VII ENCUENTRO DE REDES CRISTIANAS
23 y 24 de octubre de 2021

 

Enviado a la página web de Redes Cristianas

Estamos desanimados, asustados, incluso decepcionados porque nuestra fe pierde peso social, nos defraudan y defraudamos, las convicciones se tambalean y las seguridades religiosas con las que creíamos contar, fallan. La crisis general en el marco de un gran cambio de era, en casi todos los frentes, nos hace daño e incrementa la desesperanza. Orar, a lo que tanta importancia dio Jesús, ya no resulta importante para nosotros. La causa del porqué hemos llegado a esta situación, al menos en nuestras comunidades eclesiales cercanas, es profunda y
compleja, pero la falta de autocrítica y el corporativismo extremo, ayudan lo suyo.

En este tiempo oscuro, pocos faros se mantienen firmes en la acogida y en la actitud de confianza en Dios como el Papa Francisco, que evangeliza como nadie. Y sin embargo, pocas personas están siendo denostadas tan abiertamente desde las propias filas católicas.

Podríamos resumir la situación católica en dos tendencias: la primera, con recorrido sociológico consolidado en el clericalismo, está afanada en reforzar ritos, dogmas, poderes legales y firmeza dogmática como escudo protector ante los desvaríos del mundo pretendiendo así defender lo esencial…  pero sin practicarlo de corazón, instalados en la zona de confort religiosa y legalista. Con frecuencia dejan aparte la actitud de humildad y caridad, ambas esenciales en quienes nos decimos cristianos. La consecuente falta de ejemplo incide en la falta de vivencia comunitaria fraternal que vacía los templos más que cualquier otra cosa.

Los que seguimos, tendemos a hacerlo desde la pasividad, sin alegría. Al final, no sabemos si estamos defendiendo la causa de Jesús o la nuestra; ejemplos de esto abundan en el Evangelio.
La segunda tendencia entiende que Jesús no vivió entre seguridades ni apoyado en dogmas, más allá del dogma supremo del amor. Que expresamente, huyó de la vanagloria, el poder y el dinero para hacerse donación a todos. Y que trató a los pecadores con misericordia y a las flaquezas humanas con un proyecto ilusionante de cambio de vida interior, no formalista.

No fueron el castigo, el miedo o la rigidez inmisericorde el plan de Jesús. Los que se encuentran en esta tendencia, entienden la evangelización como un mandato que se funda en el compromiso de vivir de una determinada manera, hacia dentro (oración, contemplación) y hacia fuera: acogida desde el corazón, escucha, compasión y ejemplo. Que el camino se hace al andar, buscando, no con el corazón anclado en certezas que anquilosan en lugar de abrir caminos.

Para ellos, Cristo no es imposición ni adoctrinamiento, los malos no son tan malos y los buenos tampoco son tan buenos. Tratan de vivir la parábola del buen samaritano con actitud comprometida intentando hacer comunidad de fe.
Algunos me dirán que no se puede trazar una línea tan gruesa entre unos y otros, blanco o negro. Y tienen razón. Por eso hablo de tendencias, de las que todos participamos en mayor o menor medida, unos viviendo más cerca de la primera tendencia y otros tratando de vivir conforme a la segunda. 

Aquellos convencidos de que enarbolando las seguridades religiosas de manera excluyente o denunciando cualquier deviación de la ortodoxia es el camino para capear el temporal, les diré que así es como se resiente el amor, piedra angular de todo, la actitud de Jesús. Él no rehuyó a nadie, escuchó y confraternizó con todos y todas manteniendo la firmeza solamente ante quienes pervertían el Mensaje de fondo. Se mantuvo en actitud de amor total, sin excepción, desde el ejemplo radical que transforma como jamás lo hará la tilde de la ley, por muy buena
que esta sea. Y por retorcer la praxis legal injusta fue calumniado y asesinado para ocultar la primacía del Amor.

En otros tiempos, la Iglesia católica era creíble, pero en la medida que la institución ha sido más importante que el mensaje, no ha hecho falta que venga nadie de fuera para desacreditarla. Es terrible que haya podido incubarse durante tanto tiempo algo trágico como son los abusos clericales de menores y personas débiles, con medios para esconderlo y proteger a los culpables como un lobby poderoso cualquiera. El Papa Francisco se ha visto poco respaldado en su contundencia en aplicar “medidas concretas y eficaces” para desmantelar cualquier encubrimiento eclesiástico ante los abusos clericales.

Ahí sigue el “caso Gaztelueta”, reabierto por el Papa.
Con el Evangelio en una mano y la apertura de corazón en la otra, reflexionemos si estamos más cerca de una o de la otra tendencia. Y cómo vivimos la misión de evangelizar, mostrando a otros la Buena Noticia que nos ha sido revelada, cada cual desde lo que nos toca. Me preocupa que, sin darnos cuenta, no pocos escandalicemos con nuestro mediocre día a día.

   
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