VII ENCUENTRO DE REDES CRISTIANAS
23 y 24 de octubre de 2021

 

Un testigo del Evangelio para el siglo XXI
Muchos, aún deseándolo, no pudieron asistir a la Presentación que del libro de Pedro Casaldáliga hicimos en Vitoria el 16 de Noviembre. La verdad es que el Palacio de Europa estuvo casi a tope. La convocatoria estaba asegurada por la singularidad de la persona de Pedro y la calidad de los intervinientes.

Con este envío, deseamos atender al ruego de muchos de recibir las aportaciones de la Mesa y también ponerlas a disposición de quienes no pudieron asistir. No hemos podido incluir la interesante intervención de Frances Escribano, por no disponer de ella.
Es obvio que de las 23 páginas no todas fueron leídas o pronunciadas.

Pero, optamos por publicarlas todas, en la seguridad de que el sosiego doméstico permitirá releerlas con calma y muchos sabrán agradecerlo.

Presentación del libro: PEDRO CASALDALIGA. Las causas que dan sentido a su vida

Retrato de una personalidad

. 16 de Noviembre // Palacio de Europa, Vitoria- Gasteiz.

Intervienen
José Antonio Pagola, Escriturista, teólogo, profesor de Cristología, ex- vicario general de S. Sebastián y ex-rector del seminario

José Arregi, Franciscano, doctor y profesor de Teología en Vitoria y Deusto
Frances Escribano, Escritor, periodista y profesor universitario, ex-director de la Televisión Catalana, autor del libro sobre P. Casaldáliga “Descalzo sobre la tierra roja”.

Benjamín Forcano, Sacerdote incardinado a la Prelatura de Pedro Casaldáliga, teólogo moralista y director de Nueva Utopía, editor del libro. .

Participantes de la Mesa

Benjamín Forcano

El libro, que hoy vamos a presentar, no acaba de aparecer ahora, sino que lleva circulando casi dos años. Hay libros cuyo interés se esfuma en pocos días o que , habiendo ocupado páginas enteras de publicidad, apenas dejan huella en la sociedad. Otros, sin embargo, no logran ese nivel externo de publicidad, pero iluminan hasta el fondo la nave tierra en que estamos embarcados.

El libro sobre Pedro Casaldáliga : “Las causas que dan sentido a su vida. Retrato de una personalidad” es uno de esos libros que sin ruido ni negocios describen el alma de nuestra sociedad y las causas de sus males, de sus anhelos frustrados y también de sus sueños y esperanzas.
Hace tiempo que quería presentar este libro en Euskadi. Hoy lo hacemos.

Para entrar en él, contamos con unos participantes excelentes que pueden ayudarnos mucho: José Antonio Pagola, José Arregi, Frances Escribano y también Benjamín Forcano. Pienso que pueden hacerlo bien por diversas razones : Porque son personas de gran humanidad y sienten como propia la suerte de cada ser humano; porque perciben con singular sensibilidad los desafíos de nuestra época; porque buscan el bien de todos y ofrecen soluciones para la felicidad de todos y porque, pese al excepticismo de Occidente, acreditan residir en él, en sus entrañas poderes especiales para provocar el cambio radical que necesitamos.

Todos los participantes son de sobras conocidos. Lo son Pagola y Arregi. ¿Quién no sa seguido lo dramático e inesperado de sus último0s acontecimientos? ¿Quién no los ha escuchado o ha ledido sus numerosos ya acertdos escritos?

Sí que voy a decir iunas palabras sobre Paco Escribano. Ha trabajado en radio, prensa y telvisión. Durante algunso años fue directo de TVC y prfesor de Comunicación Audivisula de la Universidad Autónoma de Barcelona. Escribano puede hablarnos mucho y bien sobre Pedro. Lo ha acreditado con su libro “Descalzo sobre la tierra roja”, que publicó en 1999, después de visitar a Pedro Casaldálioga y haber estado por u ntiempo con él. El libro tinene varias ediciones en catalán y ha sido traducio a más cinco idiomas. Hoy, por decisión y elaboración del mismo Escribano, va camino de convertirse en película.

Sin embargo, Pedro sabe de todo esto y le comenta a Escribano en una conversación:“Hay gente que vive con los pies en un sitio y la cabeza y el corazón en otro. Yo vivo aquí con los pies, la cabeza y el corazón y vivo otra cultura que me hace vibrar tanto como la catalana. Además soy obispo y tengo unas responsabilidades que no puedo rehuir, y si viajara a Europa podría caer fácilmente en una especie de “vedetismo” que no me gusta nada: ahora una cena aquí, ahora otra allá, y un homenaje acullá. .. Acabaría convirtiéndome en una serie de artista y, con todos mis respetos por los que lo hacen, porque no quiero criticarlos, esto no va conmigo. Cada uno es como es”.

Son conocidos, decía, y lo son por su humanidad, por una peculiar manera de entender, vivir y explicar la realidad. Una manera que reivindica con fuerza el mensaje original y cautivador del liberador de Nazaret, encuadrado como es lógico en el proceso apasionante de nuestro mundo moderno.

Pagola nos hará ver el puesto que el hombre que marcó la historia de Occidente ha ocupado en la vida de Pedro Casaldáliga; Arregi nos descubrirá a qué extremos de unión y colaboración llegan en este hombre la mística y política; Escribano nos contará desde su mirada de periodista y experiencia personal el impacto que este obispo produce en cualquier persona que se le acerca; Benjamín Forcano nos abrirá un poco la interioridad en que ha crecido poéticamente la libertad, la pobreza y la profecía de Casaldáliga.

Y creo que sin más preámbulos, es bueno que ceda la palabra a los participantes.

La tiene en primer lugar José Antonio Pagola.

Jesús de Nazaret en la vida de Pedro Casaldáliga

José Antonio Pagola

Basta asomarse a la trayectoria vital de Pedro Casaldáliga y leer sus escritos, para encontrarnos con un creyente apasionado, un seguidor fiel de Jesús, identificado radicalmente con su proyecto del reino de Dios, un discípulo de Jesús entregado enteramente al servicio de los últimos, un testigo vivo de esperanza en Cristo resucitado.

Cuando Benjamín me propuso tomar parte en este acto, acepté inmediatamente, pues pienso que Pedro Casaldáliga es en estos momentos un testigo singular de seguimiento a Jesús, que nos puede estimular como pocos a promover la conversión que más necesitamos en la Iglesia: volver a Jesús, el Cristo, para centrar nuestra fe con más verdad y más fidelidad en su persona y en su proyecto del reino de Dios.

En la vida y en la persona de Pedro Casaldáliga yo escucho una llamada fuerte a volver a Jesús como la única Verdad de la que nos está permitido vivir y caminar hoy de manera creativa; el único que justifica la presencia de la Iglesia en la historia y en el mundo. Mi objetivo en esta breve comunicación y mi deseo es que podamos escuchar esta llamada a una conversión radical a Jesucristo. Sólo podré apuntar algunos rasgos.

1. Fe apasionada por Jesús
Jesús es la pasión de Casaldáliga, su razón de ser, el centro de su vida, la clave de su existencia. Por eso, desea contagiar a todos, no una fe rutinaria, apagada y gastada, sino su fe ardiente, la que le quema a él por dentro:

Ya sé que hace mucho que lo sabéis,

que os lo dicen, que lo sabéis fríamente

porque os lo dicen con palabras frías…

Yo quiero que lo sepáis de golpe,

hoy, quizá por primera vez,

absortos, desconcertados, libres de todo mito…

Quiero que os lo diga el Espíritu

¡como un hachazo en tronco vivo!

Quiero que lo sintáis como una oleada de sangre

en el corazón de la rutina.

Quiero que tropecéis con Él como se tropieza con la puerta de la Casa…

Quiero que lo encontréis, en un total abrazo,

Compañero, Amor, Respuesta…

No podéis negarme que lo estáis esperando,

con la loca carencia de vuestra vida repudiada

como se espera el aliento para salir de la asfixia…

Se llama Jesús

Se llama como nos llamaríamos

si fuéramos de verdad nosotros

(Al acecho del Reino, p.332-333)

Así hemos de contagiarnos la fe en Jesús, no con palabras frías sino ardientes, como «una oleada de sangre nueva» que nos arranque de la rutina y de la mediocridad, como el «aliento» que necesitamos para salir de la asfixia de una religión vivida sin conversión a Jesús.

2. ¿Quién es Jesús?
¿Quién es este Jesús, al que, según Pedro Casaldáliga esperamos «como el aliento para salir de la asfixia», al que podemos encontrar «en un total abrazo: Compañero, Amor, Respuesta». Así lo describe Pedro en poema dirigido a María.

«Enséñanos aquel Jesús verdadero,

carne de tu carne, raza de tu pueblo, Verbo de tu Dios;

más nuestro que tuyo, más del pueblo que de casa,

más del mundo que de Israel, más del Reino que de la Iglesia

Aquel Jesús que por el Reino del Padre, se arrancó de tus brazos de madre

Y se entregó a la muchedumbre,

sólo y compasivo, poderoso y servidor, amado y traicionado,

fiel ante los sueños de su Pueblo,

fiel contra los intereses del Templo,

fiel bajo las lanzas del Pretorio,

fiel hasta la soledad de la muerte»

(Pedro Casaldáliga, p.96)

Este es el Jesús que necesitamos recuperar en la Iglesia. Un Jesús vivo y concreto, que atrae e interpela, que sacude y enamora, un Jesús al que se puede seguir y amar como a nadie.

3. Fidelidad a Jesús
Toda la vida de Pedro está transida por el deseo de ser fiel a Jesús, de seguir siempre sus pasos, creer sólo en su Dios. Así habla en un pequeño poema titulado «Jesús de Nazaret».

¿Cómo dejarte ser sólo tú mismo,

sin reducirte, sin manipularte?

¿Cómo creyendo en Ti no proclamarte,

igual, mayor, mejor que el Cristianismo?…

Jesús de Nazaret, hijo y hermano,

Viviente en Dios y pan en nuestra mano,

camino y compañero de jornada,

Libertador total de nuestras vidas

que vienes, junto al mar, con la alborada,

las brasas y las llagas encendidas

(Al acecho del Reino, p.328)

Hemos de recuperar a Jesús como lo mejor, lo más valioso que tenemos en la Iglesia. Recuperar nuestra identidad irrenunciable de seguidores de Jesús. Caminar hacia una nueva fase de cristianismo, más inspirado y motivado por Jesús.

4. Al acecho del Reino

Seguir a Jesús significa para P. Casaldáliga identificarse con el proyecto del Reino de Dios y vivir entregado enteramente a construir un Reino de igualdad y fraternidad. El reino de Dios es el horizonte de todo su ser y su hacer. Lo dice continuamente:

«Al acecho del Reino diferente,

voy amando las cosas y la gente,

ciudadano de todo y extranjero»

(Al acecho del Reino, p.42)

«Sabed: del Pueblo vengo, al Reino voy»

(Al acecho del Reino, p.42)

– Casaldáliga vive en la Iglesia pero tiene siempre como horizonte y como proyecto el Reino de Dios:

«Yo, pecador y obispo, me confieso

de soñar con la Iglesia

vestida sólo de Evangelio y sandalias,

de creer en la Iglesia,

a pesar de la Iglesia algunas veces;

de creer en el Reino, en todo caso

caminando en la Iglesia»

(Todavía estas palabras, p.56)

Un reino de Dios, no en los cielos sino en la tierra. «El problema de la tierra es un problema teológico urgentemente pastoral: “Tierra de Dios, Tierra de los hermanos” (Al acecho del Reino, p.81). El Reino de Dios que es comunidad fraterna, igualdad efectiva, comunión real de bienes, subversión de los intereses, demolición de ídolos.

( Al acecho del Reino, p.47)

5. Lo primero, los pobres

La prioridad pastoral y evangélica de Pedro Casaldáliga han sido los pueblos indígenas. Por ellos se ha gastado y desvivido. Por ellos ha puesto en peligro su vida en diferentes ocasiones. Por ellos ha vivido amenazado, rechazado, discutido y odiado. ¿Por qué son para él los primeros? Por dos motivos: Primero porque son los más pobres, como personas y como pueblo. Segundo, porque «son los seres más evangélicos, porque siendo los más pobres, los más pequeños, los más desamparados, son también los más libres de espíritu, los más comunitarios y los que viven más armoniosamente con la naturaleza, con la tierra, con el agua, con la luz, con la fauna y con la flora» (Al acecho del Reino, p.86).

Con qué fuerza y qué verdad vive su opción por ellos. Alentado por el Espíritu de Jesús, no necesita muchas palabras para formular su opción con lucidez: «Si la opción por los pobres es ponerse al lado de los pobres y contra su pobreza y marginación, la opción que también se haga por los ricos deberá ser al lado de sus personas, pero contra su lucro y privilegio» (Al acecho del Reino, p.49).

Sólo voy a recoger aquí un grito de Pedro y un breve poema. Primero, el grito: «Todo es relativo menos Dios y el hambre». El único absoluto es Dios, Dios al lado de las víctimas, los hambrientos, los últimos. Luego, el poema, titulado: ¡Esas madres!

¡Esas madres con sus hijos

que son tuyos, Padre nuestro!

¡Esas pobres de la tierra

que se mueren dando vida!

¡Ese mundo que las mata!

¡Esa casa inhabitable

que fue casa de tu Hijo!

¿Dónde estamos, Tú y nosotros,

Padre nuestro?

(Todavía estas palabras p.72)

6. La pasión de la Esperanza

Pedro Casaldáliga vive habitado por la pasión de la utopía. Una utopía que describe así: «Una pasión escandalosamente inactual en esta hora de pragmatismos, de productividad, de mercantilismo total, de postmodernidad desesperanzada. Pero es, en otros términos, la pasión de la Esperanza; es, en términos cristianos, la pasión por el Reino, que es pasión de Dios y de su Cristo. Una pasión que, en primera y última instancia, coincide con la mejor pasión de la Humanidad misma, cuando quiere ser plenamente humana, auténticamente viva y definitivamente feliz» (Pedro Casaldáliga, p.65).

Esta pasión por la Utopía está sostenida y alimentada por su esperanza en el Resucitado:

«Yo pecador y obispo, me confieso

de abrir cada mañana la ventana del Tiempo;

de hablar como un hermano a otro hermano;

de no perder el sueño, ni el canto, ni la risa;

de cultivar la flor de la Esperanza

entre las llagas del Resucitado

(Yo, pecador y obispo, me confieso, en Todavía estas palabras, p.56)

Para conocer su esperanza militante, termino con un poema, que es todo un programa de vida de un testigo de esperanza:

Yo me atengo a lo dicho:

La justicia,

a pesar de la ley

a pesar del dinero y la limosna

La humildad,

para ser yo, verdadero.

La libertad para ser hombre,

y la pobreza,

para ser libre

La fe cristiana

para andar de noche,

y, sobre todo, para andar de día.

Y, en todo caso, hermanos

yo me atengo a lo dicho:

¡La Esperanza!

(Epílogo abierto de «Tierra Nuestra, Libertad» en Pedro Casaldáliga, p.203)

Así quisiera yo vivir en la Iglesia de hoy, aunque sea muy lejos de Pedro Casaldáliga. Con cristianos y cristianas que tratamos de seguir a Jesús, sin reducirlo ni manipularlo demasiado; sintiéndolo siempre como camino y compañero de jornada. Juntos en la Iglesia, pero en el horizonte del Reino. Poniendo en primer lugar, un poco más, a los últimos y los olvidados; trabajando por un cristianismo más fiel a Jesús, que no veremos con nuestros ojos, sino a la luz del Resucitado.

PERE CASALDÁLIGA, MÍSTICO DEL S. XXI

José Arregi

Podría parecer que, al calificar a Pere Casaldáliga de “místico”, estamos forzando o bien la personalidad de este obispo subversivo o bien el sentido del término “místico”, o ambas cosas a la vez. Así sería, en efecto, si el término designara retraimiento y arrobo. Pero si por “místico” entendemos, como se ha de entender, una persona conmovida en el alma por el dolor y la belleza, una persona de ojos iluminados, de oídos atentos, de corazón apasionado, de labios inspirados, una persona enamorada de Jesús y airada por la injusticia hasta el arrebato, entonces Pere Casaldáliga es un místico excepcional. Un “místico desconcertante” (B. Forcano, Pere Casaldáliga 278), eso sí, pero yo no sé si alguna vez habrá habido un solo místico que no haya desconcertado, que no haya desafiado toda suerte de convenciones políticas y religiosas.

Hace unos años le preguntaron a Pere cuál sería su ideal de vida, y él respondió más o menos así: “Me gustaría vivir una vida contemplativa en medio de una comunidad indígena”. Pues bien, eso que le gustaría ser y vivir, creo que eso es lo que ha sido y vivido en el fondo este obispo rebelde, este militante poeta, este contemplativo activista, este discípulo de Jesús, profeta y místico, místico y profeta.

Dicho esto, voy a señalar algunos rasgos de esta mística desconcertante del obispo de Sâo Felix de Araguaia.

1. Mística encarnada

Es una mística de la encarnación: atenta a la realidad para analizarla y transformarla, apasionada por las causas evangélicas para encarnarlas, indignada con las causas de la miseria para denunciarlas y erradicarlas.

Es una mística de la Tierra. Fiel a la Tierra, enamorada de la Tierra. Casaldáliga pregunta: “¿Por dónde iréis hasta el cielo / si por la tierra no vais? / Para quién vais al Carmelo, / si subís y no bajáis?” Y declara: “Esta es la tierra nuestra / …/ la tierra de los hombres / que caminan por ella / a pie desnudo y pobre. / Que en ella crecen, de ella,/ para crecer con ella, / como troncos de espíritu y de carne” (PC 10). Una mística encarnada en las “romerías de la Tierra” y en las “caminadas”, verdaderas profecías en acción.

Una vez, mientras acompañaba a peones que talaban árboles de la selva bajo la pistola de los hacendados, con su navaja escribió sobre una hoja de palmera silvestre: “Somos un pueblo de gente, / somos el Pueblo de Dios. / Queremos tierra en la tierra, ya tendremos tierra en los cielos” (PC 255). No cesó de cantar a la Tierra, esa que es hoy y esa otra que debe ser mañana: “Otra es la tierra nuestra, hombres, todos! / La humana tierra libre, hermanos” (PC 281).

¿Y qué es la tierra para quien mira en torno tanta gente que padece hambre y miseria? “La tierra /es un plato / gigantesco / de arroz,/ un pan inmenso y nuestro, / para el hambre de todos” (Al acecho del Reino 125).

Por eso hace suya aquellas lúcidas palabras de Berdiaeff: “Si yo tengo hambre, ése es un problema material; si otro tiene hambre, ese es un problema espiritual” (AR 44). Es que, como dice Federico Mayor Zaragoza, “la pobreza material de muchos es el resultado de la pobreza espiritual de unos cuantos encumbrados, que no quieren observar lo que sucede más allá de sus recintos” (PC 13). Tenía, pues, razón aquel otro Federico (García Lorca) cuando en 1936 escribía: “El día en que el hambre desaparezca, va a producirse en el mundo la explosión espiritual más grande que jamás conoció la humanidad” (cit. por Federico Mayor Zaragoza, en PC 12).

Mística de la carne, de la Tierra y del pan, pues “todo es relativo menos Dios y el hambre” (PC 128). He ahí de tantos aforismos geniales y certeros de Pere Casaldáliga. Es un aforismo místico.

Pero ¿acaso queda tiempo para encarnar el Reino de la comensalía, el Reino de la compañía, el Reino de la com-panía? El tiempo es tan escaso como el pan, pero la esperanza fiel –es decir, activa– dilata el presente como la levadura la masa: “Es tarde / pero es todo el tiempo / que tenemos a mano / para hacer el futuro” (PC 10).

2. Mística de la liberación

Espiritualidad de la liberación es un libro clave para aproximarse al alma mística de Pere Casaldáliga; es una especie de tratado sistemático de toda la espiritualidad en clave de liberación. Pero creo que estas cuatro últimas palabras sobran: la espiritualidad podrá encarnarse en estilos y talantes diferentes, pero no puede menos de ser “de la liberación”, al igual que la teología, al igual que el Evangelio, al igual que Jesús.

Mística de la liberación. Mística liberada y liberadora. Pero presumo que, también aquí, a Casaldáliga le sobraría esa conjunción y intercalada entre “liberada” y “liberadora”, al igual que entre “mística” y “compromiso”. Él se siente contagiado por la Libertad –así, con mayúscula– que es el Espíritu. ¿Y qué otra cosa puede hacer la Libertad sino liberar? La Iglesia es “hija de la libertad del Espíritu” (EL 19). “La Espiritualidad de la Liberación es la espiritualidad de la libertad; porque sólo los libres liberan. Y es la espiritualidad de la pobreza, liberada de egoísmos, de consumismos y de posesiones vanas, porque sólo los pobres son libres” (EL 19). Dos versos lo dicen todo: “la libertad, / para ser hombre./ Y la pobreza,/para ser libre”.

Pero lo que realmente le hace libre es la confianza en que el Reino está en camino y es la meta indefectible. Le hace libre la esperanza de la Pascua. Vivos o resucitados: he ahí la alternativa, la certeza liberadora. “Caminamos par la vida, caminamos hacia la Pascua, estamos vivos o resucitados” (PC 204). Para él no existe una tercera posibilidad. Si Dios es, se le entienda como se le entienda, la muerte de verdad no puede existir. No hay, pues, por qué temer la muerte, aunque la padezca todos los días en sí mismo y en aquellos por quienes ha dado la vida. “Creemos que la humanidad es hija de Dios, y que tiene una genética divina, no podemos permitir que la destrucción sea el destino de la humanidad. El Reino es el destino de la humanidad” (PC 285).

3. Mística militante y subversiva

“Me llaman subversivo / y yo les diré: lo soy,/ por mi pueblo en lucha, vivo./ Con mi pueblo en marcha, voy” (PC 233). El ritmo convoca a la marcha. Una marcha subversiva. Una marcha esforzada y alegre al son del Evangelio, al son de las Bienaventuranzas. “El Evangelio es la subversión de los intereses, porque es la demolición de los ídolos” (Al acecho del Reino 45). Pere Casaldáliga nunca ha eludido las palabras que a tantos asustan tanto: subversión, sublevación, revolución. “Creo que hoy sólo se puede vivir sublevadamente. Y creo que sólo se puede ser cristiano siendo revolucionario, porque ya no basta con pretender ‘reformar’ el mundo” (AR 52)

No falta qué subvertir, contra qué rebelarse: “Yo me rebelo contra los tres mandamientos del neocapitalismo, que son: votar, callar y ver la televisión” (PC 281). Él se rebela, por la misma razón, contra casi todo lo que en este planeta nuestro lleva el nombre de democracia. “Si no hay un cierto tipo de resocialización de la tierra, de la salud, de la educación, de la ciencia, no habrá democracia en ningún lugar del mundo” (PC 285). Sería una provocación si no fuera una evidencia para quien tiene entrañas y ojos.

Es, pues, la de Pere Casaldáliga una mística enamorada y subversiva que nace de una gran pasión que le quema y le consuela. Es una mística apasionada, al igual que su vida, al igual que su palabra. Como lo fue para Jesús. Lo primero es la pasión, o el “dejarse conmover y llenarse de compasión” (L. Boff, PC 99). De compasión y de ira, o de ira y de compasión. “El corazón se encoge de ira y de compasión, en una especie de oración tensa, en un clamor” (PC 163).

Su pasión es como un trance, como un éx-tasis místico que le saca de sí. La pasión le remueve las entrañas ante la realidad insufrible, y le empuja irresistiblemente a hacer sitio, hoy y aquí, a la “utopía”, el “sin-lugar” del mundo esperado. Es, escribe, “una pasión escandalosamente inactual en esta hora de pragmatismos, de productividad, de mercantilismo total, de postmodernidad desesperanzada. Pero es, en otros términos, la pasión de la Esperanza; es, en términos cristianos, la pasión por el Reino, que es pasión de Dios y de su Cristo. Una pasión que, en primera y última instancia, coincide con la mejor pasión de la Humanidad misma, cuando quiere ser plenamente humana, auténticamente viva y definitivamente feliz” (PC 65).

Dicho de otra forma, y con sus propias palabras rotundas, la mística de Pere Casaldáliga es “contemplativo-militante” (EL 17). No hay lugar para la conjunción “y”. No cabe dicotomía: son dos facetas de un único impulso vital. En la mística se trata de “contemplar y militar simultáneamente”, pues “los crucificados con Cristo están distendidos, a la vez, en la verticalidad y en la horizontalidad de la Cruz, en la gratuidad y en el esfuerzo, amarrados, como raíces, al Tiempo de la Historia y lanzados, como alas, hacia la Gloria de la Escatología (EL 14).

Es una mística con los ojos y oídos bien abiertos: “El que tenga oídos para oír el llanto de un niño exiliado, que oiga. El que tenga ojos para ver los rostros exangües de madres e hijos refugiados, que vea” (AR 141).

Es una mística política, pues “si creemos realmente en el Dios de Jesús, no es posible no entrar en política” (AR 22). Y eludir el compromiso político es también una opción política, a menudo la peor, porque enmascara lo que realmente es: colaboración con el status quo injusto. “La Iglesia Católica en el mundo entero hace hincapié en presentarse como neutral políticamente. Reconozcamos que no lo es” (AR 127).

Es una mística militante y subversiva, porque “en amor, en fe y en revolución no es posible la neutralidad” (AR 31).

Ante esta parcialidad declarada, fácilmente surge la pregunta: ¿Y los ricos qué? La respuesta no se hace esperar: “La opción que también se haga por los ricos deberá ser ponerse al lado de sus personas pero contra su lucro y privilegios” (PC 104). ¿Acaso el Evangelio no es también para los ricos? Sin duda que lo es: “El evangelio es para los ricos, pero contra su riqueza, sus privilegios, su posibilidad de explotar, dominar y excluir” (PC 272).

Se entiende muy bien que Pere Casaldáliga haya reivindicado una “rebelde fidelidad”. La rebelde fidelidad de Jesús y de su Evangelio. La rebeldía no le quita la paz. Ni siquiera la derrota le quita la paz. No sé si es suya la frase o recogida de alguien, pero él dice: “somos perdedores de una causa invencible”. Y también: “de derrota en derrota hasta la victoria final” (PC 197). Y también: “Tengo fe de guerrillero / y amor de revolución. / Y entre Evangelio y canción / sufro y digo lo que quiero” (PC 359).

4. Mística macroecuménica

El cardenal Evaristo Arns dijo de Casaldáliga que es un blanco con alma negra (PC 116). Podía haber dicho también “con alma indígena, mestiza, amarilla…”. Tiene el alma de todos los colores, de todas las culturas, de todas las religiones. Es un catalán de alma universal. Es un cristiano de fe universal, que ha sabido abrirse al Evangelio de Dios que le llegaba de aquellos a quienes evangelizaba.

Es el caso en particular con los pueblos indígenas, y más especialmente con los indios tapirapés, a quienes ha defendido tanto y que tanto le evangelizaron. Ponerse de su lado y dejarse evangelizar: esa fue la mejor forma de evangelizar del obispo Casaldáliga. Los indígenas son para él no solamente “simientes del Verbo”, sino “el Verbo encarnado en estos pueblos” (PC 58). Ese descubrimiento transformó radicalmente su forma de ser cristiano, de ser obispo y de evangelizar: “Yo me siento feliz, ha sido una de las gracias fuertes de mi vida.

Tengo como la sensación de que Dios ha encontrado más espacio. Porque en ocasiones reducimos el espacio a Dios (…). Escribimos el credo macroecuménico y le llamamos a Dios el Dios de todos los nombres, más allá de todos los nombres y más acá de todos los tiempos” (PC 116). La mística macroecuménica permite ver a Dios en el otro, en todo otro. Permite celebrar la Eucaristía con galleta de maíz y aguardiente de caña (“No sólo en vino del Primer Mundo puede beberse a Dios”: EL 15). Permite realizar la “ancha pluralidad fraterna de esta única espiritualidad nuestra que es la espiritualidad de Jesús de Nazaret” (EL 10)

Así se comprende que este obispo místico de fe y de alma macroecuménica se haya sentido llamado a “descolonizar y a desevangelizar” (AR 17). Una más en su inagotable repertorio de expresiones certeras y provocadoras. Es que, nos dice, la evangelización significó al mismo tiempo colonización; fue “una evangelización compulsoria, muy culturalista, muy impositiva; fue una evangelización muy poco evangélica” (AR 18). En consecuencia, es preciso desevangelizar. “Desevangelizar significaría descolonizar la evangelización” (AR 19). El que evangeliza ha de despojarse.

Y el despojamiento implica “dejar muchas cosas, pensar de otra manera, renunciar bastante a la propia religión inclusive… No es ya renunciar simplemente a costumbres, a modos de comer y vestir, o de ver y sentir; ni se trata siquiera de renunciar sólo a las filosofías. Es renunciar incluso a la propia religión. No digo a la fe, está claro” (PC 58). También aquí, la norma es Jesús: “Jesucristo no vino al mundo para que los indios dejasen de ser indios. Él no es un colonizador blanco. Él es el Liberador. El indio cristiano que piensa en dejar de ser indio no puede ser un buen cristiano” (PC 286).

La cuestión es, en el fondo, si se cree o no se cree en Dios como Gracia universal más allá de todas nuestras categorías, dogmas y sistemas religiosos. Pere ha descubierto a Dios como suma y universal Gracia. Ella sostiene la esperanza y mantiene los ojos y el corazón abiertos al futuro y al otro. Lo que importa es la Gracia, lo que importa es la Salvación. “Creo que todo es Gracia. Creo que la Gracias es ‘mayor’ que la Iglesia, porque la Gracias es el Amor universalmente salvador de Dios, en Cristo. Si antes acepté que fuera de la Iglesia no hay Salvación, ahora creo que fuera de la Salvación no hay Iglesia” (AR 158)

5. Mística martirial

Casaldáliga ha deseado el martirio, como aquellos cristianos de los primeros siglos que anhelaban partir de este mundo. Pere no anhelaba partir de este mundo, sino adentrarse en él hasta el fondo. No anhelaba el laurel y la gloria del martirio para ser canonizado, sino para vivir hasta el fin la solidaridad con las víctimas de la opresión. De ahí que tampoco tenga mucho sentido para él discutir acerca de si el martirio es por causa de la fe o por causa de la justicia. ¿Acaso son dos causas?

Su mística martirial nunca ha eludido la provocación. Pues “en cristiano, todo lo saludable es provocador” (AR 17). “El Evangelio es un fuego que le quema a uno la tranquilidad. No se puede ser cristiano y soportar la injusticia con la boca callada” (PC 49). Hablando de mártires y martirios de la historia cristiana, dice provocadoramente: “Los cristianos estamos habituados a reconocer y celebrar solamente a los mártires que otros nos hacen. Ignoramos tranquilamente los muchos mártires que nosotros hacemos” (AR 111).

No le han matado las balas, por bien calculados miedos más que por otra cosa. Pero ha pasado la vida amenazado de muerte, aunque, eso sí, ha vencido al miedo. Ha vivido caminando “lucha adentro, noche adentro, muerte adentro, ¡Cristo adentro, en definitiva!” (PC 158). Y no pocas veces fue maltratado por su propia Iglesia.

No se debe buscar el martirio, sino la vida. Casaldáliga no cree en la mística del valor sacrificial y expiatorio de la cruz de Jesús y de todas las cruces. El auténtico testimonio (“martirio”) de Jesús consiste en hacerse solidario de los martirizados, pero esa solidaridad es siempre un riesgo para la vida y acaba a menudo en martirio compartido. Casaldáliga cree en ese martirio de la solidaridad en la vida y en la muerte, en la muerte para la vida. “Creemos que mientras haya martirio habrá credibilidad, / mientras haya martirio habrá esperanza… / Mientras haya martirio habrá conversión, / mientras haya martirio habrá eficacia…” (PC 135). “Nos podrá faltar todo y todos, quizá; pasaremos las ‘noches del espíritu’ o los aislamientos de la institución; pero vamos en Compañía, Y somos comunión. De la Trinidad-Comunidad venimos, por ella y en ella vivimos, a ella vamos” (EL 19).

6. Mística de la vida diaria

El martirio no consiste solamente en el último derramamiento de la propia sangre, en el gesto último de la solidaridad. Es, más bien, “un modo de ser y de vivir” (Marcelo Barros, PC 313). El martirio consiste en exponer la vida y arriesgarla cada día, en padecer el conflicto y el cansancio de cada día, en llevar la cruz de cada día. El 21 de octubre de 1978, a sus 50 años, Pere Casaldáliga escribía en su diario: “Estoy cansado. Con una pesadumbre profunda. Hay días en que la prisión, el destierro o la muerte serían una liberación. Pero hay que caminar. Con la cruz a cuestas y haciendo de las tripas de las circunstancias corazón de la paz” (PC 173).

La mística martirial y pascual de cada día “nos exige abrirnos cada día, con entrañas de misericordia y de justicia, a toda necesidad, a todo clamor, a toda reivindicación y lucha, en casa, en la calle o en el trabajo; en la esquina del barrio, en la vereda o en el ancho mundo” (EL 270). Consiste en vivir cada día el gran septenario de los rasgos del Pueblo Nuevo: la lucidez crítica, la contemplación sobre la marcha, la libertad de los pobres, La solidaridad fraterna, la cruz de la conflictividad, la insurrección evangélica, la terca esperanza pascual (EL 273-276).

La mística de cada día: no hay otra mística. Cada día: no hay otro tiempo, no hay otra eternidad. “Yo soy el día de hoy” (EL269), escribe. Y también: “La eternidad va siendo el día de hoy” (EL 271).

“¿Para qué preocuparos del día de mañana. A cada día le basta su afán”, dijo Jesús, el “Compañero mayor”, él que es “el pan y el vino de la jornada” (EL 19). Y unos sencillos versos de Pere Casaldáliga lo glosan así: “Consejo que doy me doy: / lo que has de pasar mañana / no quieras sufrirlo hoy. / Lo que hoy no puedas hacer, / déjalo para mañana / o hasta, quizás, para ayer” (De una tierra que mana leche y sangre).

José Arregi

Pedro Casaldáliga, PROFETA

Benjamín Forcano

Cumplía Pedro Casaldáliga 80 años y queríamos recoger, en apretada síntesis y sin que él lo supiera, las causas que han sido centro de su vida. La vida de Pedro es densa, rica en significados, referencia y estímulo para muchos que buscan cómo vivir su fe cristiana en el mundo de hoy. Era éste un homenaje, ciertamente especial, que debía quedar plasmado en un libro, de memoria y compromiso, pues sabíamos de sobras que Pedro era alérgico a cualquier homenaje de enaltecimiento personal.

Fue él quien nos dio la pista: hablar de mi mismo y de mi vida, no; hablar de las causas que han centrado mi vida, sí. “Porque, dice, las causas de mi vida valen más que mi vida”. “A veces, le contesta a Frances Escribano en una entrevista, los periodistas me preguntan más por mi vida que por mis causas. Eso es quedarse en la superficie. Yo siempre digo cambiando la de Ortega y Gasset, que yo soy yo y mis causas, y mis causas valen más que mi vida”.

“Causas mías, y no sólo mías, continúa, son: la tierra, el agua, la ecología, las naciones indígenas, el pueblo negro, la solidaridad, la verdadera integración continental, la erradicación de toda marginación, de todo imperialismo, de todo colonialismo, el diálogo interreligioso e intercultural, la superación de ese estado de esquizofrenia humano, que es la existencia de un primer mundo y un tercer mundo ( y un cuarto mundo también), cuando somos un solo mundo, la gran familia humana, hijos del Dios de la vida”.

Sin intentarlo, Pedro nos había dado el programa. Un programa definido, con puntos básicos y el camino para darles solución.

Y pusimos mano a la obra: temas y autores. Seleccionamos diez causas y diez autores. Espacios vitales, superactuales, que habían ocupado la cabeza, el corazón y las manos de este hombre: La causa de la Patria Grande (Miguel D´Escoto), la causa de la tierra (Joao Pedro Stedile), La causa indígena (Paulo Maldos), La causa negra (Dom José Mª Pires), La causa de las mujeres ((Ivonne Gevara), La causa de los pobres (Leonardo Boff), La causa del diálogo interreligioso (José María Vigil), La causa de los mártires (Jon Sobrino), La causa de la Iglesia (José Ignacio González Faus), la Causa de Dios (Pedro Trigo).

Nos impactó este enfoque de Pedro. Aparecía interpelante verlo volcado en problemas que afectaban a todos, y no en sí mismo. ¿Quién era este Pedro que se desvivía por los demás?

Fue una sorpresa grata, al entrar en contacto con los autores, escuchar su plena disponibilidad. “Tratándose de Pedro, me decía Federico Mayor Zaragoza, de rodillas”. Y el doctor Jorge Carvajal, colombiano, invitado para la segunda parte del libro escribe: “Permite, Pedro, que desde el alma de infinitas gracias por tu obra, pues a través de ella te conozco, y me reconozco humano, hermano, amigo. Nunca tuve la alegría de mirarte a los ojos, pero en los ojos de todos los desplazados y perseguido te miro y lo reconozco a El: la misma voz de la vida que canta en tu palabra, el grito de solidaridad que estremece y despierta nuestra humanidad, la mirada amorosa que va más allá de la carne y de la sangre nos hace a todos hijos de un solo Padre”.

El ensamblaje estaba hecho. Hablar de Pedro y de sus causas, implicaba hablar de causas universales que afectaban a todos y a cada uno, a los individuos, a la sociedad, a las naciones.

Faltaba la segunda parte. También ahí la solución fue clara: nadie es capaz de acometer esas causas si primero no las vive en sí mismo. Ninguna revolución es posible, si primero no se revoluciona uno a sí mismo. Nadie puede cambiar nada , si no se cambia a sí mismo. Y las causas de Pedro abarcan para nuestra soiedad principios y consecuencias irrenunciables.

Era preciso, por tanto, ahondar y descubrir la personalidad de Pedro. ¿Los cambios anunciados iban a llegar espontáneamente, iban a ser vanos, o iban a ser efecto de la colaboración de todos?

Amigos, aquí, tengo que confesar una vez más mi asombro, pues no he encontrado en mi vida una persona con la radicalidad y libertad de Pedro Casaldáliga, con su ternura, su coherencia, su coraje, su esperanza.

El cuadro a describir estaba asegurado: retrato de una personalidad. Y aparecieron enseguida los trazos principales: Pedro hombre (Pablo Gabriel), Pedro, misionero (Teófilo Cabestrero), Pedro solidario (Nicolás Castellanos), Pedro, defensor del otro (Adolfo Pérez Esquivel), Pedro, poeta (Zofia Marcet), Pedro, profeta (Benjamín Forcano), Pedro, inspirador y guía (Maximino Cerezo ), Pedro, místico (Marcelo Barros), Pedro, teólogo (Pablo Richard), Pedro, catalán, latinoamericano, ciudadano mundial (Frances Escribano), Pedro, obispo (Mons. Balduino), Pedro, piedra (Jorge Carvajal).

Trece rasgos que, juntados a los autores de la primera parte y a los de la presentación, prólogo y epílogo, suman 26 colaboradores de doce países.

Ya con esta articulación literaria de 420 páginas, nos llegaba una pregunta elemental: ¿esta vida está regida por u n hilo esencial? ¿Encontramos algo esencial que le da unidad?

Tres cosas descubro más de inmediato cuando analizo la vida de Pedro Casaldáliga: su libertad, su pobreza, su profecía.

1. Su libertad

“Mi lema, escribe Pedro, fue: ser libre para ser pobre y ser pobre para ser libre”.

En el sistema eclesiástico, la libertad brilla por su ausencia. Educa para la obediencia,, no par ala libertad. Quizás por eso, Pedro deja escrito: “Si me bautizas otra vez, un día…; di a Dios y al mundo, que me has puesto el nombre de Pedro-Libertad”.

Pedro es, antes que nada, un hombre libre. Libre ante las instituciones, sean políticas o religiosas; libre ante las personas, los grupos y las ideologías; es la palabra libre, el gesto en rebeldía , la osadía que bebe en la fuente del Espíritu, que es viento y fuego y revienta estructuras y cadenas.

Es difícil manipular a Pedro. El es él, y porque esa él antes que todo, su relación con las cosas y con las personas es de extremo respeto, delicadeza ay libertad. Trata a todos y a todas exactamente igual, se entrega entero en cada encuentro y, quien se relaciona con él, sale convencido de que fue tratado como alguien muy especial y único.

2. Su pobreza
Hablando de la pobreza, Pedro lo tiene bien claro: la actitud ante los pobres define la actitud ante Dios. Encontrarse con el pobre es encontrarse con Dios. Por tanto, quien no toma en serio al pobre, no puede encontrarse con Dios. Y, por eso seguramente, haya tanto no creyente que, al encontrase con Pedro no le niega el respeto, la admiración y la credibilidad.

Al poco tiempo de llegar al Amazonas de Brasil, escribía: Estos son los pobres del Evangelio. Ya en 1970, firmó su primer informe-denuncia . Recogía , en letanía trágica, los casos en carne viva de peones engañados, controlados a pistola, golpeados o heridos o muertos, cercados en la floresta, en pleno desamparo de la ley, sin derecho alguno, sin humana salida.

Hasta el nuncio le pidió que no publicara en el extranjero ese informe-denuncia. Y uno de los mayores terratenientes le advirtió que no debía meterse en esos asuntos. Pero, para Pedro era la hora de aplicar su opción: “no podíamos, escribe, celebrar la eucaristía a la sombra de los señores”.

Pedro lo expresa con naturalidad: “los pobres son la niña de mis ojos. A mí siempre se me ha quebrado el corazón ver la pobreza de cerca. Me he llevado bien con la gente excluida. Soy incapaz de presenciar un sufrimiento sin reaccionar. Por otra parte, nunca me he olvidado de que nací en una familia pobre. Me siento mal en un ambiente burgués. Siempre me pregunté que si puedo vivir con tres camisas , por qué voy a necesitar diez en el armario. Los pobres de mi Prelatura viven con dos, de quita y pon. Estoy convencido de que no se puede ser revolucionario ni profeta, ni libre sin ser pobre. Siendo pobre me siento libre de todo y para todo. Mi lema fue: ser libre para ser pobre y ser pobre para ser libre”.

Si sientes la pobreza como una cuestión de justicia y decencia humana, necesariamente sentirás compasión, mostrarás amor y te rebelarás con indignación. “No podíamos ver todo eso con los brazos cruzados. Quien cree en Dios, debe creer en la dignidad del hombre. Quien ama al Padre, debe servir a los hermanos. El Evangelio es un fuego que le quema a uno la tranquilidad. No se puede ser cristiano y soportar la justicia con la boca callada. Jesús dice en el Evangelio que El nos juzgará el último día por lo que hayamos hecho con nuestros hermanos más pobres y pequeños”.

Sólo con esta actitud, se pueden asumir las causas de que habla Pedro: “Lo que pretendemos asumiendo estas causas, dice en su discurso cuando la concesión del Premi Internacional de Cataluña, es humanizar la humanidad practicando la projimidad. Utopía, ciertamente, pero inevitable. Si vivir es convivir, todos y todas debemos ser reconocidos como personas en la radical dignidad de la raza humana. La más esencial tarea de la Humanidad es humanizarse-. Humanizar la Humanidad es la misión de todos, de todas, de cada uno y de cada una de nosotros. La ciencia, la técnica, el progreso solamente son dignos de nuestros pensamientos y de nuestras manos , si nos humanizan más. Y esto nos compromete a transformar el mundo juntos.

El pequeño mundo del propio corazón, del propio hogar, de la vecindad y de el gran mundo de la política y de la economía y de las instituciones. Otra ONU es posible, y necesaria. La paz y el diálogo son necesarios entre las religiones para que haya paz en el mundo. Un diálogo generador de humanidad. Como ahora nos encontramos todos con todos, debemos optar por chocar unos contra otros, en la intolerancia y la agresión, , o por abrazarnos en la comprensión y en la complementariedad. Hago mías las palabras de Baltasar Porcel: Las naciones son contenido, no fronteras. Es hora, pues, de creer en plural unidad en el Dios de la vida y del amor y de practicar la religión como justicia, servicio y compañía. Un Dios que separa la humanidad es un ídolo mortífero”.

3. Su profecía
Hablar de Pedro como profeta es un buen camino para comprender su personalidad cristiana. Entre otras razones, porque el profetismo se en la historia del cristianismo con una fuerza que no se da en otras religiones.

El profeta es un intermediario entre Dios y el pueblo: es hombre de Dios y es hombre del pueblo; de Dios, porque está en estrecha relación con El, “suscitaré un profeta entre vosotros y pondré mis palabras en su boca”; del pueblo porque sale de él para orientarlo, denunciar los malos caminos, proclamar la verdad sin halagos, arrojar luz sobre cuestiones de gran interés para todos, exigirle conversión y prometerle cambio y liberación.

La sociedad que se queda sin profetas, se queda a ciegas. . Lo que pasa es que los profetas no abundan, seguramente porque los profetas ofrecen una visión de la realidad que lo demás no tenemos o no queremos tener.

Pero, ¿quién es el profeta? El profeta es un vidente realista , que percibe la realidad de Dios mayormente a través de los hechos de la vida, de las personas que nos rodean, de los acontecimientos que nos acompañan. Es una persona libre y valiente: no se casa con nadie y canta la verdad allí donde haga falta y ante quien sea. Y por esta razón entra en conflicto con toda clase de poder: monarquías, regímenes políticos, castas sacerdotales, multinacionales, etc. Y el profeta actúa con la palabra hablada y escrita y con acciones simbólicas.

. Cuando uno ha seguido la vida de Pedro y la ha seguido sucesivamente, en uno y otro lugar, cuando ha podido compartir sus sueños y luchas, sus conflictos y lágrimas, su fortaleza y esperanza, uno concluye que hay que está por encima de él. Y ese algo es Dios, el Dios Padre de nuestro Señor Jesucristo. , l

Como escribe Pedro Trigo en el libro: “Dios es la razón mayor o mejor, la pasión de Pedro. Dios es para él una realidad ineludible, una presencia cierta, aunque libre y soberana. Una presencia nunca desvelada, remitida cada vez más al futuro total de la esperanza mayor, pero siempre operante y repentinamente aparecida e invocada” (Pg. 153).

En una ocasión, periodistas de al televisión europea le preguntaban a Pedro: ¿Haría Vd. lo mismo que está haciendo si no existiera Dios? Pero, como existe, contestó enseguida Pedro. Eso era, continúa Pedro, como preguntarme qué haría yo si yo no existiera o si yo no fuera persona y cristiano. Sé que otros sin Dios a las claras, hacen más y lo dan todo, y se dan. Yo creo siempre que Dios está con ellos”.

Pedro confiesa “haber tenido un explícito encuentro con Dios, en Jesucristo, dentro de la comunidad de fe, que es u Iglesia. Y ese es un misterio que me abruma , y que me obliga a creer que Dios es mayor que nuestro corazón y nuestros dogmas y nuestra comunidad”.

Fue esa su fe, mayor que nuestro corazón y nuestra Iglesia, la que le llevó a cantar cuando la muerte del Che Guevara:

Descansa en paz. Y aguarda ya seguro

con el pecho curado

del asma del cansancio;

limpio de odio el mirar agonizante;

sin más armas, amigo,

que la espada desnuda de tu muerte.

Ni los “buenos” -de un lado-

ni los “malos” –del otro-

entenderán mi canto.

Dirán que soy poeta simplemente.

Pensarán que la moda me ha podido.

Recordarán que soy un cura “nuevo”.

¡Me importa todo igual!

Somos amigos

y hablo contigo ahora

a través de la muerte que nos une;

alargándote un ramo de esperanza,

¡todo un bosque florido

de iberoamericanos jacarandás perennes,

querido Che Guevara!

“Somos amigos, querido Che Guevara”, canta Pedro. Ni los unos ni los otros nos entenderán. Me da igual. La muerte nos declara toda verdad. Sé por qué tú luchaste: el bien, la dignidad y la liberación del hombre. Coincidimos. Y no voy a restar validez a tu testimonio. Porque, más que con palabras, respondiste con hechos a aquella pregunta: ¿Cuándo, Señor, hicimos esto contigo? No sé si lo hiciste con fe, pero lo hiciste. No sé si lo hiciste en nombre del Señor, pero lo hiciste.

¿Qué hemos hecho los cristianos para que muchos puedan o tengan que concluir que defender la justicia y la liberación es incompatable con la fe cristiana? ¿Cuándo acabaremos con el litigio entre razón y fe, entre justicia social y teología liberadora? Pedro nos da , sin duda, una patente para acabar con este desencuentro.

La sociedad, en que Pedro vive, es un espejo de la sociedad universal: las mismas desigualdades, las mismas injusticias, las mismas estructuras, parecidos responsables y, cómo no, los mismos anhelos y luchas por la liberación.

Dar la vuelta a esa situación, denunciarla, proponer alternativas para el futuro es crear ese mundo más humano al que Pedro ha consagrado toda su vida. La batalla de Pedro es propia y universal.

Lo que en este punto resulta excepcional la vida de Pedro. Y creo que fue un acierto hacer acompañar la primera parte del libro de la segunda: “Retrato de una personalidad”. La personalidad de Pedro empuja a muchos a obrar con coraje y esperanza: es repudiable el mundo que nos toca vivir, ciertamente; pero es encomiable también el ejemplo que a muchos remueve, ilumina y seduce.

. Si el tiempo no los permitiera, serviría mucho exponer algunas de las causas que Pedro llama suyas y veríamos cómo pone en acción su libertad, su pobreza, su profecía. Interesantes todas, pero acaso tengan mayor repercusión social la causa de la Patria Grande, la causa de la Tierra y la causa de los Indígenas.
Hay un poemita en que Pedro dice:

Tengo tres amores, tres: el Evangelio,

la Patria Grande,

y el corazón intacto de una mujer:

la llena de Dios,

tan nuestra,

María de Nazaret.

La causa de la Patria grande
Pedro comprendió y se identificó con las luchas libertarias de América Latina. Como otros muchos grandes hombres, él sintió el afán unionista del continente, pues al fin y al cabo los sueños revolucionarios se quedan por debajo de los sueños del Reino de Dios. “Tan hondo caló, escribe Miguel D’ Escoto, la encarnación de Don Pedro en nuestra América originaria, ibérica, negra y proletaria, que llegó a la médula de lo que constituye su esencia hoy en día : ansias de liberación y de conformación de la Patria Grande como medio indispensable para la lograrla… Su compromiso con Jesús no podía dejar de llevarlo a un rechazo total a todo lo que oliera a imperialismo, capitalismo y su inhumana ideología liberal” (Pgs.22-23).

Pedro hubo de afrontar la incomprensión de obispos y hasta de conferencias episcopales. Respecto a Nicaragua, conviene recordar que la jerarquía eclesiástica nicaragüense, apoyada por Roma, había dado la espalda a su pueblo y se había aliado con Reagan. Pedro, en aquella hora, suplía la omisión escandalosa de la Iglesia local. Identificado con toda la humanidad, el amor y la solidaridad estaban por encima de las fronteras. “No vengo, escribía a los obispos, a dar ninguna lección. Quiero estar cerca del sufrimiento y de la esperanza de su pueblo” (Pg. 28).

La causa de la tierraRespecto a la causa de la tierra , transcribo simplemente unas del autor que trata de ella en el libro: “ Si me lo permiten, encuentro que Don Pedro Casaldáliga fue una especie de Che Guevara brasileño. De la misma edad. Don Pedro completa ahora los ochenta, los que también cumpliría el Che, de vivir. Los dos tuvieron un comportamiento semejante con relación a sus pobres. Los dos fueron extremadamente humanistas e internacionalistas.

Los dos combinaron la poesía con la profecía. Y los dos fueron tal vez de los pocos hombres públicos que consiguieron vivir con coherencia todo lo que decían. Los dos vivieron con una profunda coherencia de vida, mezclados con el pueblo, sea en la humildad, sea en el espíritu de sacrificio, sea en llevar una vida simple, sin apego alguno a los bienes materiales. Y, al mismo tiempo, eran hombre cultos, que supieron utilizar esa cultura erudita a favor de los pobres.

Pienso que el mayor don de Don Pedro a los campesinos brasileños y a sus movimientos fue el ejemplo de su vida” (Stédile, pg. 48).

Por esta razón, Pedro Casaldáliga pasó prácticamente toda su vida amenazado de muerte. He aquí una muestra no más. Lo cuenta Paul Gabriel, que lleva 20 años viviendo con él.

“En 1972, la hacienda Bordón cercó el poblado Serra Nova y comenzó a expulsar a los posseiros y a quemar sus barracas, sirviéndose de pistoleros, que amedrentaban al pueblo. Pedro fue a Serra Nova para dar a apoyo a los labradores. Estando allí decidió ir a la sede de la hacienda para hablar con el gerente.

Benedito Boca Quente, empleado de la hacienda y con fama de valiente, sabiendo que el obispo iría a la sede, contrató un pistolero para matarlo. Le dio un revólver y dinero para la huida. Pedro fue con Lulú, líder de los posseiros. El pistolero se había escondido en la floresta y acechaba sus pasos. Pasaron cerca de él, pero el pistolero no disparó. El gerente de la hacienda se quedó pálido al ver que llegaba Pedro.

El pistolero, antes de huir , fue y declaró al equipo de pastoral lo que le había pasado. Cuando estaba escondido, comenzó a recordar que de niño su madre le decía, que quien mataba a un cura iba para el infierno. El, al saber que iba a matar a un obispo, se asustó y desistió del empeño” (Pg. 201). Estas son sus palabras:

Yo, Vicente Paulo de Oliveira, peón de la compañía Bordón, S.A.,

donde estoy trabajando desde Junio, declaro lo siguiente,

sin recibir para ello ninguna paga:

El capataz Benedito Teodoro Osares,

de sobre nombre Boca Quente,

abatió a tres hombres (Benedito da Silva, Geraldo y Vicente Paulo) porque no estaban conformes con la paga recibida.

Benedito Boca Quente, el día 1 de octubre, me pidió que matase al padre Pedro, y por matarlo, él me daría mil cruceiros, un revólver 38 y pasaje para donde quisiera. Y otra vez, el día 5 de octubre, me pidió insistentemente que matase al padre Pedro; y si yo le descubría a él, me mataría.

Y, por ser verdad, lo firmo

Sao Félix, 30-X-71

Firmado con el dedo por Vicente Paulo de Oliveira

Testigo: Benedito da Silva

La causa de los indígenas

Para entender un poco la gravedad de esta causa hay que imaginar a Pedro, a los 10 años de estar en Brasil, visitando las ruinas de San Miguel, “Monumento-herida en desafío” evocando la barbarie llevada a cabo “en nombre de Cristo y del Imperio”. Me lo imagino reviviendo a 222 años de distancia aquella tragedia histórica. Me lo imagino llegando de España con todo lo acumulado en su vida y lo ya vivido en Brasil desde 1968. Las ruinas de aquel pasado crucificado, cual ondas perforando los tiempos, estremecieron su alma. En medio de ideas y símbolos religiosos que, en lo exterior, sonaban idénticos a lo suyos, escribió:

…Mártires indefensos

por el Reino de Dios hecho imperio,

por el Evangelio hecho decreto de conquista,

víctimas de las masacres que quedaron con nombre glorioso

en la mal contada Historia,

en la mal vivida Iglesia…

(Proclama Indígena de Don Pedro Casaldáliga)

Tiempos habían corrido y generaciones enteras se habían sucedido, pero en ningún momento parecen haberse alzado voces de profetas que -cristianos como Pedro- denunciaran el impacto de aquel “encuentro” etnocida. Quien quiera percibir un poco la magnitud de de su grito lea su “Proclama indígena”. Se le saltarán las lágrimas.

Pero , ¡cuidado!, porque la cosa no va de evocaciones históricas, como si hubieran ocurrido una vez y se hubieran borrado para siempre. La epopeya siguió y avanzó hasta tornarse en nuestros tiempos ilimitadamente voraz y destructiva. Los imperios y las multinacionales acreditan siempre profesar la misma lógica agresora.

Datos históricos nos hablan de que cuando Brasil “fue descubierto” había unos 5 millones de indígenas. Posteriormente, en solo siglo y medio (1900 a 1957) desaparecieron 87 grupos tribales. Los karajás, que viven en la prelatura del obispo Pedro, eran 10.000 hace un siglo y ahora son 1500. Los manquibara, que Pedro defendió hasta jugarse la vida, han pasado de 20.000 a 680. El mundo pudo leer con espanto la noticia de que, entre los indígenas guaraní-kaiowá del Mato Grosso do Sul, 211 de ellos especialmente jóvenes, se suicidaron en los últimos diez años. No encontraban razón para seguir viviendo. La expectativa de vida del indígena de Brasil alcanza una media de vida de 42,6 años, frente a los 67 años del brasileño no indio.

Sí, la Misa de la Tierra sin Males se refiere al pasado, pero a un pasado que sigue presente: “Yo cultivo la convicción de que la América Latina – América Amerindia, más de acuerdo con sus raíces- o se salva continentalmente o continentalmente se hunde”.

Pedro, después de viajar, conocer y analizar el proceso de estos pueblos, señala como causa principal de tanto despojo y dominio al imperio norteamericano. La caída del muro de Berlín en 1985 y el derrumbe del “socialismo real” tuvo enormes repercusiones en toda América Latina y especialmente en América Central. Fueron tiempos de negociar la paz y establecer las democracias formales. Pero, en el fondo, aparecía hegemónica y globalizada la faz siniestra del capital financiero concentrado en la única y gran potencia de Estados Unidos. Este pregonaba la propuesta neoliberal como la única salida para el futuro. No someterse a ella era volver a tiempos oscuros y atrasados del pasado y estancarse en la ignorancia y en la esclavitud.

Pedro Casaldáliga denuncia la perversa globalización neoliberal que busca siempre más lucro, más tierra, más propiedades, más poder en manos de unos pocos y le contrapone la globalización de la solidaridad , que abre e impulsa nuevos senderos para asegurar los derechos de los pueblos excluidos y de las comunidad y pueblos indígenas: “A la globalización actual, con todos sus pecados, graves, se le contrapone la virtud de lograr que hoy, más que nunca, la Humanidad se sienta una . Estamos descubriendo, por necesidad que navegamos en un mismo barco. El choque de civilizaciones o la alianza de civilizaciones es la alternativa inevitable. Como ahora nos encontrarnos todos con todos, debemos optar por chocar unos con otros , en la intolerancia y en la agresión, o por abrazarnos en la comprensión y en la complementariedad”.

Pedro es nítido como el cielo azul: “Si alguna razón hubiera de mencionar como base de esta mi lucha, esa es mi pasión por la utopía. Una pasión escandalosamente inactual en esta hora de pragmatismos, de productividad, de mercantilismo total, de postmodernidad desesperanzada. Pero, en otros términos, es la pasión de la Esperanza; es, en términos cristianos, la pasión por el Reino, que es pasión de Dios y se su Cristo. Una pasión que, en primera y última instancia, coincide con la mejor pasión de la Humanidad misma, cuando quiere ser plenamente humana, auténticamente viva y definitivamente feliz… No pido la globalización neoliberal homicida, suicida; sino la mundialización de la solidaridad para la construcción (progresiva ciertamente y hasta dialéctica) de esa igualdad en la dignidad , en los derechos y en las responsabilidades de las personas y de sus pueblos , que harán de la Humanidad una, aunque plural en sus alteridades”.

Ese es Pedro, el indignado, comprometido y esperanzado.

La Misa de la Tierra sin males es el grito de una utopía guaraní, traspasado poéticamente al texto subversivo de una Misa, de que nunca, ni en el pasado en el presente, debieron acaecer hechos como éstos, debiendo fermentar revolucionariamente toda una cultura, con marca de occidental y cristiana y que, con rostros distintos, sigue siendo bandera de mercantilización y exterminio, en nombre de un crecimiento económico y progreso humanos, que en lugar de enorgullecernos debiera avergonzarnos y hacernos deplorar nuestra soberbia.

Con razón, Pedro Casaldáliga, cuando el Gobierno del estado de Mato Grosso en 1987 le confirió, junto a otros dos misioneros “la Orden de Mérito del Mato Grosso”, la recibió, como “un presente de luto”, “como brasas de holocausto”, “como herencia de sangre”.

Pedro actuaba así porque era así, lo llevaba dentro. Nadie da lo que no tiene. Y nadie actúa con libertad si no es libre.

Conclusión: La profecía se hace al andar, con hechos concretos

Voy a concluir, enumerando unos hechos que muestran la libertad, la pobreza y la profecía con que procede Pedro Casaldáliga.

. Primero, atender al hombre

Cuenta Pedro que, navegando una vez por el río de las Mortes, tuvo que atender un hombre moribundo. La comunidad le pidió que celebrara una misa. No había pan ni vino. No traía nada para decir misa: “Yo venía más preocupado por atender al hombre. Allí había una pequeña taberna. Cogí unas galletas y un poco de pinga y celebré la misa. Me pareció que era una buena misa. El pueblo me pedía misa y yo era sacerdote, la Pascua de Cristo bien se puede celebrar con vino de las viñas de Italia o de las de España , pero si no había vino, ¿por qué no se podía celebrar con alcohol de caña de azucar”.

. La excomunión de Haciendas

Otra vez, cuenta que llegó a un acto extremo: “He maldecido una estructura de acumulación, de capitalización, de exclusión y de dominación. He llegado incluso al extremo de excomulgar dos haciendas. La Piraguacu y la Frenova., porque tenían pistoleros que mataban a los peones, les cortaban las y las llevaban a la hacienda para demostrar su muerte. Una vez enterré a uno de esos peones asesinados, cogí un puñado de tierra de su sepulcro, lo puse sobre el altar y excomulgué estas haciendas. Pero fue un acto contra las haciendas, no contra las personas”.

Se puede uno preguntar: ¿Cuántas excomuniones de este género se han hecho en la larga historia del latifundio y de la colonización?

. El Evangelio a favor de los pobres, en contra de los ricos

Donde Pedro no da lugar a componendas es en el tema de ricos y pobres: “Nosotros hemos dicho muchas veces que aquí o estás en un bando o en un bando o en el otro. Yo digo siempre que el Evangelio es para los ricos y para los pobres. Es para todos pero está a favor de los pobres y también está a favor de los ricos, pero contra su riqueza, contra sus privilegios, contra la posibilidad que tiene de explotar, dominara y excluir. Yo puedo relacionarme con los ricos, siempre que les diga las verdades y no me deje llevar… No es que no pueda ir un día a merendar a casa de un rico, pero si voy cada semanas y no pasa nada, no digo nada, no sacudo aquella casa, no sacudo aquella conciencia, ye me he vendido y he negado mi opción por los pobres”.

. A favor de la propiedad privada, no privadora

“Una vez tuve la ocasión de intervenir en un proceso público que se hace en la Asamblea Nacional, donde se trataba de una problemática de la tierra. Y, entonces, algunos de los senadores y diputados más conservadores, incluso variso de ellos muy católicos y practicantes, me dijeron: monseñor, usted está en contra de la propiedad privada. Les dije: no, si usted tiene una camisa y todo el mundo puede tener una camisa, estoy a favor de la propiedad privada de cada camisa . Ahora, si usted tiene 50 camisas y las demás personas no tiene ninguna camisa, entonces la propiedad privada es privadora”.

.Consumismo: En estos tiempos de tanto consumismo , creo que la Iglesia de Jesús , y sobre todo los que somos o deberíamos ser más responsables dentro de la Iglesia, tenemos que ofrecer un testimonio de anticonsumismo. El proyecto del mercado , al fin y al cabo, es el consumismo… Lo que me hace no es lo que tengo, sino lo que soy, lo que amo, las razones de mi vida… Es lo que doy lo que me hace, no lo que tengo. Pero sin tengo mucho y doy poco, tengo menos porque soy menos”.

. La teología de la liberación

Pedro, se muestra libre. Una vez le hice esta pregunta: “¿Qué queda de la teología de la liberación? Sagradamente indignado me contestó: Estoy harto de oír la pregunta. Me la han preguntado por activa y pasiva, compañeros, obispos, periodistas…. Que no me sigan nombrando, por vergüenza al menos, las barbaridades -verdaderas calumnias- que colgaron de la teología de la liberación y sus teólogos. Nosotros: teólogos de la liberación, obispos que los acompañamos e Iglesias que se benefician de sus doctrinas, no hemos optado por Marx sino por el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo , por su Reino y sus pobres.

Nuestro Dios quiere la liberación de toda esclavitud, de todo pecado y de la muerte. Analizar la trágica situación de los dos tercios de la humanidad, señalarla como contraria a la voluntad de Dios y asumir compromisos prácticos para transformar esa situación son pasos obligados de la teología de la liberación. A los enemigos del pueblo es a los que no gusta la teología de la liberación. ¡Celebrarían tanto que los cristianos pensasen sólo en el Cielo…despreciando la Tierra. Cuando nosotros queremos ganar el Cielo, conquistando la Tierra. Hijos libres de Dios Padre y hermanos verdaderos “.

Su radicalidad por la pobreza y libertad, la tiene escrita Pedro en estos versos:

No tener nada.

No llevar nada.

No poder nada.

No pedir nada.

Y, de pasada,

no matar nada;

no callar anda.

Solamente el Evangelio, como una faca afilada,

y el llanto y la risa en la mirada,

y la mano extendida ay apretada,

y la vida, a caballo, dada.

Y este sol, y estos ríos, y esta tierra comprada,

para testigos de la revolución ya estallada.

¡Y mais nada!

Su radicalidad le ha llevado a decir: “El teólogo Karl Rhaner escribía : En el siglo XXI un cristiano, o será místico o no será cristiano. Que conste que yo considero a Rhaner como el mayor teólogo del siglo XX. Sin embargo, creo, con la más estremecida convicción evangélica, que hoy, ya en el siglo XXI, un cristiano o cristiana, o es pobre y/o aliado o aliada visceralmente de los pobres, o no es cristiano, no es cristiana. Ninguna de las famosas notas de la Iglesia se mantiene en pie si se olvida esta nota fundamental, la más evangélica de todas: la opción por los pobres”.

Concluyo con unas frases de Federico Mayor Zaragoza y Leonardo Boff escritas en el mimso libro:

“Para conseguir estas transformaciones audaces de la Sociedad y de la Iglesia, de las que tanto y tan bien se habla en este libro, es imprescindible poseer la apertura a los cambios del mundo , su compromiso con la justicia y con las más marginados, su sensibilidad genética para dialogar. La vida vale en la medida en que se entrega a los demás…En otros momentos, las ofrendas a la Divinidad, pudieron ser edificios, monumentos, oro, perlas, riquísimos encajes y bordados; hoy serían acercarse a la palabra de Jesús y situarse como Pedro Casaldáliga en la vanguardia de la justicia y la caridad. Después de leer este libro, todos soñaremos sin arredrarnos en el mismo sueño de Pedro Casaldáliga: Yo, pecador y obispo, me confieso de soñar con la Iglesia, vestida solamente de evangelio y sandalias.” (Federico Mayor, Pgs. 9, 14) )

“Cuando los tiempos actuales perturbados hubieren pasado, cuando las desconfianzas y mezquindades hubieren sido engullidos por lo vorágine del tiempo, cuando miremos para atrás y consideremos los últimos decenios del siglo XX y los comienzos del siglo XXI, identificaremos una estrella en el cielo de nuestra fe, rutilante, después de haber parado nubes, soportando oscuridades y venciendo tempestades: es la figura simple, pobre, humilde, espiritual y santa de un obispo que, extranjero, se hace compatriota, distante se hace prójimo y prójimo se hace hermano de todos, hermano universal: Don Pedro Casaldáliga” (Leonardo Boff, p. 103). .

Benjamín Forcano

   
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