VII ENCUENTRO DE REDES CRISTIANAS
23 y 24 de octubre de 2021

 

Canal Solidario

Su trabajo en pro de los derechos de las afganas se ganó las antipatías de los grupos mujaidines. Cuatro años después de la aprobación de la nueva Constitución, en Afganistán las mujeres siguen con miedo. Zakia Zaki era una de las figuras más emblemáticas del periodismo independiente afgano. Directora de Radio Paz en el nordeste del país desde su creación en 2001, tras la caída de los talibanes, Zaki dirigía, también, una escuela para niñas en Jabulssaraj.

El Gobierno afgano ha abierto una investigación sobre el asesinato de la periodista y aún se desconoce la identidad de los agresores que, según la policía del país, entraron en la madrugada del 5 al 6 de junio en el domicilio de la reportera y efectuaron varios disparos contra ella, causándole la muerte.

La Asociación Reporteros Sin Fronteras (RSF) ha exigido responsabilidades ante el asesinato de esta periodista que ha calificado de “ejemplar”. “Este bárbaro acto está relacionado con el trabajo periodístico y con los compromisos cívicos de Zakia Zaki, por eso, es imperativo que se identifique y se castigue cuanto antes a los autores del crimen”, afirman desde la organización. “Pedimos al presidente Hamid Karzai que facilite todos los medios para que se lleve a cabo la investigación, y no se desprecie ninguna hipótesis”, añade la organización en un comunicado.

La directora de Radio Voz, la única emisora independiente de la provincia de Parwan, había denunciado en varias ocasiones que recibía amenazas de muerte de varios jefes mujaidines, sobre todo tras las críticas contra los talibanes y la defensa de la emancipación femenina que había realizado en varios programas.

“A pesar de las amenazas y la oposición con la que se encontraba, los jefes locales de Jamiat-e-islami le llegaron a prohibir entrevistar a mujeres por la calle para sus programas, ella seguía trabajando y luchando a favor de las libertades”, afirman desde Reporteros Sin Fronteras.

La periodista, que fue también miembro de la Asamblea Constituyente del país en 2003, se convirtió en la principal adversaria de Samia Sadat en las elecciones legislativas de 2005. La periodista y Sadat llegaron a enfrentarse en varias ocasiones ya que ésta última intentó que cerrasen Radio Paz, por considerarla un instrumento de propaganda al servicio de sus adversarios políticos.

Zakia no era la única persona del equipo de la radio frecuentemente acosada. Uno de los periodistas que participaban en los programas sobre derechos humanos, educación y emancipación de las mujeres de la emisora, Abdul Qudoos, pasó un año en la cárcel, acusado de ‘traición’ por varios diputados del país.

Miedo a salir de casa

El asesinato de Zakia se produce tan sólo una semana después de conocerse la noticia de la muerte a tiros de otra mujer, Sanga Amach, también periodista. Sanga, presentadora de un canal privado de televisión, fue alcanzada por hombres armados frente a su casa de Kabul el pasado 31 de mayo. Como en el caso de Zakia Zaki, Sanga Amach también había sido amenazada de muerte en varias ocasiones antes de su asesinato.

En el año 2001, el gobierno talibán cayó tras la intervención estadounidense en el país y en 2003 Afganistán aprobó una nueva Constitución que establece la igualdad ante la ley de hombres y mujeres. Pero en la práctica esta igualdad aún está lejos de cumplirse.

Human Rights Watch, por ejemplo, ha hecho en varias ocasiones llamamientos a la comunidad internacional para que trabaje para mejorar la seguridad de las mujeres en el país. “Decenas de miles de afganas no se sienten lo suficientemente seguras como para vivir con normalidad y hacer cosas cotidianas como ir a la escuela, al centro de salud o al supermercado”.

Desde la ASDHA (Asociación para los Derechos Humanos en Afganistán) señalan que “se ha restablecido el derecho a la educación y la asistencia sanitaria pero la posibilidad de que una mujer pueda ir a la escuela, a la universidad o al médico todavía depende de la voluntad del padre, el hermano o el marido. Asimismo, hasta la fecha no se ha creado en Afganistán ninguna institución en la que las mujeres puedan denunciar violaciones de derechos humanos y durante el pasado año 2006 el Gobierno incluso planteó la posibilidad de eliminar el Ministerio de Asuntos de la Mujer, la única cartera dirigida las mujeres en el país”.

El AWEC (Afgan Women’s Education Center) también alerta que los problemas de seguridad que afronta la mujer en el país se están incrementando y pide a la comunidad internacional que “no se olvide de las mujeres afganas”.

Mujeres afganas en movimiento

A pesar de todo, muchas mujeres afganas se esfuerzan por reivindicar sus derechos y tener un clima de normalidad en su país. AWEC, una de las entidades afganas más progresistas, es un buen ejemplo de ello. Su trabajo con mujeres encarceladas por delitos ‘morales’ ha tenido gran repercusión en todo el mundo.

Pero hay otras asociaciones de mujeres que también destacan por su labor formativa o asistencial. La Red de Mujeres Afganas, por ejemplo, trabaja en la educación y en el fomento de la emancipación femenina y Hawca (Humanitarian Assistance for the Women and Children of Afganisthan), cuenta con una de la tres únicas casa de acogida para mujeres maltratadas que hay en la zona.

Hay otras asociaciones que para garantizar su seguridad tienen que actuar de forma sumergida. Éste es el caso de Rawa (Asociación Revolucionaria de Mujeres de Afganistán). En esta agrupación, en la que también colaboran hombres, trabajan a favor de la elección libre de credo y de la separación entre religión y Estado. Sus miembros organizan clases de alfabetización para mujeres y niñas y procuran facilitar equipos sanitarios gratuitos a las mujeres de Afganistán y Pakistán.

Solidaridad desde España

También desde el Estado español varias organizaciones trabajan a favor de los derechos de las mujeres afganas. Una de las agrupaciones más activas es la ASDHA que, a través de su página web promueve publicaciones y actividades dirigidas a mostrar el drama de la mujer en ese país.

Otra ONG, la ACAF (Asociación de Cooperación para Afganistán) se ocupa de los casos de mujeres afganas que se autoinmolan con fuego.

   
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