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37 Congreso Teología(Viernes, 8 de septiembre, 10-11,30)
El subtítulo ‘Humanizando el Sacerdocio,’ supone que el sacerdocio, tal como ha sido entendido por los cristianos de todo el mundo durante la mayoría de la historia de la iglesia cristiana, no ha integrado a la humanidad en toda su plenitud. El sacerdocio ha sido reservado mayormente para el género masculino, principalmente porque se ha enfocado en Jesús el ser masculino con preferencia a su ser humano. Esto ha favorecido pensar de Dios como masculino, relegando a las mujeres a una posición de seres menos que humanos, ya que el Dios-hombre, Jesús, tomó forma masculina.

Para comprender lo que significa ser humano, tenemos que escudriñar la Biblia. Hebreos 4.12 nos dice que ‘la palabra de Dios es viva y poderosa, y más cortante que cualquier espada de dos filos. Penetra hasta lo más profundo del alma y del espíritu, hasta la médula de los huesos, y juzga los pensamientos y las intenciones del corazón.’1 Uno de los aspectos maravillosos del texto bíblico es que revela que Dios siempre está desafiando contextos particulares – y eso desde dentro del contexto mismo, con todas sus presuposiciones. Así Saúl, ‘…hebreo de pura cepa; en cuanto a la interpretación de la ley, fariseo; en cuanto al celo, perseguidor de la iglesia; en cuanto a la justicia que la ley exige, intachable’ (Filipenses 3.5b-6) se convierte en Pablo cuando Jesús se revela ante él como Mesías (Hechos 9). ¡Esto lo llamaría radical! Pablo siguió adelante, construyendo sobre el fundamento de todo lo que se le había enseñado dentro del contexto en el que nació y se desarrolló, para profundizar su comprensión y para luego participar en crear la infraestructura de la primitiva iglesia cristiana. Si es verdad que Dios es inmutable, que nunca cambia, si ‘Jesucristo es el mismo ayer y hoy y por los siglos’ (Hebreos 13.8), entonces Dios todavía lo está haciendo hoy en día. Está desafiando nuestra forma de pensar y nuestras respuestas en el contexto actual. Está enfrentado a nuestras presuposiciones equivocadas, particularmente en cuanto a su carácter y su relación con los seres humanas. ¡Quiere cambiarnos a nosotros!

La Iglesia católica-romana, en particular, ha explicado que entender ‘los tiempos’ en que vivimos es muy importante para comunicar hoy la fe cristiana. A esto añadiría yo que ‘el lugar’ también es importante. Coexiste con ‘los tiempos’, ya que, siendo seres humanos, ¡no podemos estar en más de un lugar a la vez! Las dos cosas se juntan para formar el contexto en el cual vivimos. Y esa limitación de un contexto en particular es precisamente lo que informa el cómo comunicamos la fe cristiana.

¿Cuál es nuestro contexto – nuestro lugar y nuestro tiempo? ¿Cómo desafiamos nosotros al mundo de hoy, como hombres y mujeres cristianas? El mundo de hoy está presenciando la revelación de una seria desintegración estructural de la más básica de las relaciones – la que existe entre un hombre y una mujer en la comprometida relación de toda la vida, tradicionalmente la piedra principal en la construcción de una sociedad, conocida como el matrimonio.¿Cómo puede ‘Humanizando el Sacerdocio,’ permitiendo que tanto mujeres como hombres juntos sean colegas sacerdotales, modelar lo que Dios destinó en general para toda persona en relación con Él y los unos con los otros? ¿Cómo puede tal modelo traer unidad al pueblo cristiano, y por medio de ello a la sociedad en general?

Jesús hecho hombre, en su tiempo y su lugar, nos demuestra cómo es Dios. Si no comprendemos bien cómo es Dios, no podemos comprender lo que significa ser verdaderamente humano – ser cada uno el ser humano único que Dios ha creado – tanto una mujer como un hombre – ¡hechos a la imagen de Dios!

¿Qué es la Iglesia Anglicana?
Los Anglicanos llaman a su Iglesia tanto Católica como Reformada. No es ‘en sí un movimiento Protestante, [ya que comenzó porque] en Inglaterra Enrique VIII rechazó la autoridad del Papa y estableció la Iglesia Anglicana.’2 Uno de los gran beneficios de la Iglesia Anglicana desde su comienzo ha sido su afirmación del uso de la lengua vernácula – en ese tiempo el inglés – tanto en la liturgia de la misa como en la publicación de la Biblia, ya disponible para toda persona que podía darse el lujo de tener su propia copia.

La Iglesia Anglicana comenzó en el siglo XVI como la ‘Church of England,’ la ‘Iglesia de Inglaterra’; pero ahora se ha difundido por medio de la ‘familia Anglicana/Episcopal de iglesias’ a ‘más de 165 países.’ Existen ‘38 iglesias “Miembras” o “Provincias” autónomas…en 6 continentes’ con aproximadamente ‘85 millones de personas’ llamándose Anglicanas y constituyendo lo que ahora se llama La Comunión Anglicana. Su ‘punto de unión’ es la persona del Arzobispo de Canterbury, aunque ‘las Iglesias se relacionen entre sí directamente, y también por medio de las reuniones regulares de los Instrumentos de Comunión,’ es decir: ‘la Conferencia de Lambeth, el Concilio Consultivo Anglicano y la Reunión de los Arzobispos.’

Lo que se llama el Quadrilateral de Lambeth es una declaración formal realizada en Chicago en el siglo XIX que define lo que los Anglicanos mundialmente ‘tienen en común.’ Es una expresión de la unidad e identidad mundial Anglicana:
La Santa Biblia, comprendiendo al Antiguo y Nuevo Testamento, como base de nuestra fe;
El Credo Apóstolico y el de Nicea como declaraciones básicas de la creencia cristiana;
El reconocimiento de los Sacramentos de Bautismo y Santa Comunión; y
El Episcopado Histórico – nuestra tradición Cristiana tiene obispos.3
Para conocer mejor la historia general del movimiento para la ordenación de mujeres diáconos, sacerdotes y obispos en la Comunión Mundial Anglicana, todo lo que uno necesita hacer es mirar en la web mundial ‘la ordenación de mujeres en la Comunión Anglicana’. La primera mujer ordenada como sacerdote en la Comunión Anglicana fue una mujer china, ‘Florence Li Tim-Oi, ordenada el 25 de Enero de 1944 por el obispo de Victoria (Hong Kong), Ronald Hall, respondiendo a la crisis entre los cristianos anglicanos en China causada por la invasión Japonesa.’4

Mi propia experiencia de ser diácono y luego sacerdote dentro de la Iglesia de Inglaterra ha sido la de llegar a ser la persona que Dios creó, cumpliendo con su voluntad para mi vida. Habiéndome preguntado durante gran parte de mi vida acerca de lo que iba a ser cuando fuera mayor, solo sentí, en 2006, al encontrarme detrás del altar para presidir en la mesa del Señor, ofreciendo la hospitalidad de Dios en su nombre, que había llegado al lugar que podía llamar estar ‘en casa’. Fue un momento de revelación ‘eureka’. ¡Así que ESTO era lo que tenía que ser cuando fuera mayor!’ Mi madre lo confirmó, cuando, después de verme ordenada en la Catedral de San Pablo de Londres me comentó, ‘¡Ahora me doy cuenta que tienes que ser lo que tu eres!’….¡Ella había tenido otras ambiciones para mi!

Ha habido mucha controversia asociada con la ordenación de mujeres en las Santas Órdenes. Michael Watts sugiere que consideremos a la ordenación de las mujeres en la Iglesia de Inglaterra como una crisis en el sentido negativo.5 Sin embargo, la controversia ha generado más unidad que desunión. ‘…la mayoría de las 38 provincias de la Comunión Anglicana ordenan a mujeres sacerdotes, y muchas han eliminado las barreras para que las mujeres puedan ser obispos.’6

¿Dónde empezamos? Tradición o la Biblia o ambas?
La Iglesia católica-romana considera que la tradición de la iglesia tanto como la Biblia tienen la misma autoridad en todo lo que tiene que ver con la teología y la praxis. En contraste, la Iglesia Anglicana se aferra a lo que llama los ‘tres pilares de la Escritura, la Tradición y la Razón,’ aunque no cabe duda que la Biblia truinfa sobre las otras dos y es considerada prioritaria entre las tres. ‘Yo estoy verdaderamente persuadido que el Señor aún tiene más verdad y luz para generar de su santa palabra,’ dijo el puritano John Robinson. El beneficio de este punto de vista es que cualquier persona puede venir, desde un contexto continuamente cambiante, a preguntar algo del texto bíblico, y descubrir nuevas penetraciones para aplicar a nuevas situaciones. Lo que se presupone aquí es que Dios (y por ende su palabra revelada en la Biblia) permanece el mismo, aunque cambien los contextos – por lo tanto nuestra estabilidad cristiana viene de nuestra relación con Dios, el cual, usando el lenguaje del Antiguo Testamento, es nuestra ‘roca’ (e.g. Salmo 31.2) antes que una constante adaptación a contextos cambiantes.

Es posible retornar a periodos de la historia de la Iglesia antes de que se formularan algunas tradiciones, y allí encontrar conocimientos bíblicos que podrían parecer nuevas revelaciones de la voluntad de Dios en nuestro mundo, simplemente porque, usando la terminología creada por el pedagogo Brazileño Paulo Freire, aún no hemos sido ‘concientizados,’ o sea que nuestra conciencia no ha sido lo suficientemente aguda para observarlos. Como el ciego que Jesús sanó en Juan 9, deberíamos llegar al punto donde podemos decir, ‘…no lo sé…. Lo único que sé es que yo era ciego y ahora veo.’ (Juan 9.25b). Esto podría requerir que, como el maravilloso título de un libro, descubramos ¡El gozo de estar equivocados!7

Esta es mi posición cuando intento persuadirles de la importancia de un sacerdocio que une tanto a los hombres como a las mujeres en una ordenación que modela y facilita lo que ha llegado a ser conocido como ‘el sacerdocio de todos los creyentes.’ Dirigiéndose a ‘…los elegidos, extranjeros dispersos por el Ponto, Galacia, Capadocia, Asia y Bitinia, según la previsión de Dios el Padre, mediante la obra santificadora del Espíritu, para obedecer a Jesucristo y ser redimidos por su sangre’ (1 Pedro 1.1b-2a), Pedro dice:

Pero ustedes son linaje escogido, real sacerdocio, nación santa, pueblo que pertenece a Dios, para que proclamen las obras maravillosas de aquel que los llamó de las tinieblas a su luz admirable. Ustedes antes ni siquiera eran pueblo, pero ahora son pueblo de Dios; antes no habían recibido misericordia, pero ahora ya la han recibido (1 Pedro 2.9-10).

La Unidad
El Obispo Patrick O’Donoghue, en su librito acerca de San Juan María Vianney, presbítero y santo patrono de los sacerdotes, cita al ‘Papa Benedicto, cuando era el Cardinal Ratzinger, [que] dijo una vez que “la crisis de la Iglesia hoy es ante todo una crisis de sacerdotes.”’ (El Reportaje Ratzinger).8 O’Donoghue sigue con una lista de lo que el llama ‘desarrollos positivos para el sacerdocio desde Vaticano II,’ pero en ningún lugar saca a colación el tema de que el ‘verdadero ministerio colaborativo’9 es particularmente importante para modelar la unidad entre hombre y mujer en el desarrollo de los carismas de la iglesia. Cuando menciona la falta de unidad, es bajo el subtítulo, ‘La tiranía de la conciencia autónoma.’10

Esta conciencia autónoma no está presente solamente en la Iglesia católica-romana. Ya queda plasmada en la frase concluyente del libro de Jueces al describir el total desorden de una sociedad: ‘…cada uno hacía lo que le parecía mejor (Jueces 21.25).’ Cuando cada persona considera que su propio punto de vista es tan válido como el de cualquier otra persona – la unidad que resulta de la reflexión en común y del consenso parece casi imposible de lograr.

¿Dónde empieza uno a desafiar la falta de unidad en la iglesia? Un buen lugar para empezar es con el relato de la creación de los seres humanos. Los cristianos comienzan su declaración de fe en el credo Apostólico con ‘Creo en Dios el Padre todopoderoso, creador de cielo y tierra…’

Génesis, el primer libro de la Biblia, habla del hombre y de la mujer como igualmente creados a imagen de Dios, aunque diferentes. Describe a un Dios que ve todo lo que ha hecho y lo llama ‘bueno’ (Génesis 1.4, 10, 12 18, 21 25) o ‘MUY bueno,’ ¡en el caso de seres humanos! (v.31) Génesis 1.26 -28 dice:

‘…y [Dios] dijo: “Hagamos al ser humano a nuestra imagen y semejanza. Que tenga dominio sobre los peces del mar, y sobre las aves del cielo; sobre los animales domésticos, sobre los animales salvajes, y sobre todos los reptiles que se arrastran por el suelo.”

Y Dios creó al ser humano a su imagen; lo creó a imagen de Dios. Hombre y mujer los creó, y los bendijo con estas palabras: “Sean fructíferos y multiplíquense; llenen la tierra y sométanla; dominen a los peces del mar y a las aves del cielo y a todos los reptiles que se arrastran por el suelo.”’

De la misma forma en que los cristianos creemos en un Dios 3-en-uno, la Trinidad que es todavía un Dios, así nosotros los seres humanos no revelamos plenamente la imagen de Dios si no somos conjuntamente hombre y mujer. Después, en Génesis 2.23-24, la unión que se llama el matrimonio queda definida cuando Dios revela su propia ternura en el proceso de crear a hombre y mujer. La una (mujer) fluye del otro (hombre), y es una parte esencial del otro, y por eso ‘exclamó [el hombre]: “Ésta sí es hueso de mis huesos y carne de mi carne. Se llamará “mujer” [hebreo ‘ishah’] porque del hombre [hebreo ‘ish’] fue sacada.”’ (v.23) Pero esto no es todo. Nos dice, ‘Por eso el hombre deja a su padre y a su madre, y se une a su mujer, y los dos se funden en un solo ser.’ (v.24)

Ya no son dos sino uno – y éste es el misterio de la imagen de Dios en nosotros, así como la Trinidad siempre es el misterio de la esencia de Dios.

La Caída
La desobediencia de Adán y Eva a Dios, con el cual habían tenido una relación abierta hasta ese momento (Génesis 3.8: ‘Cuando el día comenzó a refrescar, oyeron el hombre y la mujer que Dios andaba recorriendo el jardín…’) ha llegado a ser conocida como ‘La caída’. Una mayor parte de la historia de la enseñanza de la iglesia acerca de los hombres y las mujeres ha venido, no de la esperanza que los cristianos tienen de llegar a ser una nueva creación ‘en Cristo’ (para usar la terminología consistente de Pablo) a la medida que la relación confiada con Dios de ambos géneros permite que el Espíritu Santo les transforme; sino de la enseñanza que ha sido basada mayormente en ‘La caída’ – como si fuese el anteproyecto para toda la teología subsiguiente acerca de lo que debería ser el papel de los hombres tanto como de las mujeres dentro de la iglesia y de la sociedad. No se ha reconocido la afición de Dios por la re-creación (tal como en el relato del diluvio en Génesis 6) y por consiguiente no se ha asegurado su lugar prominente en el pensamiento de cómo Dios quiere que expresemos nuestros géneros por medio de nuestros carismas. En su lugar, la teología, comenzando con los padres de la Iglesia (dando dos ejemplos importantes de Agustín y Jerónimo) se ha enfocado en la continuación de lo que en inglés se llama ‘the blame game’ (el deporte de culpar) que era lo central de lo que había de malo con ‘La caída’ en primer lugar. El resultado ha sido continua falta de unidad.

Gracias a Dios este no es el punto final de la historia. Adán decidió llamar a su esposa ‘Eva,’ que viene de la raíz hebrea que significa ‘vida’, ‘porque ella sería la madre de todo ser viviente.’ (Génesis 3.20) Eva decidió confiar en Dios, dependiendo de Él cuando nace Caín. “¡Con la ayuda del SEÑOR, he tenido un hijo varón!” (Génesis 4.1). Nosotros también tenemos una decisión que tomar: entre vivir a la luz de ‘La Caída’ y sus consecuencias, o vivir a la luz de la redención de Dios en Cristo Jesús. ¿Creemos que Dios es capaz de re-crear, sin quitar la libertad que El mismo dió a los primeros seres humanos de optar por confiar en Él? ¿Optar por confiar que Él es un buen Dios que proclama la verdad y por eso decidir a obedecerle? Cuando decidimos seguir a Jesús como nuestro Señor y Salvador, ¿reconocemos que en Él somos ‘…una nueva creación. ¡Lo viejo ha pasado, ha llegado ya lo nuevo!’ (2 Corintios 5.17b – ver el argumento completo de Pablo en vv. 11-21)? Los cristianos somos llamados a vivir – y esa vida la tenemos a la luz de lo que Jesucristo ha logrado para nosotros en la cruz, y no en la oscuridad de las consecuencias de ‘La Caída’. ¡Esto sí que es revolucionario! Trastoca nuestro pensar acerca de la relación entre hombre y mujer. Afirma el valor co-igual de personas creadas en la imagen de Dios. Celebra la intimidad sexual que Dios quiere que sea analogía de la intimidad inherente tanto en la naturaleza de nuestro Dios Trino como en la relación de Dios con su pueblo en un pacto fiel descrito como la relación de la pareja matrimonial.

Cuando intentamos persuadir a los demás de la importancia de la unidad de la iglesia en este mundo que afirmamos que fue creado por Dios y donde creemos en su constante presencia entre nosotros, esa unidad comienza a ser vista en el modelo de la humanización del sacerdocio – hombres y mujeres, seres humanos creados a la imagen de Dios, sirviéndole a Él y a su pueblo, en la unión del Espíritu Santo.

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