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37 Congreso TeologíaMuchos hilos, muchos colores: los saberes y las luchas se tejen en la diversidad.
Para las mujeres indígenas y afroamericanas que en Abya Yala siguen cuestionando, resistiendo y forjando nuevos caminos de rebeldía y transgresión.
Hablo desde donde me reconozco y me percibo, desde donde siento. Soy una mujer latinoamericana que vive en la piel un proceso migratorio, soy una mujer que lleva en sus genes la historia de violencias, resistencias y saberes de las mujeres indígenas y negras. Hoy asumo una voz, una voz que no me pertenece del todo, que le pertenece a ellas. Mujeres que a lo largo de la historia han sido silenciadas, explotadas y violentadas, en sus saberes, en sus cuerpos y en sus territorios.

Hablaré sobre la diversidad del movimiento feminista en América Latina, enfatizando en las propuestas críticas y contrahegemónicas que se elaboran teóricamente en el marco de las epistemologías del sur; concretamente en las discusiones sobre modernidad/colonialidad y la propuesta política y epistémica de la decolonizacón.
La experiencia colonial inició en 1492, con la intrusión de España en los territorios de Abya Yala, lo que hoy se conoce como América Latina, significó la ruptura en el proceso histórico de las civilizaciones que ahí habitaban, trajo consigo la desarticulación de las formaciones sociales, políticas, económicas y culturales, mediante la imposición de la violencia, el genocidio, el saqueo, la apropiación de los recursos naturales y la violencia epistémica (epistemicidio), (Spivak, 2003: 317).

América Latina, está conformada por una diversidad de territorios. Es un continente donde confluyen una multiplicidad de pueblos, culturas e historias. América Latina no es una ni es uniforme, pero en ese conglomerado heterogéneo de países hay algo en común. Todos comparten la historia de los procesos y experiencias coloniales y la conformación de los estados-naciones a partir del discurso del mestizaje físico y cultural.
El mestizaje es parte de una retórica que externamente pretende dar la idea de estados que asumen y reconocen la diversidad de colores y saberes, pero que a lo interno son racistas. Históricamente las poblaciones subalternizadas y violentadas, como lo son, por ejemplo, los pueblos indígenas y los afroamericanos que han sido borrados y silenciados, en el proceso de blanqueamiento de la población interno de los estados.

A pesar de las diversidades, estos países están marcados por la violencia e historias de dictaduras. Son países que hoy son democracias formales, pero han perpetuado la desigualdad social, la concentración de la riqueza en manos de las oligarquías y grupos de familias que históricamente han ostentado el poder político- militar y económico ligadas al capital transnacional. Se caracterizan por la inequidad en la distribución de las tierras, la entrega de los recursos naturales a las transnacionales, firmas de tratados de libre comercio y el avance del neoliberalismo que en los últimos 30-40años ha depredado la vida, provocando más pobreza y violencia.
Estados racistas que no han roto con la colonialidad, la dominación militar hoy revestida de democracia ni con la lógica de la dominación imperial. Hoy mantienen la misma estructura pero con otras palabras e instituciones. Si bien, hay experiencias políticas alternativas construidas en la primera década del siglo XXI, como son los casos de Venezuela, Bolivia, Ecuador, que pretenden subvertir esta situación, pero que no entraré a discutir, sino que partiré de una mirada general de la situación

Hoy en América Latina, se sigue palpando y respirando la colonialidad y su concomitante racismo. Los procesos extractivistas asolan la región, depredando el medio ambiente y despojando a los pueblos indígenas de sus territorios.
Las transnacionales de la mano de los estados, imponen bajo el discurso del desarrollo y el empleo los agro-negocios, la minería y la explotación petrolera, el turismo desmedido, la instalación de hidroeléctricas y eólicas, los monocultivos, los cultivos transgénicos, la privatización de los mantos acuíferos. Un supuesto desarrollo que puede resumirse en la privatización y destrucción de la vida.
Estas son las nuevas caras de la expansión capitalista, neoliberal y neocolonial, de las nuevas formas de expansión económica, que pone en evidencia la pervivencia de un sistema patriarcal en un contexto de colonialidad, racismo y capitalismo neoliberal.
Por el otro lado a este escenario hay que sumarle el avance creciente de nuevas formas de fundamentalismo y neointegrismo religioso, acompañado de discursos patriarcales, racistas, misóginos, xenófobos, repuntan y avanzan en la toma de espacios políticos en detrimento del avance de los feminismos en sus diversas manifestaciones y a favor de los intereses particulares y de los grupos de derechas que representan.

Luchas de mujeres en la diversidad
Las luchas feministas en América Latina también son diversas, no hay una sola voz. Las voces feministas, se alzan por la despenalización del aborto, por el reconocimiento del matrimonio igualitario, luchas por el reconocimiento de los derechos de las personas trans. Hay también un surgimiento de organizaciones de mujeres campesinas que resisten el avance del neoliberalismo y defienden la soberanía alimentaria.

Fue en América Latina donde arrancó la idea de la huelga internacional de mujeres del 8 de marzo pasado. También la visibilizarían y lucha contra la violencia machista, se ha plasmado en mutitudinarias manifestaciones de “Ni una menos”. Que es ya un movimiento que atraviesa las fronteras.
Pero también hay un feminismo que se adapta a ese neoliberalismo, que no cuestiona la colonialidad, ni el capitalismo. Un feminismo heredero del feminismo hegemónico eurocéntrico, aliado al poder político y a todas luces insuficientes para una transformación del sistema, porque es un feminismo blanqueado.

La necesidad de concretizar, lleva a visibilizar dos luchas de colectivos de mujeres que han asumido, valiente y de manera clara la propuesta de decolonización del feminismo, más allá de las meras teorías académicas. Colectivos que aportan nuevas miradas y subviertan postulados teóricos y discursos del feminismo de base epistemológico clásico. Son los feminismos de representados por las mujeres afroamericanas y las mujeres indígenas.
Se inscriben estos feminismos en la crítica modernidad/ colonialidad. Crítica que asume que la colonialidad es un patrón de poder que se instaló mundialmente en 1492, con la intrusión europea en América Latina. Esto provocó que el capitalismo se hiciese mundial y que Europa se constituyese como su eje central, tanto en lo económico como en la producción de conocimientos, y a partir de este hecho, arranca la modernidad. (Quijano, 2000: 342) Es un patrón de poder que naturaliza las clasificaciones jerarquías territoriales, raciales, culturales y epistémicas. Es un patrón de poder que aun pervive.

Las discusiones sobre la decolonización de feminismo se suman tres conceptos básicos en los cuales que opera la “lógica de la colonialidad”: la colonialidad del poder (economía y la política); la colonialidad del saber (epistémico, filosófico, científico, relación de lenguas y conocimiento) y la colonialidad del ser (control de la subjetividad, sexualidad y roles atribuidos a los géneros), esto se articula en una estructura de poder-dominio que aún continúa presente y que se erige como uno de los pilares del capitalismo neoliberal en el cual el patriarcado se mueve y se reproduce conjuntamente con el clasismo y el racismo, permeando todas las estructuras sociales, culturales, políticas y epistémicas. (Montanaro, 2017.90)
La colonialidad es el lado oscuro de la modernidad occidental, la cual instaló el racismo, ejerció la violencia genocida contra los pueblos indígenas y la subalternización de los conocimientos. Por ello que el feminismo decolonial interpela al feminismo de tradición lustrada/moderna que se erige como un proyecto emancipador para todas las mujeres.

Permite el feminismo decolonial también revisar las conexiones entre modernidad, capitalismo, patriarcado, racismo y democracia liberal, complejizando el mestizaje como figura retórica sobre la que se asientan los estados-nación latinoamericanos y mediante la cual se niega y excluye del presente de la nación a las poblaciones indígenas y afrodescendientes.
El feminismo latinoamericano y su propuesta decolonizadora, subvierte categorías básicas del feminismo occidental, como género y patriarcado, además de deconstruir las prácticas que reproduce el feminismo hegemónico/eurocéntrico y las gramáticas que ha instalado la modernidad y que reproducen las prácticas feministas hegemónicas eurocéntricas respecto a las mujeres subalternas, que son construidas y asumidas desde la otredad. (Montanaro: 2017)

Un feminismo que además de poner en entredicho las categorías analíticas del feminismo hegemónico eurocéntrico, hace suya la crítica de la modernidad y ello lleva a reinterpretar la historia bajo otra mirada.
Desde lo teórico, lo académico y la multiplicidad de saberes que han sido menospreciados y silenciados por la modernidad occidental, se abre paso la necesidad de decolonizar el feminismo. Esto implica nutrirse no sólo de teorías académicas críticas de la modernidad, sino que también alimentarse de las experiencias propias de las mujeres. De aquellas subalternizadas, silenciadas; implica conocer y reconocer sus saberes ancestrales, los conocimientos indígenas comunitarios y a partir de esto construir una propia y nueva narrativa.

Hay miradas feminismos más académicos y otros que retoman los conocimientos académicos pero los tratan de transformar. Ambas líneas construyen propuestas alternativas al feminismo hegemónico. Hay un feminismo de línea más cercano a la academia tradicional e institucional. Sus investigaciones enfocadas desde posiciones teóricas decoloniales y poscoloniales asumen el abordaje y análisis de la violencia contra las mujeres en sus múltiples dimensiones; investiga sobre el racismo, la interseccionalidad, la construcción de los estados nacionales, la democracia, derechos humanos, literatura etc. Está mucho más vinculado teóricamente a las discusiones modernidad/ colonialidad incorporando a ellas, las posiciones feministas decoloniales.
Son enfoques feministas que tienen por objetivo romper con la colonialidad, el racismo y el capitalismo que están presentes en la historia de la modernidad occidental eurocentrada, y que también está presente en los feminismos hegemónicos de tradición europea y norteamericana.

Pero también, al lado del desarrollo teórico e intelectual, han surgido una serie de movimientos que al día de hoy se construyen con fuerza. Son propuestas feministas teóricas pero que rompen, por decirlo de alguna manera, con la academia y su epistemología. Son propuestas feministas que si bien se han nutrido las propuestas teóricas, epistémicas y metodológicas de la misma academia, recuperan saberes de las poblaciones históricamente subalternizadas y violentadas en América Latina.
Es en ese intercambio de saberes, desde donde se construyen críticas y enfoques que van más allá de la búsqueda de la emancipación desde posiciones binarias de las mujeres y las sexualidades.

Sin embargo, ambos estudios y praxis feministas, están comprometidos en la creación de alternativas políticas, que cambien el sistema y escriban nuevos relatos, porque la historia no es una línea recta y puede transformarse.
Para ello es necesario construir nuevas formas de relación política, desde la heterogeneidad y prácticas nuevas, diferentes y alternativas a las impuestas por el patriarcado moderno, capitalista, racista y colonial.
El feminismo decolonial recupera el legado de las mujeres feministas afrodescendientes e indígenas, que desde América Latina han planteado la violencia, la discriminación, el racismo en las sociedades, la retórica discursiva del mestizaje y la violencia que esto conlleva. También la invisibilidad dentro y fuera de sus propias comunidades, en los movimientos sociales, políticos y dentro del propio feminismo.

En América Latina, son las mujeres son quienes están asumiendo fuertes protagonismos en la oposición al modelo de desarrollo neoliberal. Ellas se levantan, resisten, movilizan y se enfrentan de manera frontal al sistema que depreda y aniquila la vida.
Es muy interesante mirar como las mujeres de pueblos indígenas, las campesinas, las mujeres afrodescendientes, desde diversos territorios son quienes se enfrentan férreamente al sistema capitalista en defensa de la madre tierra.
Las mujeres se levantan a poner su cuerpo y su vida para defender sus territorios, sus recursos, defienden sus comunidades, tejen resistencias de liberación que aspiran a construir un feminismo del otro y desde el otro. Que cuestione el racismo y las relaciones de género que se imbrican en el sistema moderno patriarcal capitalista, racista y colonial. Teniendo claro que las nuevas formas de colonialismo en los estados; regeneran colonialidad del poder, del ser y el saber. Lo que provoca que el proyecto neoliberal del capitalismo avance y se hegemonice globalmente. (Montanaro, 2017: 146-147)

Mestizaje, racismo y violencia: Aportes del feminismo afrodescendiente y del Caribe.

Las feministas afrodescendientes latinoamericanas y del Caribe han puesto en evidencia las secuelas de la colonialidad que se esconde tras el discurso del mestizaje. Discurso que ha contribuido a mantener la violencia racista y clasista. Un “mestizaje” que provocó (y provoca) la explotación y violación de las mujeres indígenas y negras, quienes fueron instrumentalizadas para calmar los deseos sexuales de los hombres blancos, que necesitaban asegurar la mezcla de sangres para blanquear la raza. (Curiel, 2007).
Es un feminismo, que retoma el legado de las feministas negras y las mujeres de color de Estados Unidos, los aportes de las feministas chicanas y del feminismo radical de corte anticapitalista de los Estados Unidos de finales de los años 70 y principios de la década de los años 80 del siglo XX. Asume también, el legado de la crítica de los estudios poscoloniales de la academia anglosajona y del Grupo de Estudios Subalternos de la India y los aportes sobre modernidad/colonialidad y giro decolonial de América Latina.
El feminismo afrodescendiente, considera que las prácticas políticas y narrativas deben ser transformadas, por eso re imaginan las propuestas feministas y demandan que estas asuman la imbricación de los sistemas de dominación que interactúan sea el sexismo, el racismo, la colonialidad y el capitalismo.

Para ellas reconocerse como sujetas subalternas en la imbricación permitió interpelar el sujeto universal mujer en la región y contribuir al debate respecto a la modernidad occidental cuestionando sus valores, mirando el racismo, el etnocentrismo, el eurocentrismo y la heterosexualidad. (Curiel, 2014)
Un sujeto subalterno atravesado por la historia de las estructuras de dominación que se establecieron a partir de las experiencias de colonización, por lo que la clase, raza, sexualidad deben ser consideradas a partir de las experiencias concretas y situadas pero sin perder las condiciones materiales presentes. Es por ello que apuntan a la necesidad de descolonizar el pensamiento político, los cuerpos y la historia.

Cuestionan las categorías género y patriarcado, pero consideran que estas no necesariamente deben abandonarse, a la hora de realizar investigaciones y análisis feministas. Sino que deben ser redefinidos a partir de circunstancias concretas y contextualizadas y más allá de las dicotomías del dualismo, con el objetivo de que miren más allá de la opresión patriarcal a secas.
Las mujeres afroamericanas y negras, se enfrentan a las desigualdades que se entremezclan de manera indisoluble: el patriarcado, el capitalismo, empobrecimiento histórico, el racismo y las violencias que esto conlleva. Desde ahí reclaman su historia de resistencias y luchas, de sus saberes ancestrales en medicina, espiritualidad, cultura y defensa de los territorios. Saberes que sustentan la vida ante el violento proyecto civilizatorio impulsado por las élites blancas y las transnacionales, un modelo de desarrollo que depreda y sigue colonizando territorios, cuerpos y saberes. (Lozano, 2014: 348)

Feminismo indígena comunitario. Otros feminismos son posibles.
Una gran cantidad de mujeres indígenas, son en este momento las figuras visibles en las luchas de resistencia y defensa de sus territorios. Ante el embate de proyectos extractivistas, la privatización de sus tierras y la violencia histórica que han sufrido y resistido.
Desde el feminismo comunitario, cuestionan las relaciones de poder impuestas por el sistema patriarcal moderno, capitalista, racista y colonial, el discurso de la modernidad occidental que se asienta en otorgarle mayor valor a lo individual frente a lo colectivo, lo dicotómico frente a la dualidad que está presente en su cosmogonía y epistemes ancestrales. Repiensan su papel en la política de los estados nacionales y se asumen como sujetos políticos con una historia de colonialidad y violencia que los atraviesa.
El feminismo indígena comunitario, se cuestiona las relaciones patriarcales, racistas, clasistas y sexistas presentes en las sociedades latinoamericanas. Igualmente visualizan como dentro de sus propias comunidades se entremezclan diversas opresiones disfrazadas de costumbres y tradiciones.

Así mismo, interpela el feminismo eurocéntrico y blanco con el que “pretenden ser salvadas”, feminismo impuesto tanto por la institucionalidad del estado y como por parte de las agencias de cooperación internacional.
Buscan crear y desmitificar el esencialismo de la complementariedad de la cosmogonía indígena. Asumen la lucha para construir una nueva mirada feminista, en que lo complementario no sea jerárquico sino que sea horizontal y en reciprocidad.
Cuestionan profundamente las discriminaciones y violencias que enfrentan dentro de sus propias comunidades, con el objetivo de transformarlas. Una transformación que incluya tanto a hombres y mujeres. Porque en el feminismo comunitario indígena, la comunidad y lo colectivo es básico para lograr transformaciones internas y externas.

No rehúyen a denunciar la colonialidad el neo colonialismo, el capitalismo y el racismo con que históricamente, externa e internamente, han sometido y violentado a sus pueblos, pero al mismo tiempo, ponen atención en el patriarcado que se instaló y desarrolló a partir de la intrusión colonial europea que sobrevive en un contexto de colonialidad.
Las mujeres de los diferentes pueblos indígenas en su interpelación al estado, cuestionan sus políticas, y asumen el reconocimiento de la violencia que dejó la experiencia colonial. Violencia presente en sus cuerpos y en los territorios que habitan. También luchan por el reconocimiento de su autonomía como mujeres y como pueblos.

Desde ahí desde su propia historia y sitio en el mundo, que alzan la voz para que su cultura y sus conocimientos sean reconocidos. Y es que en sus demandas, muestran la necesidad de contrarrestar la violencia racista y segregacionista que todavía ejercen los estados contra sus pueblos. Desde ahí surge una propuesta de feminismo comunitario que suma esfuerzos en la decolonización del feminismo (Gargallo, 2012).
Las mujeres indígenas, según palabras de Lorena Cabnal, feminista comunitaria indígena de la etnia maya-xinka, aportan miradas que se hilan a partir de elementos desde la cosmogonía indígena, promoviendo […] la liberación de la opresión histórica contra los cuer­pos sexuados de mujeres y contra la opresión histórica capitalista de la naturaleza, pero a su vez evocan e in­vocan las resistencias y transgresiones ancestrales de las mujeres […]. (2010:24)

Reconocen un patriarcado pre-intrusión, de baja intensidad en las sociedades amerindias (Segato, 2011:32), que al tener contacto con el patriarcado colonial, provocó un entronque patriarcal (Paredes, 2014) que fue violento y letal y que sigue siéndolo, para las mujeres.
Los elementos de dominación masculina de las poblaciones indígenas se entremezclaron con el patriarcado occidental de manera brutal y de esta manera en un contexto de colonialidad, la sociedad “blanca-mestiza” y racista, se organizó de tal modo que la violencia y explotación en la actualidad siga recaiga en los hombros de las mujeres subalternizadas. Un sistema que históricamente ha sido construido y reproducido, con la violencia ejercida sobre el cuerpo de las mujeres.

El patriarcado, en ese contexto de colonialidad, capitalismo y racismo, es un sistema de muerte y depredación de la vida, incluye todas las opresiones, explotaciones, violencias, y discriminaciones que vive toda la naturaleza y toda la humanidad, incluyendo a las mujeres y hombres. Tanto las mujeres como los hombres están expuestos a la violencia y opresión patriarcal en diferentes grados y tipos, algunas de esas manifestaciones de violencia les son comunes y otras no, pero son siempre las mujeres quienes soportan en mayor grado las opresiones.
El concepto entronque patriarcal, también lleva a repensar el colonialismo interno presente en las sociedades latinoamericanas, que se reproducen el racismo interno.

Las mujeres feministas de América Latina, que habitan estados que tienen gobiernos que, como Bolivia y Ecuador, han cuestionado la colonialidad y la modernidad, consideran que esos procesos políticos no deben encausarse sólo hacia la decolonización de los pueblos, sino que estos procesos deben ser despatriarcalizadores. (Montanaro, 2017:106-107)
La despatriarcalización, un concepto elaborado por las feministas latinoamericanas, va de la mano de la propuesta decolonial feminista y es un elemento que asume la propuesta de decolonizar el entramado político institucional y discursivo en los estados de Bolivia y Ecuador los cuales han asumido un discurso de la decolonización estatal.

De esta manera, para hablar de despatriarcalización, debe al tiempo mismo tiempo reflexionarse sobre la colonialidad y con ello de la urgencia de nuevas miradas feministas decolonizadoras. Decolonización como horizonte político de nuevas gramáticas y narrativas, para combatir y resistir al sistema moderno patriarcal, capitalista, racista y colonial, que tanto aquí como allá y allá como aquí, permiten que el estado sea cómplice de la violencia atroz que sufrimos y enfrentamos las mujeres.
Las mujeres indígenas cuestionan ser parte de las políticas de desarrollo que impulsan los estados, los organismos internacionales y la cooperación internacional que tienen por objetivo “modernizarlas” con la retórica de los derechos humanos, el empoderamiento y el feminismo hegemónico eurocéntrico

El feminismo comunitario, considera que el feminismo no es un legado europeo, sino que lo definen como: “la lucha y la propuesta política de vida de cualquier mujer, en cualquier lugar del mundo, en cualquier etapa de la historia, que se haya rebelado ante el patriarcado que la oprime”. (Paredes, 2014:75)
Desde el feminismo comunitario, se reimaginan y crean nuevas relaciones de economía comunitaria, la solidaridad entre las mujeres, las relaciones cuerpo y territorio, el trabajo colectivo, el antimilitarismo en todas sus formas, la defensa de los territorios ancestrales y las luchas de resistencia por defender los recursos naturales frente al extractivismo impulsado por los estados y los grandes lobbies empresariales-políticos de las transnacionales.

Así desde diferentes formas de pensar, las feministas indígenas, recorren un camino para construir el buen vivir (concepto de los pueblos andinos) para las mujeres, como forma de vida colectiva e individual. Un buen vivir que incorpora el cuidado mutuo, el respeto a la madre tierra, la consecución y preservación de los bienes comunes.
Las mujeres feministas comunitarias, han emprendido diálogos con otras mujeres, con el propósito de comprender y compartir saberes, para impulsar mejores condiciones de vida que apunten al buen vivir de las mujeres.
Por eso para decolonizar el feminismo, se hace urgente escuchar y recuperar la memoria de las luchas de las mujeres indígenas. Incorporar al debate feminista sus voces, sus experiencias que crean y recrean, que cuestionan y critican las relaciones ancestrales en sus comunidades, desde praxis y teorías y nuevas epistemologías y cosmogonías apunten, tal y como lo dice Lorena Cabnal, “[…] a reinterpretar las realidades de la vida histórica cotidiana de las mujeres indígenas, dentro del mundo indígena” (2010:12).

Decolonizar para reelaborar la historia y la epistemología.
El feminismo decolonial, es una propuesta contrahegemónica y crítica, que relabora la historia de la modernidad occidental, que visualiza su eurocentrismo y racismo. Es un feminismo que se construye desde la periferia del conocimiento para crear otros criterios epistemológicos de validez y que desde una multiplicidad de manos se teje por quienes han sido tenidas y construidas desde la otredad.
Desde las voces y presencias del feminismo comunitario indígena, se construyen modernidades alternativas a la colonialidad y la victimización de las mujeres subalternizadas que hacen de ellas las representantes del feminismo blanco hegemónico y eurocentrado.
Son propuestas feministas, que van entrelazando respuestas, resistencias y luchas ante los patriarcados. Feminismos en donde lo colectivo, la comunidad y lo individual no están separados ni compartimentados, son luchas contra la violencia impuesta por las diversas formas de colonialidad. Dentro de esas luchas las mujeres subvierten las manifestaciones y opresiones a las que han sido sometidas.

En palabras de la compañera Everilda del movimiento zapatista, del Ejercito Zapatista de Liberación Nacional. “La lucha por los territorios, la lucha en defensa de su historia, en defensa de los recursos naturales no es una lucha sólo por las mujeres indígenas, sino para todos los pueblos indígenas y no indígenas”.
Algunas de las luchas de mujeres que rescato en esta ocasión son:
Mujeres zapatistas.
El movimiento zapatista ha tendido presente las demandas de las mujeres como parte fundamental a su programa revolucionario de transformación. Las mujeres tienen una gran visibilidad dentro del movimiento, donde han destacado la Comandanta Ramona y la Comandanta Susana.

Las mujeres del movimiento zapatista del Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN), en el sur de México, Chiapas, ellas elaboraron una serie de demandas que van desde la participación política revolucionaria hasta decidir el número de hijos e hijas que quieran tener.
Para las mujeres del EZLN, son necesarios los diálogos desde la diversidad de mujeres que habitan el continente para compartir saberes y aprendizajes. (Gargallo, 2014)

Coordinación Nacional de Mujeres Rurales e Indígenas de Paraguay. La lucha por la tierra y las semillas.
En esa misma línea de diálogos necesarios, rescato la experiencia de la Coordinación Nacional de Mujeres Rurales e Indígenas (CONAMURI) en Paraguay, organización política de mujeres que tiene por objetivo es buscar mejorar las condiciones de vida de las mujeres, para ello incorporar las cosmovisiones indígenas y el respeto hacia los pueblos originarios con el propósito de lograr la igualdad entre hombres y mujeres.

Esta organización lucha contra la discriminación y la explotación de género, etnia y clase. Igualmente promocionan la organización de mujeres, niños, niñas, jóvenes y grupos excluidos.
Defiende la soberanía alimentaria, frente al embate de la desposesión de los territorios, y cultivos transgénicos, en su lucha incorpora una visión que no excluye a los hombres, esto no obvia que ellas reflexionen y luchen contra las violencias de ese patriarcado producto de los procesos de la experiencia colonial.
En Paraguay hay un caso emblemático que se conoce como la Masacre de caso Curuguaty. En este caso 11 campesinos, acusados y juzgados, sufren en Paraguay una pena de prisión de carácter político.

Son las mujeres quienes han asumido las portavocías en la denuncia del caso de los presos políticos, sus compañeros, presos por defender junto a ellas, sus territorios, sus recursos naturales del embate de las transnacionales de cultivos transgénicos aliadas al poder político interno.
En Paraguay al igual que el resto de países latinoamericanos hay nuevas formas de control social, a través de mecanismos de persecución a la lucha popular a las personas defensoras de derechos humanos tal y como señala Perla Álvarez.

Las mujeres del Pueblo Mapuche
El pueblo Mapuche (Araucanía del sur Chile – Argentina) defiende ante el estado su derecho a existir como pueblo, en clara resistencia a la colonización interna que no le reconoce como tal su autonomía.
Estados que desde la visión capitalista/moderno/colonial no reconocen las diferencias culturales y los derechos políticos de todo un pueblo que sigue resistiendo a la colonialidad y a la modernidad occidental.
En la construcción de ese feminismo que incorpora nuevas voces y saberes es interesante reseñar al menos la experiencia de las mujeres del Pueblo Mapuche.

Ante los embates del capital transnacional, ha aumentado la violencia en contra de aquellas personas mapuches que defienden la tierra y sus cosmovisiones.
Si bien, dentro de las mujeres del pueblo mapuche el tema del feminismo aún se discute, son ellas las que tienen puestos de poder a lo interno de sus comunidades, y son ellas, las machis que asumen una lucha y resistencia contra una diversidad de violencias. Asumen de manera protagónica, la defensa de sus territorios, exponiendo su propio cuerpo a los embates de la colonización, el racismo y el capitalismo.

Las mujeres mapuches, desde sus propios contextos, historias, cosmovisión, saberes y sentires, han iniciado de manera más clara una discusión sobre sus derechos y reivindicaciones, dentro de ese contexto de múltiples violencias. Feminismo o no, no me atrevo a decirlo, pero con sus actuaciones y con sus posiciones políticas, sin lugar a dudas son mujeres valientes que luchan contra la opresión y saqueo de su pueblo.
El pueblo Lenca: Berta Cáceres
El feminicidio político de Berta Cáceres, ocurrido en Honduras en marzo de 2015, fue producto de la violencia que se ensaña contra las mujeres que asumen la voz y la defensa de los recursos naturales. Su asesinato puso en evidencia la manera en la forma en que la violencia feminicida se reproduce. Y es que la violencia feminicida va más allá de los asesinatos de las mujeres perpetrados por sus parejas o exparejas.

La violencia feminicida se ejerce también cuando el Estado, el poder económico, las transnacionales, el racismo y el patriarcado se alían para oprimir a los pueblos.
Berta Cárceres se asumía como mujer feminista, ella mujer indígena del pueblo Lenca, es un ejemplo de las luchas y resistencias al embate del patriarcado marcado por la colonialidad, la y el capitalismo neoliberal.
Los hombres y mujeres lencas, al igual que otros pueblos indígenas de América Latina, luchan y resisten al colonialismo, la violencia, al saqueo y la depredación de sus territorios y las injusticias.

Para este pueblo es fundamental la cercanía con la Madre Tierra. La misma Berta lo explicó así: “En nuestras cosmovisiones somos seres surgidos del agua, de la tierra, del maíz, en los ríos somos custodios ancestrales del pueblo Lenca, resguardados además por los espíritus de las niñas que nos enseñan que dar la vida de múltiples formas por la defensa de los ríos, es dar la vida por el bien de la humanidad y de este planeta”. (Fragmento del discurso de Berta Cáceres al recibir el Premio Ambiental Goldman en 2015).
La violencia que enfrentan quienes defienden la Pachamama de la depredación y la agresión constante ha ido en aumento en América Latina2 . Mientras unos pocos se enriquecen, se adueñan y destruyen el planeta; explotan territorios y poblaciones históricamente violentadas, quienes se enfrentan a los dueños del mundo corren peligro.

Estas siguen siendo expuestas a las más atroces formas de violencia, lo cual pone en evidencia que existen las guerras en contextos ficticios de paz.
La lucha de las mujeres como Berta Cáceres, es un ejemplo de resistencia al modelo económico capitalista y neoliberal que con su lógica patriarcal, colonial, racista, extractivista y depredadora, violenta la vida.
Su ejemplo de lucha, resistencia, insumisión y transgresión, nos lleva a confirmar que las luchas feministas son múltiples, que se dan desde diferentes sitios, que en ellas pueden usarse diferentes narrativas.

Las luchas de las mujeres desde miradas feministas distintas, los feminismos decoloniales, buscan crear alternativas a las imposiciones culturales, económicas y políticas, y un constante diálogo, buscan revertir la violencia a la que han estado sometidas.
Es necesario volver la mirada y darle una nueva visión a las cartografías de las praxis feministas del norte y eurocentristas. Cuestionar el racismo y la retórica salvacionista. Reflexionar y aprender desde nuevos paradigmas y epistemologías, para poder mirar y construir de manera horizontal.
Requerimos que desarrollar críticas aún más fuertes al capitalismo y sus valores, a la modernidad, al patriarcado en ese contexto de racismo y colonialidad.

Hay mucho que aprender de estas experiencias, desde los diálogos horizontales, desde la escucha respetuosa para abrir caminos y nuevos tejidos de múltiples colores para desarrollar pensamientos alternativos que rompan con el patriarcado, la colonialidad, el racismo, el capitalismo. Feminismos que incorporen otras miradas y otros saberes, pero en igualdad y sin menosprecio; para que todos y todas, podamos tener acceso a vidas plenas y porque no, también felices.
Es necesario y urgente construir nuevos horizontes políticos y epistémicos feministas, que trasciendan la modernidad occidental, la colonialidad, el racismo, el colonialismo, el patriarcado y el capitalismo.
Que en esos diálogos no se renuncie a lo positivo que nos ha legado la modernidad, pero que seamos críticas con su legado violento racista y colonial. No partiendo desde planteamientos meramente esencialistas, sino asumiendo y construyendo posiciones críticas y con otras miradas,

Diálogos para reconocernos en la horizontalidad. Que posibiliten trascender las cartografías y mapas de poder, para aprender de aquellas mujeres que han sido construidas, como las otras del feminismo.
Las luchas feministas pueden, y deben, tejerse en diversidad, con hilos de diferentes colores, con telares que incorporen la multiplicidad de hilos para trenzar todas las voces y todos los saberes. Mirar a los sures, aprender de ellos.
Sólo así tendremos la posibilidad de tejer desde la diversidad, los lazos sociales y comunitarios para sostener la vida y desechar la violencia que se inscribe en nuestros cuerpos e historias, pero mirándonos a los ojos. Hay una necesidad ética y política que nos lo demanda en este momento la historia.

Referencias bibliográficas

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