo pidieron apoyo a organizaciones de ámbito internacional entre las que figuraba EURAC, red en la que los Comités de Solidaridad con el África Negra estamos asociados.

Nuestro trabajo, más que de observar, ha sido el de acompañar a la observación de una sociedad civil que ha hecho un esfuerzo difícil de imaginar si no se está allí. Este cuadro de concertación ha desplegado observadores en todo el país con un esfuerzo de coordinación sin precedentes. De ello hemos sido testigos, así como de su madurez para asumir sus responsabilidades en los engranajes del proceso electoral.

4. Las elecciones en Kinshasa

Kinshasa ha sido una de las zonas más calientes en el proceso electoral; una ciudad, según dicen de entorno a diez millones de habitantes, es indudablemente una ciudad en la que la violencia constituye un factor importante en las relaciones humanas. La creciente tensión electoral creó un río revuelto en que aparecieron pescadores deseosos de réditos oportunistas, que muchas veces no son más que víctimas, como por ejemplo, los miles de niños de la calle, a los que una simple coca cola les supone un precio aceptable a cualquier trabajo.

La campaña electoral en Kinshasa se ha jugado fundamentalmente entre Kabila y Bemba. El resto, simplemente acompañantes, comparsas; Kabila se presentaba en Kinshasa con unos bajísimos índices de popularidad, y la ciudad, aprovechando la enorme presión demográfica que ejerce sobre el resto del país, lanzaba mensajes amenazantes que pretendían crear el estado de miedo en la totalidad del Estado. Ese peso específico de la capital (en ella viven aproximadamente una quinta parte de todos los habitantes del país), ha sido utilizado, fundamentalmente por los partidarios de Bemba para profetizar el fracaso de unas elecciones si el veredicto no es el esperado por sus seguidores.

Kinshasa fue a votar el 30 de julio de una forma modélica; salvo algún que otro desorden público aislado, la jornada se desarrolló sin incidentes, en un clima de gran emoción, con enormes colas de gente que esperaba para votar desde primeras horas de la madrugada. Nadie se quería perder un momento que dio pie a multitud de situaciones con las que bien podríamos escribir un anecdotario.

Pero sería como no querer ver la realidad si decimos que, (salvo el mismo día de las elecciones) el clima electoral se ha desarrollado sin tensiones. Los congoleños se juegan mucho y son conscientes de que por su estación está pasando el tren que les puede llevar a salir de la maldición en la que viven, sostenida por muchos años de corrupción interna, pero también por décadas de injerencias exteriores personificadas en las grandes potencias mundiales, políticas y económicas, que les han intentado arreglar la vida de forma leonina desde los tiempos del colonialismo.

Pero hay algo más doloroso; las injerencias de países vecinos, que han visto cómo en los últimos años se paseaban por el territorio congoleño y expoliaban sus riquezas escondidas impunemente, ha causado una herida muy profunda contra los vecinos, principalmente Ruanda y contra todos aquellos candidatos que puedan ser sospechosos de representar fuerzas.
Por eso, en Kinshasa ha triunfado el discurso nacionalista, el de la identidad, seguramente, porque como dicen los que son capaces de hacer un análisis con perspectiva, Kinshasa no ha vivido la guerra, la de verdad, la de los millones de muertos y las mujeres violadas, como ha ocurrido en el Este del País. El debate, desgraciadamente, no era el de un proyecto de sociedad, sino el del origen de los candidatos, y las dudas que planean sobre el de Kabila hijo, ha jugado un papel muy importante en esta ciudad, más allá de los resultados.

5. Las elecciones en Bukavu

Es indudable que el sufrimiento hace madurar a las personas y los pueblos. Y eso ha pasado con las gentes de Bukavu, que han sufrido varias guerras de invasión del territorio congoleño, con las consecuencias perniciosas de toda guerra: muerte, destrucción, desplazamientos de población, miedo, injusticias, crímenes contra la humanidad, como violaciones, torturas, detenciones y ejecuciones arbitrarias, etc. Esos sufrimientos han llevado al pueblo de Bukavu a tener las ideas claras: ante todo quieren la paz, no sólo como ausencia de guerra, sino como condición sine qua non para el desarrollo y bienestar de la sociedad.

Quieren que no haya concesiones respecto a la integridad del territorio, que los nuevos dirigentes se ocupen de su pueblo, que no haya corrupción, que se respeten los derechos humanos. Eso, para ellos, es la paz.

Por eso votaron en masa, en orden, contentos, soportando estoicamente las horas de espera y el sol implacable. Todos sabían que las elecciones les iban a dar la oportunidad de escoger a sus dirigentes por primera vez después de 40 años. Y saludaban amistosamente la presencia de los observadores nacionales e internacionales, porque tenían la intuición de que su presencia garantizaría unas elecciones democráticas, libres y transparentes.

¿Qué decir del recuento de votos? Todas las formalidades contempladas en la Ley electoral se cumplieron escrupulosamente: apertura de las urnas, recuento de los votos y del número de electores, proclamación de los resultados, examen detallado de los boletines dudosos, que pasaban de mano en mano de los responsables previamente a decidir su admisión o no como válido, la redacción de las actas, todo, de manera tan transparente que nadie hubiera podido dudar de la limpieza de esas primeras elecciones.

El pueblo congoleño nos ha dado un ejemplo de seriedad en su compromiso político. Creen que sus vidas pueden cambiar a través de ese gesto sencillo que es el meter su boletín de voto en las urnas, que les había sido vedado durante tanto tiempo. Aún tienen un largo camino que recorrer.

6. Conclusiones, por ahora…

Esto no ha sido más que un escalón en el proceso. Habrá una segunda vuelta, y mucho trabajo por hacer para ayudar a este pueblo a construir definitivamente su propia historia. Y sin duda, ahí seguiremos estando, de una u otra forma, los Comités de Solidaridad.

   
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