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Sólo un misterio de amor incondicional produce esta conducta, no violenta, pero activa, de justicia y de paz
Presentación
Hermanos: vamos a recorrer el camino de cruz de Jesús de Nazaret. Este año, siguiendo el ciclo litúrgico, lo miramos con los ojos del evangelista Mateo. La cruz aparece enseguida sobre la vida de Jesús: en su nacimiento, en el discípulo que sigue su cruz, en su actividad misionera discutida y rechazada por muchos, en la muerte del Bautista que le sugiere su misma suerte (Mt 2, 1-23; 10, 16-39; 11-12; 14, 1-12)…

Jesús vive abrazado al amor del Padre, no al dinero, ni al poder, ni al brillo mundano. Jesús, el Hijo del Hombre, es vulnerable, débil, sujeto a leyes físicas y sociales, como “uno de tantos”. Es víctima de la conspiración de los dirigentes y la traición de algún amigo. Él será protagonista fiel al amor y respeto al Padre, a los demás, a sí mismo.

Su pasión y muerte fue consecuencia de su vida. Murió asesinado, porque los seres humanos mueren y asesinan. Murió así porque las personas tratan así a quienes no piensan como ellos, a quienes consideran un peligro para su poder, para su rango, para su supervivencia en una sociedad determinada. “Por nosotros fue crucificado, muerto y sepultado”: para mostrar su amor, compartir nuestra condición, especialmente la de los perseguidos por la justicia, la libertad, el amor, la paz, la vida…
Contemplemos su amor, hecho respeto, a veces silencio y a veces queja dolorida… a Judas, a Pedro, a los discípulos dormidos, a quienes le detienen y abofetean, al Sanedrín y al Sumo Sacerdote, a Pilato, al pueblo, a los soldados, a Dios mismo. “Verdaderamente éste era Hijo de Dios”, es la conclusión que se pone en boca de un no judío y de sus hombres, de algún modo neutrales, al contemplar la conducta de Jesús. Sólo un misterio de amor incondicional produce esta conducta, no violenta, pero activa de justicia y de paz. Su muerte es la muerte del Hijo del Amor, del Hijo de Dios. El Padre responderá al Amor del Hijo con la resurrección, la vida para siempre.

PRIMERA ESTACION: Los dirigentes y Judas traman la muerte de Jesús
– Te adoramos, Cristo, y te bendecimos.
– Porque con tu santa cruz redimiste al mundo.

Lectura del evangelio según san Mateo (26, 1-5. 14-16)
Cuando acabó Jesús todos estos discursos, dijo a sus discípulos: «Sabéis que dentro de dos días se celebra la Pascua y el Hijo del hombre va a ser entregado para ser crucificado». Entonces se reunieron los sumos sacerdotes y los ancianos del pueblo en la casa del sumo sacerdote, llamado Caifás, y se pusieron de acuerdo para prender a Jesús a traición y darle muerte. Pero decían: «Durante la fiesta no, para que no se ocasione un tumulto entre el pueblo».
Entonces uno de los Doce, llamado Judas Iscariote, fue a los sumos sacerdotes y les propuso: «¿Qué estáis dispuestos a darme si os lo entrego?». Ellos se ajustaron con él en treinta monedas de plata. Y desde entonces andaba buscando ocasión propicia para entregarlo.
Palabra del Señor.

Oración:
Jesús del amor claro y decidido:
sigue ocurriendo lo mismo, los que obran injustamente
“se ponen de acuerdo para prenderte a traición y darte muerte. Pero decían: «Durante la fiesta no, para que no se ocasione un tumulto entre el pueblo»”.
Queremos guardar las apariencias, recibir el aplauso, aparentar buen corazón.
Pero la injusticia sigue en pie:
el dinero ha desaparecido,
los trabajos se esfuman, las colas del paro engordan,
los basureros están siendo expurgados,
los profetas, como tú, Jesús, están siendo astutamente silenciados,
marginados e incluso muertos.
«¿Qué estáis dispuestos a darme si os lo entrego?»“
es la traición permanente que asedia a los pobres
tentados por el poder y el dinero.
Ayúdanos, Jesús del Amor, a ser fieles a la fraternidad,
al esfuerzo por compartir,
a no tolerar el hambre y la miseria, frutos de la injusticia y el desamor.
Padrenuestro…

SEGUNDA ESTACIÓN: Jesús instituye la eucaristía en la última cena
– Te adoramos, Cristo, y te bendecimos.
– Porque con tu santa cruz redimiste al mundo.

Lectura del evangelio según san Mateo (26, 19-29)
Los discípulos cumplieron las instrucciones de Jesús y prepararon la Pascua. Al atardecer se puso a la mesa con los Doce. Mientras comían dijo: «En verdad os digo que uno de vosotros me va a entregar». Ellos, muy entristecidos, se pusieron a preguntarle uno tras otro: «¿Soy yo acaso, Señor?». Él respondió: «El que ha metido conmigo la mano en la fuente, ese me va a entregar. El Hijo del hombre se va como está escrito de él; pero, ¡ay de aquel por quien el Hijo del hombre es entregado!, ¡más le valdría a ese hombre no haber nacido!». Entonces preguntó Judas, el que lo iba a entregar: «¿Soy yo acaso, Maestro?». Él respondió: «Tú lo has dicho». Mientras comían, Jesús tomó pan y, después de pronunciar la bendición, lo partió, lo dio a los discípulos y les dijo: «Tomad, comed: esto es mi cuerpo». Después tomó el cáliz, pronunció la acción de gracias y dijo: «Bebed todos; porque esta es mi sangre de la alianza, que es derramada por muchos para el perdón de los pecados. Y os digo que desde ahora ya no beberé del fruto de la vid hasta el día que beba con vosotros el vino nuevo en el reino de mi Padre».
Palabra del Señor.

Oración:
Jesús del Amor a todos:
hasta Judas, que te va a entregar, merece tu respeto y amor.
Tú no excluyes del abrazo a nadie.
Así podemos cantar tu amor imposible:
“el amor es paciente, servicial y sin envidia.
No quiere aparentar ni se hace el importante.
No actúa con bajeza, ni busca su propio interés…
Olvida las ofensas y perdona.
Siempre le agrada la verdad.

Todo lo disculpa, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta” (1Cor 13, 4-7).
Al contemplar la cena con los discípulos,
y entregarles tu persona simbolizada en el pan y el vino,
nos reafirmamos en tu amor sin medida:
“estamos seguros de que ni la muerte ni la vida,
ni los ángeles ni los poderes espirituales,
ni el presente ni el futuro, ni las fuerzas del universo,
sean de los cielos o de los abismos,
ni creatura alguna, podrá apartarnos del amor de Dios
que encontramos en ti, Cristo Jesús, Señor nuestro” (Rm 8, 38-39).
Reaviva, Jesús, esta experiencia cada vez que celebramos la eucaristía.
Padrenuestro…

TERCERA ESTACIÓN: Jesús anuncia el abandono de los suyos
– Te adoramos, Cristo, y te bendecimos.
– Porque con tu santa cruz redimiste al mundo.

Lectura del evangelio según Mateo (26, 30-35)
Después de cantar el himno salieron para el monte de los Olivos. Entonces Jesús les dijo: «Esta noche os vais a escandalizar todos por mi causa, porque está escrito: “Heriré al pastor y se dispersarán las ovejas del rebaño”. Pero cuando resucite, iré delante de vosotros a Galilea». Pedro replicó: «Aunque todos caigan por tu causa, yo jamás caeré». Jesús le dijo: «En verdad te digo que esta noche, antes de que el gallo cante, me negarás tres veces». Pedro le replicó: «Aunque tenga que morir contigo, no te negaré». Y lo mismo decían los demás discípulos.
Palabra del Señor.

Oración:
Jesús comprensivo de nuestra debilidad:
como los discípulos, confiamos demasiado en nosotros mismos.
Nos creemos los mejores:
pensamos que sólo en nosotros merece la pena confiar;
exigimos los primeros puestos en todas partes;
nos recomendamos como la mejor alternativa:
somos sinceros, honrados, buscamos el bien de todos, etc.
Los demás –sobre todo si es otra alternativa de gobierno- son ineptos,
sólo quieren enriquecerse, tienen afán desmedido de poder,
no les importan los medios: mienten, disimulan, sobornan…
Es nuestra vida esclavizada por el egoísmo.
Nos da miedo dedicarnos a amar, a comprender, a reconocer la verdad…
Ayúdanos, Jesús de la verdad, a ser sinceros con nosotros mismos,
a ofrecer lo que somos y tenemos sin trampas.
Padrenuestro…

CUARTA ESTACIÓN: Jesús, en medio de la tristeza, se dirige al Padre
– Te adoramos, Cristo, y te bendecimos.
– Porque con tu santa cruz redimiste al mundo.

Lectura del evangelio según san Mateo (26, 36-46)
Entonces Jesús fue con ellos a un huerto, llamado Getsemaní, y dijo a los discípulos: «Sentaos aquí, mientras voy allá a orar». Y llevándose a Pedro y a los dos hijos de Zebedeo, empezó a sentir tristeza y angustia. Entonces les dijo: «Mi alma está triste hasta la muerte; quedaos aquí y velad conmigo». Y adelantándose un poco cayó rostro en tierra y oraba diciendo: «Padre mío, si es posible, que pase de mí este cáliz. Pero no se haga como yo quiero, sino como quieres tú». Y volvió a los discípulos y los encontró dormidos. Dijo a Pedro: «¿No habéis podido velar una hora conmigo? Velad y orad para no caer en la tentación, pues el espíritu está pronto, pero la carne es débil». De nuevo se apartó por segunda vez y oraba diciendo: «Padre mío, si este cáliz no puede pasar sin que yo lo beba, hágase tu voluntad». Y viniendo otra vez, los encontró dormidos, porque sus ojos se cerraban de sueño. Dejándolos de nuevo, por tercera vez oraba repitiendo las mismas palabras. Volvió a los discípulos, los encontró dormidos y les dijo: «Ya podéis dormir y descansar. Mirad, está cerca la hora y el Hijo del hombre va a ser entregado en manos de los pecadores. ¡Levantaos, vamos! Ya está cerca el que me entrega».
Palabra del Señor.

Oración:
Jesús de la tristeza de muerte:
¡Cómo te comprendemos ahora, Jesús humano!
Queremos sentir tu tristeza y angustia ante lo que te viene encima.
Acudes a la oración para decirle al Padre “la tristeza de muerte” que te embarga.
Como el desahuciado por los médicos, el atrapado en un accidente sin salida,
el acorralado por la incomprensión y la venganza de sus enemigos.
Necesitas comprensión, compañía de los tuyos, conformidad ante lo irremediable,
dar sentido al sufrimiento injusto que quieren descargar sobre ti.
-“Padre mío, si este cáliz no puede pasar sin que yo lo beba, hágase tu voluntad”.
El Padre “no duerme”, “siempre trabaja” y escucha nuestra súplica.
Su Espíritu ora en nosotros y nos induce a vivir el amor, su voluntad.
El Espíritu te llevó a ti, Jesús del Amor, a dar la cara por la verdad de Dios,
por la fraternidad que aquellos hombres “religiosos” hacían imposible.
Que tu Espíritu nos acompañe siempre, sobre todo cuando el amor se hace difícil.
Padrenuestro…

QUINTA ESTACIÓN: Jesús es detenido y encarcelado
– Te adoramos, Cristo, y te bendecimos.
– Porque con tu santa cruz redimiste al mundo.

Lectura del evangelio según san Mateo (26, 47-57)
Todavía estaba hablando, cuando apareció Judas, uno de los Doce, acompañado de un tropel de gente, con espadas y palos, enviado por los sumos sacerdotes y los ancianos del pueblo. El traidor les había dado esta contraseña: «Al que yo bese, ese es: prendedlo». Después se acercó a Jesús y le dijo: «¡Salve, Maestro!». Y lo besó. Pero Jesús le contestó: «Amigo, ¿a qué vienes?». Entonces se acercaron a Jesús y le echaron mano y lo prendieron. Uno de los que estaban con él agarró la espada, la desenvainó y de un tajo le cortó la oreja al criado del sumo sacerdote. Jesús le dijo: «Envaina la espada: que todos los que empuñan espada, a espada morirán. ¿Piensas tú que no puedo acudir a mi Padre? Él me mandaría enseguida más de doce legiones de ángeles. ¿Cómo se cumplirían entonces las Escrituras que dicen que esto tiene que pasar?». Entonces dijo Jesús a la gente: «¿Habéis salido a prenderme con espadas y palos como si fuera un bandido? A diario me sentaba en el templo a enseñar y, sin embargo, no me prendisteis. Pero todo esto ha sucedido para que se cumplieran las Escrituras de los profetas». En aquel momento todos los discípulos lo abandonaron y huyeron. Los que prendieron a Jesús lo condujeron a casa de Caifás, el sumo sacerdote, donde se habían reunido los escribas y los ancianos.
Palabra del Señor.

Oración:
Jesús detenido y encarcelado:
Sientes la persecución, el odio homicida, que se centraliza en tu vida.
Como el obispo Romero, Luis Espinal, Ignacio Ellacuría y sus compañeros
ante un piquete dispuesto a matar a quien no piensa como ellos.
¡Qué situaciones más brutales!
Un amigo te señala con un beso -¡qué perversión sacramental!-
como blanco de un piquete armado hasta los dientes.
Otro amigo, indignado, responde al ataque con una espada y hiere a un criado,
víctima también de la violencia.
Tu Amor, convencido de que la violencia engendra violencia,
rechazando aquello de “hombre o pueblo armado, hombre o pueblo respetado”,
y de que sólo respondiendo amorosamente puede llegar la fraternidad,
desaprueba toda violencia.
Soportas el mal, declarando la injusticia causada “como si fueras un ladrón”.
Es la no violencia activa, que exige justicia, pero sin añadir otra injusticia.
Jesús sencillo y humilde, danos la audacia de dar siempre amor,
incluso ante el odio y la persecución.
Padrenuestro…

SEXTA ESTACIÓN: Jesús se reconoce Mesías e Hijo de Dios ante el Sanedrín
– Te adoramos, Cristo, y te bendecimos.
– Porque con tu santa cruz redimiste al mundo.

Lectura del evangelio según san Mateo (26, 57-68)
Los que prendieron a Jesús lo condujeron a casa de Caifás, el sumo sacerdote, donde se habían reunido los escribas y los ancianos. Pedro lo seguía de lejos hasta el palacio del sumo sacerdote y, entrando dentro, se sentó con los criados para ver cómo terminaba aquello. Los sumos sacerdotes y el Sanedrín en pleno buscaban un falso testimonio contra Jesús para condenarlo a muerte y no lo encontraban, a pesar de los muchos falsos testigos que comparecían. Finalmente, comparecieron dos que declararon: «Este ha dicho: “Puedo destruir el templo de Dios y reconstruirlo en tres días”». El sumo sacerdote se puso en pie y le dijo: «¿No tienes nada que responder? ¿Qué son estos cargos que presentan contra ti?». Pero Jesús callaba. Y el sumo sacerdote le dijo: «Te conjuro por el Dios vivo a que nos digas si tú eres el Mesías, el Hijo de Dios». Jesús le respondió: «Tú lo has dicho. Más aún, yo os digo: desde ahora veréis al Hijo del hombre sentado a la derecha del Poder y que viene sobre las nubes del cielo». Entonces el sumo sacerdote rasgó sus vestiduras diciendo: «Ha blasfemado. ¿Qué necesidad tenemos ya de testigos? Acabáis de oír la blasfemia. ¿Qué decidís?». Y ellos contestaron: «Es reo de muerte». Entonces le escupieron a la cara y lo abofetearon; otros lo golpearon diciendo: «Haz de profeta, Mesías; dinos quién te ha pegado».
Palabra del Señor.

Oración:
Jesús, el Cristo, el Ungido, el Hijo del Dios verdadero:
En tu pueblo, en Nazaret, reconociste que el Espíritu de Dios estaba sobre ti,
porque te había ungido para la dar la buena nueva a los más necesitados,
y proclamar “el año de gracia del Señor”.
Con esta fuerza divina entregaste “el amor y la bondad” de Dios.
Hoy, la autoridad máxima del pueblo te exige:
“Te conjuro por el Dios vivo a que nos digas si tú eres el Mesías, el Hijo de Dios”.

No tienes ninguna duda:
“Tú lo has dicho. Más aún, yo os digo: desde ahora veréis al Hijo del hombre
sentado a la derecha del Poder y que viene sobre las nubes del cielo”.
Reconoces que Dios está contigo, y estará siempre con el Hombre
que sólo sabe amar, está dispuesto a entregar los hermanos.
“Ha blasfemado. ¿Qué necesidad tenemos ya de testigos?
Acabáis de oír la blasfemia. ¿Qué decidís?”.
Los hombres de la institución se parapetan detrás de Dios,
para defender sus leyes, sus costumbres, su vida… al servicio de ellos mismos.
Desde el amor de Jesús, ¡cuántos modos, esclavitud, apariencia… tienen que caer!
Es más cómodo escupir al profeta, darle bofetadas y burlarse…
que ponerse al servicio del Amor.
Jesús, Hijo del Dios verdadero: danos fortaleza para seguir en pie
anunciando el amor y la libertad de toda persona, ungida por tu Espíritu.
Padrenuestro…

SÉPTIMA ESTACIÓN: Pedro reniega de Jesús
– Te adoramos, Cristo, y te bendecimos.
– Porque con tu santa cruz redimiste al mundo.

Lectura del evangelio según san Mateo (26, 69-75)
Pedro estaba sentado fuera en el patio y se le acercó una criada y le dijo: «También tú estabas con Jesús el Galileo». Él lo negó delante de todos diciendo: «No sé qué quieres decir». Y al salir al portal lo vio otra y dijo a los que estaban allí: «Este estaba con Jesús el Nazareno». Otra vez negó él con juramento: «No conozco a ese hombre». Poco después se acercaron los que estaban allí y dijeron a Pedro: «Seguro; tú también eres de ellos, tu acento te delata». Entonces él se puso a echar maldiciones y a jurar diciendo: «No conozco a ese hombre». Y enseguida cantó un gallo. Pedro se acordó de aquellas palabras de Jesús: «Antes de que cante el gallo me negarás tres veces». Y saliendo afuera, lloró amargamente.
Palabra del Señor.

Oración:
Jesús solo, ignorado por los amigos:
Estamos contemplando tu abandono progresivo en el amor.
Tú, que sólo querías amar como el Padre,
tú que brindabas tu amor a “justos e injustos”…
tienes la oportunidad de amar a tus amigos más cercanos.
Hasta Pedro, cabeza y piedra del edificio de tu amor, te ha vuelto la espalda.
Su negación cobarde debió dolerte singularmente.
Ante el peligro de compartir tu sufrimiento, te ignora, reniega de tu amor.
En gloria, éxito, honor, poder, dinero… los amigos se multiplican.
En marginación, descrédito, fracaso… “no conozco a ese hombre”,
más cruel: “ese hombre no es nadie”, “su amistad puede perjudicar mi carrera”.
Es la triste historia que se prolonga en la sociedad y en la misma Iglesia.
Jesús solo, ignorado por los amigos, danos tu Espíritu de amor inagotable,
que siga, como el gallo, cantando que Tú no nos abandonas nunca;
que “nada nos puede separar de tu Amor”.
Padrenuestro…

OCTAVA ESTACIÓN: Judas desespera de la bondad divina
– Te adoramos, Cristo, y te bendecimos.
– Porque con tu santa cruz redimiste al mundo.

Lectura del evangelio según san Mateo (27, 3-5)
Entonces Judas, el traidor, viendo que lo habían condenado, se arrepintió y devolvió las treinta monedas de plata a los sumos sacerdotes y ancianos diciendo: «He pecado entregando sangre inocente». Pero ellos dijeron: «¿A nosotros qué? ¡Allá tú!». Él, arrojando las monedas de plata en el templo, se marchó; y fue y se ahorcó.
Palabra del Señor.

Oración:
Jesús, amigo de Judas siempre:
Tú, Jesús fiel hasta el final, no reniegas nunca del Amor.
Respetas la libertad de Judas que se deja seducir por los jefes religiosos.
La institución judía, el templo y sus leyes, su poder, honor y riqueza,
no podían mantenerse en pie con tu idea de Dios y de fraternidad.
Eras un peligro real para la pervivencia de su situación privilegiada:
“conviene que muera uno antes que todo nuestro pueblo”.
Judas, guerrillero contra los romanos, no esperaba tu condena.
Tu detención, creía, sería un revulsivo popular contra los ocupantes.
El pueblo no permitiría que un hombre bueno fuera usado para someterlos más.
Judas se arrepiente, devuelve el dinero: “He pecado entregando sangre inocente”.
¿Se ahorcó o murió accidentalmente como sugiere la versión de Lucas (He 1,18):
“cayendo de cabeza, reventó por medio y se esparcieron todas sus entrañas”?
Fuera como fuera, a pesar de su posible desesperación,
“estamos convencidos de que ni la muerte ni la vida, …
ni creatura alguna, podrá separarnos del amor de Dios
manifestado en ti, Cristo Jesús, nuestro Señor” (Rm 8, 38-39).

También hoy muchos se dejan utilizar por los dirigentes;
colaboran contra la libertad, la verdad, la justicia…;
hunden a personas concretas, las marginan y olvidan;
anteponen la institución, que da de comer y encumbra;
“deja estar tu conciencia, fray Martín;
la única cosa segura es someterse a la autoridad establecida”
(Fue la consigna oficial del representante del Papa a Lutero. Cf.
G. Faus: La autoridad de la verdad. 2ª Sal Terrae. Santander 2006. P. 87).
Para ti, Jesús del Amor, no es así.
Tu conciencia está antes que cualquier autoridad establecida;
lo único seguro es tu Amor concreto, siempre presente en toda situación.
Jesús del amor casi imposible: que no desesperamos nunca de tu amor.
Padrenuestro…

NOVENA ESTACIÓN: Jesús es condenado por Pilato
– Te adoramos, Cristo, y te bendecimos.
– Porque con tu santa cruz redimiste al mundo.

Lectura del evangelio según san Mateo (27, 1-2. 11-26)
Al hacerse de día, todos los sumos sacerdotes y los ancianos del pueblo se reunieron para preparar la condena a muerte de Jesús. Y atándolo lo llevaron y lo entregaron a Pilato, el gobernador.
Jesús fue llevado ante el gobernador, y el gobernador le preguntó: «¿Eres tú el rey de los judíos?». Jesús respondió: «Tú lo dices». Y mientras lo acusaban los sumos sacerdotes y los ancianos no contestaba nada. Entonces Pilato le preguntó: «¿No oyes cuántos cargos presentan contra ti?». Como no contestaba a ninguna pregunta, el gobernador estaba muy extrañado. Por la fiesta, el gobernador solía liberar un preso, el que la gente quisiera. Tenía entonces un preso famoso, llamado Barrabás.

Cuando la gente acudió, dijo Pilato: «¿A quién queréis que os suelte, a Barrabás o a Jesús, a quien llaman el Mesías?». Pues sabía que se lo habían entregado por envidia. Y mientras estaba sentado en el tribunal, su mujer le mandó a decir: «No te metas con ese justo porque esta noche he sufrido mucho soñando con él». Pero los sumos sacerdotes y los ancianos convencieron a la gente para que pidieran la libertad de Barrabás y la muerte de Jesús. El gobernador preguntó: «¿A cuál de los dos queréis que os suelte?». Ellos dijeron: «A Barrabás». Pilato les preguntó: «¿Y qué hago con Jesús, llamado el Mesías?». Contestaron todos: «Sea crucificado». Pilato insistió: «Pues, ¿qué mal ha hecho?». Pero ellos gritaban más fuerte: «¡Sea crucificado!». Al ver Pilato que todo era inútil y que, al contrario, se estaba formando un tumulto, tomó agua y se lavó las manos ante la gente, diciendo: «Soy inocente de esta sangre. ¡Allá vosotros!». Todo el pueblo contestó: «¡Caiga su sangre sobre nosotros y sobre nuestros hijos!». Entonces les soltó a Barrabás; y a Jesús, después de azotarlo, lo entregó para que lo crucificaran.
Palabra del Señor.

Oración:
Jesús condenado por los jefes de los sacerdotes y las autoridades judías:
Tu condena a muerte es un caso claro de hasta dónde es capaz de llegar
el poder cuando ve peligrar sus prerrogativas.
No sólo el poder civil.
También quienes se creen dotados del poder de Dios.
El evangelio, los mejores sentimientos, la libertad de la fe,
el mandato evangélico del amor a los enemigos…
carecen de valor y se oscurecen ante el afán de control y dominio.
Tu condena a muerte se ha perpetuado en la historia.
Los disidentes siguen siendo enemigos a eliminar.
A la misma atrocidad llegó tu Iglesia:
“quemar herejes no va contra el Espíritu Santo”,
piensan “los jefes de los sacerdotes y las autoridades” cristianas.

[Lutero defendía que sí iba contra el Espíritu Santo. El Papa León X
“condenó, reprobó y rechazó” tal proposición atribuida a Lutero.
Ver en El Magisterio de la Iglesia: DS 1483, Dz 773].
Jesús, disidente desde el amor del Padre, conviértenos a tu amor.
Que la Iglesia, nuestra comunidad, tratemos con tu amor a los discordantes.
Que los escuchemos, dialoguemos, respetemos sus derechos,
les amemos como tú, Cristo Jesús, nos amas.
También en su corazón habita tu Espíritu,
aunque puedan dejarse llevar, como nosotros, por espíritus ajenos.
Amar, hacerles el bien, compartir tu amor, siempre es voluntad del Padre.
Padrenuestro…

DÉCIMA ESTACIÓN: Jesús es coronado de espinas
– Te adoramos, Cristo, y te bendecimos.
– Porque con tu santa cruz redimiste al mundo.

Lectura del evangelio según san Mateo (27, 27-31)
Entonces los soldados del gobernador se llevaron a Jesús al pretorio y reunieron alrededor de él a toda la cohorte: lo desnudaron y le pusieron un manto de color púrpura y trenzando una corona de espinas se la ciñeron a la cabeza y le pusieron una caña en la mano derecha. Y doblando ante él la rodilla, se burlaban de él diciendo: «¡Salve, rey de los judíos!». Luego le escupían, le quitaban la caña y le golpeaban con ella la cabeza. Y terminada la burla, le quitaron el manto, le pusieron su ropa y lo llevaron a crucificar.
Palabra del Señor.

Oración:
Jesús desnudo, ridiculizado, coronado de espinas, escupido y golpeado.
Te contemplamos privado de derechos humanos elementales:
torturado física y mentalmente,
hecho centro de burlas crueles, escupido,
violada tu intimidad, golpeado impunemente.
Como “uno de tantos” detenidos, acorralados en peleas callejeras,
disidentes políticos o ideológicos, herejes, etc..
Los soldados, hombres realistas, siempre al amparo y defensa del poder,
emplearán su fuerza bruta sin compasión.
En tu persona van a burlarse de los profetas y rebeldes de siempre.
Para el poder constituido no hay más profecía que el orden establecido.
El pueblo se entusiasma fácilmente con mesías,
idealistas ridículos de los que hay que burlarse con toda crueldad,
soñadores de reinos divinos.

Disfrazándote de rey, coronándote de espinas, dotándote de cetro ridículo,
saludándote con ironía grotesca, golpeando tu cabeza,
escupiéndote, arrodillándose ante tu ilusorio poder…
expresan el desprecio por este pueblo fanático y con aires de grandeza.
Jesús ultrajado, escarnecido:
líbranos de toda tortura física o moral,
de toda vejación de la persona humana,
de toda situación infrahumana de vida,
de toda clase de crueldad.
Que el maltrato nunca nos haga perder nuestra dignidad humana;
siempre somos personas libres, hermanos de todos,
hermanos tuyos, hijos del mismo Padre.
Padrenuestro…

UNDÉCIMA ESTACIÓN: Jesús es crucificado
– Te adoramos, Cristo, y te bendecimos.
– Porque con tu santa cruz redimiste al mundo.

Lectura del evangelio según san Mateo (27, 32-44)
Al salir, encontraron a un hombre de Cirene, llamado Simón, y lo forzaron a llevar su cruz. Cuando llegaron al lugar llamado Gólgota (que quiere decir lugar de «la Calavera»), le dieron a beber vino mezclado con hiel; él lo probó, pero no quiso beberlo. Después de crucificarlo, se repartieron su ropa echándola a suertes y luego se sentaron a custodiarlo. Encima de la cabeza colocaron un letrero con la acusación: «Este es Jesús, el rey de los judíos». Crucificaron con él a dos bandidos, uno a la derecha y otro a la izquierda. Los que pasaban, lo injuriaban, y meneando la cabeza, 40decían: «Tú que destruyes el templo y lo reconstruyes en tres días, sálvate a ti mismo; si eres Hijo de Dios, baja de la cruz». Igualmente los sumos sacerdotes con los escribas y los ancianos se burlaban también diciendo: «A otros ha salvado y él no se puede salvar. ¡Es el Rey de Israel!, que baje ahora de la cruz y le creeremos. Confió en Dios, que lo libre si es que lo ama, pues dijo: “Soy Hijo de Dios”». De la misma manera los bandidos que estaban crucificados con él lo insultaban.
Palabra del Señor.

Oración:
Jesús de la cruel agonía:
Algún alivio debió ser la ayuda de Simón de Cirene,
para poder arrastrar la cruz hasta el calvario.
Para todos es el Cireneo un modelo de discípulo que “carga con tu cruz”.
Por lo demás, tu martirio es escalofriante, sin cuidado paliativo alguno.
“Espero compasión, pero no la hay…;
En mi comida me echaron hiel,
para mi sed me dieron vinagre” (Salmo 69,21-22).
“Se repartieron su ropa echándola a suertes” (Salmo 22,19).
“Soy un gusano, no hombre, vergüenza de la gente, desprecio del pueblo…
Acudió al Señor, que lo ponga a salvo; que lo libre si tanto lo quiere” (Sal 22, 7-9).
Te desacreditan aireando acusaciones falsas:
que destruirías el templo y te habías proclamado rey de los judíos.
Dios mismo te ha abandonado: ¿dónde está su poder y gloria?
El poder y la gloria, y la riqueza que los alimenta,
están presentes en la institución judía, en el templo, en sus dirigentes
que visten primorosamente y son venerados por el pueblo.

Tú no eres nadie.
Tu silencio supera la tentación de Mesías triunfante, político, poderoso…
que había aparecido en el inicio de tu misión.
Tú quieres ser Hijo de Dios siguiendo el Espíritu de Dios,
que trae buenas noticias para pobres, oprimidos, enfermos,
marginados, los que apenas tienen vida.
Para ti, Jesús, ser Hijo de Dios es poner la confianza en su amor sin límites,
vivir desprendido a favor de los hermanos,
aceptar las limitaciones, respetar la libertad de todos,
hacer la paz, promover bienes para todos, desarrollar la fraternidad.
Que tu martirio –tu testimonio- nos ayude a seguir tu Amor humilde.
Padrenuestro…

DUODÉCIMA ESTACIÓN: Jesús muere entregando su espíritu
– Te adoramos, Cristo, y te bendecimos.
– Porque con tu santa cruz redimiste al mundo.

Lectura del evangelio según san Mateo (27,45-56)
Desde la hora sexta hasta la hora nona vinieron tinieblas sobre toda la tierra. A la hora nona, Jesús gritó con voz potente: Elí, Elí, lemá sabaqtaní (es decir: «Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?»). Al oírlo algunos de los que estaban allí dijeron: «Está llamando a Elías». Enseguida uno de ellos fue corriendo, cogió una esponja empapada en vinagre y, sujetándola en una caña, le dio de beber. Los demás decían: «Déjalo, a ver si viene Elías a salvarlo». Jesús, gritando de nuevo con voz potente, exhaló el espíritu. Entonces el velo del templo se rasgó en dos de arriba abajo; la tierra tembló, las rocas se resquebrajaron, las tumbas se abrieron y muchos cuerpos de santos que habían muerto resucitaron y, saliendo de las tumbas después que él resucitó, entraron en la ciudad santa y se aparecieron a muchos. El centurión y sus hombres, que custodiaban a Jesús, al ver el terremoto y lo que pasaba, dijeron aterrorizados: «Verdaderamente este era Hijo de Dios». Había allí muchas mujeres que miraban desde lejos, aquellas que habían seguido a Jesús desde Galilea para servirlo; entre ellas, María la Magdalena y María, la madre de Santiago y José, y la madre de los hijos de Zebedeo.

Palabra del Señor.
Oración:
Jesús, “verdadero Hijo de Dios y del Hombre”:
Es sobre todo ahora, cuando voluntariamente “entregas el espíritu”,
cuando te reconocemos como “el hijo amado, el predilecto”,
a quien el Padre nos encomienda escuchar.
La comunidad cristiana entiende tu muerte como un eclipse del sol:
tú, luz del mundo, compartes nuestra tiniebla.
Tu grito no es desesperación sino el inicio del salmo del justo
abandonado por Dios, que termina reconociendo a Yahvé como
“fuerza mía”, y que “me hará vivir para siempre” (Salmo 22).
Continuas la oración de Getsemaní: pase este cáliz…
Aceptas tu muerte en obediencia filial.
Somos mortales y libres, y hay libertades que matan a sus semejantes.
Víctima inocente –a nadie has hecho daño-, entregas amorosamente tu vida,
sin pedir venganza, perdonando a todos, sin devolver mal por mal,
como un verdadero hijo del Dios
“que hace salir el sol y bajar la lluvia sobre justos e injustos”.

El odio de algunos no entiende la entrega de tu vida,
y te ofrece el “vinagre” de la amargura y desprecio.
“El velo del templo se rasgó en dos de arriba abajo”.
El templo es ya tu cuerpo, tu persona, Jesús roto de arriba abajo.
“Arriba” está el Padre y “abajo” estás tú, dándonos el Espíritu de amor.
Este Espíritu conmueve la tierra y nos hace partícipes de la vida resucitada.
Tu muerte entregada conmueve a quienes la contemplan:
-“Verdaderamente este hombre era Hijo de Dios”.
Asisten “muchas mujeres que te habían seguido desde Galilea para servirte”.
“Seguirte y servirte” hasta la muerte es nuestra aspiración principal.
Te pedimos que nos ayudes a realizarla.
Padrenuestro…

DECIMOTERCERA ESTACIÓN: Jesús en sepulcro vigilado por los jefes judíos
– Te adoramos, Cristo, y te bendecimos.
– Porque con tu santa cruz redimiste al mundo.

Lectura del evangelio según san Mateo (27, 57-66)
Al anochecer llegó un hombre rico de Arimatea, llamado José, que era también discípulo de Jesús. Este acudió a Pilato a pedirle el cuerpo de Jesús. Y Pilato mandó que se lo entregaran. José, tomando el cuerpo de Jesús, lo envolvió en una sábana limpia, lo puso en su sepulcro nuevo que se había excavado en la roca, rodó una piedra grande a la entrada del sepulcro y se marchó. María la Magdalena y la otra María se quedaron allí sentadas enfrente del sepulcro. A la mañana siguiente, pasado el día de la Preparación, acudieron en grupo los sumos sacerdotes y los fariseos a Pilato y le dijeron: «Señor, nos hemos acordado de que aquel impostor estando en vida anunció: “A los tres días resucitaré”. Por eso ordena que vigilen el sepulcro hasta el tercer día, no sea que vayan sus discípulos, se lleven el cuerpo y digan al pueblo: “Ha resucitado de entre los muertos”. La última impostura sería peor que la primera». Pilato contestó: «Ahí tenéis la guardia: id vosotros y asegurad la vigilancia como sabéis». Ellos aseguraron el sepulcro, sellando la piedra y colocando la guardia.
Palabra del Señor.

Oración:
Jesús muerto y sepultado:
José de Arimatea “era también discípulo” tuyo.
Su apego a la riqueza le había impedido seguirte y servirte abiertamente.
Al saber de tu muerte, viene agradecido a colocar tu cadáver en su sepultura familiar.
Para él todo ha terminado.
“Los sumos sacerdotes y los fariseos”, seguros de tu muerte,
“aseguraron el sepulcro sellando la piedra y colocando la guardia”.
Nunca se fiaron de ti, de tus palabras, de tu vida.
Se vieron, más bien, agredidos por tus denuncias del templo,
de su doble moral, de sus prácticas religiosas vacías de amor,
de su afán de presumir, de mandar, de enriquecerse.

Si no se fiaban de ti –que avalabas palabras con obras-,
¿cómo se van a fiar de tus seguidores?
Como ellos –“piensa el ladrón que todos son de su condición”-,
serán capaces de todo para conservar el poder y explotar una creencia.
Podrían “llevarse el cuerpo y decir al pueblo: `Ha resucitado de entre los muertos´.
La última impostura sería peor que la primera”.
Menos mal que los discípulos creyeron en tu vida resucitada,
entregando la vida en amor humilde, como tú.
“No tengo oro ni plata, pero te doy lo que tengo:
en el nombre de Jesús Nazareno, levántate y anda” (He 3, 6).
Vivir en tu Amor es el único modo de proclamar que tú, Cristo, vives.
Padrenuestro…

DECIMOCUARTA ESTACIÓN: El resucitado se aparece a las mujeres
– Te adoramos, Cristo, y te bendecimos.
– Porque con tu santa cruz redimiste al mundo.

Lectura del evangelio según san Mateo (28, 1-10)
Pasado el sábado, al alborear el primer día de la semana, fueron María la Magdalena y la otra María a ver el sepulcro. Y de pronto tembló fuertemente la tierra, pues un ángel del Señor, bajando del cielo y acercándose, corrió la piedra y se sentó encima. Su aspecto era de relámpago y su vestido blanco como la nieve; los centinelas temblaron de miedo y quedaron como muertos. El ángel habló a las mujeres: «Vosotras no temáis, ya sé que buscáis a Jesús el crucificado. No está aquí: ¡ha resucitado!, como había dicho. Venid a ver el sitio donde yacía e id aprisa a decir a sus discípulos: “Ha resucitado de entre los muertos y va por delante de vosotros a Galilea. Allí lo veréis”. Mirad, os lo he anunciado». Ellas se marcharon a toda prisa del sepulcro; llenas de miedo y de alegría corrieron a anunciarlo a los discípulos. De pronto, Jesús les salió al encuentro y les dijo: «Alegraos». Ellas se acercaron, le abrazaron los pies y se postraron ante él. Jesús les dijo: «No temáis: id a comunicar a mis hermanos que vayan a Galilea; allí me verán».
Palabra del Señor.

Oración:
Jesús despertado de la muerte el primer día de la semana.
Tu resurrección nos descubre un mundo nuevo.
La dos mujeres, María Magdalena y la otra María, presienten
que “tú no estás en el sepulcro, has resucitado”.
Te habían oído decir que Dios, Padre nuestro, ha unido a muertos y vivos:
“nuestro Dios no es un Dios de muertos, sino de vivos;
para él todos están vivos” (Mt 22,23-32; Mc 12, 18-27; Lc 20, 27-38).
Ellas, testigos de tu muerte y sepultura,
“fueron a ver el sepulcro” (Mt 28,1);
en medio de la duda, buscan al crucificado.

Pero “el ángel del Señor”, el Espíritu de Dios, les asegura
que tú vives, has resucitado,
que tienes otro modo de vida,
que en el Amor del Padre participas ya de su gloria.
Se sienten enviadas a los otros discípulos para decirles:
que tú, Jesús de Nazaret, vas delante de ellos;
que empiecen por Galilea, como tú, a anunciar el reino de Dios.
En el camino del reino, en cualquier Galilea del mundo,
“te verán” y sabrán que vives, y les animas la vida.
Así estamos nosotros: en medio de la perplejidad, el miedo y la alegría,
animados, proclamamos nuestra fe en tu Amor, en tu Espíritu.
Padrenuestro…

DECIMOQUINTA ESTACIÓN: El resucitado envía y acompaña siempre
– Te adoramos, Cristo, y te bendecimos.
– Porque con tu santa cruz redimiste al mundo.

Lectura del evangelio según san Mateo (28, 16-20)
Los once discípulos se fueron a Galilea, al monte que Jesús les había indicado. Al verlo, ellos se postraron, pero algunos dudaron. Acercándose a ellos, Jesús les dijo: «Se me ha dado todo poder en el cielo y en la tierra. Id, pues, y haced discípulos a todos los pueblos, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo; enseñándoles a guardar todo lo que os he mandado. Y sabed que yo estoy con vosotros todos los días, hasta el final de los tiempos».
Palabra del Señor.

Oración:
Jesús resucitado, vivo en medio de todos:
tu resurrección te hace presencia ilimitada;
presencia, siempre acogedora, siempre perdonadora;
sin reproches, como amor incondicional…,
respondes a la desconfianza y debilidad de nuestra fe,
con la alegría del Espíritu que nos habita.
La paz que tú infundes es tu regalo de Pascua:
nos conduce a escuchar serenamente tu Palabra;
nos intima y hace experimentar el Amor divino;
nos mueve a reconocerte, sobre todo, en los más débiles.
Tu Espíritu recuerda tu vida: “yo estoy con vosotros todos los días…” (Mt 28,20);
nos conduce hacia la verdad;
nos ilumina el ser hijos de Dios y hermanos de todos;
nos empapa y envuelve en el amor del Padre.
Tu Espíritu es como el agua, llena de fuerza y de fecundidad;
como el viento que corre a acariciar y trabajar;
como la paloma que se posa, cobija, alimenta…
Queremos, Jesús resucitado, ser testigos de tu Amor.
Padrenuestro…

Leganés, 26 marzo 2020

   
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